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¿Se rinde Wall Street ante el Bitcoin?

Lo que ocurre es que cada vez son mayores las expectativas de futuro de las criptodivisas

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Como bien sabemos, fue posible, según la Biblia, que David, sin ningún arma de determinada potencia o “agudeza para hacer daño”, consiguió vencer, por sí solo, a Goliat, en cierta batalla de filisteos. Pero aquí la cuestión es que, una vez más, esto se ha vuelto a reproducir en la vida real, y sí, en materia tecnológica.

Ya dijimos en su momento, con cierto convencimiento (u optimismo, si este es el término más preciso), que las llamadas soluciones de open source y de software libre no estaban condenadas al más absoluto, sino todo lo contrario, siendo prueba de ello las “últimas asunciones” de Redmond y la configuración de la mayoría de servidores en el globo.

Lo mismo podemos decir sobre las cadenas de bloques (el llamado blockchain), no solo en materia monetaria, por cuanto este paradigma también se aplica a otros sectores de actividad, habiendo ya proyectos para, por ejemplo, la coordinación de consultas de emergencia sanitaria o la gestión de peajes de autopista.

De todos modos, aquí la cuestión es que una de sus aplicaciones más famosas (últimamente con cierta relevancia en la prensa y en la lista general de trending topics de Twitter), la criptomoneda Bitcoin, parece convertirse en un fenómeno que tienen que asumir en el llamado Big Banking.

Goldman Sachs no excluirá a Bitcoin del mercado de divisas

Ya entrados en la segunda quincena del pasado mes de febrero, la tendencia alcista de valor del bitcoin (BTC) sufrió una pequeña caída que la alejó del máximo de las cincuenta unidades de millar de dólares. Pero esto no ha sido, bajo cierta perspectiva, nada distinto a un anécdota, a una “variación esporádica y puntual”.

En el primer lunes del presente mes de marzo, según Cointelegraph, se reprodujo un nuevo estímulo de optimismo psicológico entre los inversores de estas criptodivisas por cuanto el mercado encontró su momento alcista y las monedas alternativas “volvieron a levantarse”.

Prueba de lo anterior sería también el hecho de que el BTC volviese a experimentar un incremento que la llevase a esos niveles pretéritos previamente destacados (para bien), siendo la variación porcentual, en términos positivos, de un 16.6 %, partiendo de su mínimo de $43,505 a día 28 de febrero.

Y quizá ante estos buenos datos, “de repente”, Goldman Sachs, una de las entidades bancarias comerciales (otrora financieras, hasta que la crisis económica de 2018, fruto de la expansión artificial de crédito, le llevó a pedir autorización a la Reserva Federal para cambiar su categoría de servicios) de Wall Street, ha decidido reconsiderar las “criptos”.

Así, ya habrían empezado a volver a poner en funcionamiento su servicio de trading con criptodivisas, que permitirán hacer transacciones sobre contratos futuros y otros productos no tangibles con BTCs. Esto arrancó, en verdad, en diciembre de 2017, pero por entonces, el valor del bitcoin no atravesaba sus mejores momentos, según Peter Brandt.

En sí, el Bitcoin, no gusta mucho en Wall Street

Es cierto que, pese a su paradigma descentralizado (en efecto, muy antitético con respecto a la tendencia estatista generalizada, no revertida por los agentes a mencionar), determinadas instituciones que contribuyen al aumento de la deuda, la expansión de la presión burocrática y la inflación se han interesado en el blockchain.

Por ejemplo, ya antes del año 2020, la Comisión Europea trabajaba en una estrategia pro blockchain que financiaría determinados proyectos basados en este paradigma tecnológico, promovería ciertos estándares y estudiaría su uso en la administración “paneuropea” (quizá “comunitaria” suene mejor).

Del mismo modo, determinadas instituciones financieras de banca central estarían trabajando en la digitalización de los medios de cambio que emiten. Esto ocurre con el Banco Central Europeo, la Reserva Federal americano, el Riksbank sueco y el Banco Popular de China.

Pero digitalizar no implica cambiar de paradigma operativo de fondo, sino incorporar su prestación de servicios al cada vez más desarrollado ecosistema digital. La emisión de monedas seguiría dependiendo de los servidores de las infraestructuras IT de esos bancos centrales (no habría una amplia red de nodos dispersa por un entorno “amplio”).

De hecho, la emergencia de criptodivisas siempre les acarreó quebraderos de cabeza. Ante ello, se han barajado planes de acción basados en el férreo control (no solo en los sistemas con eminentemente ínfima libertad económica) de la posesión y uso transaccional de medio de cambio como el Bitcoin.

En principio, suele ponerse el pretexto de la “necesidad de prevenir el fraude” (no necesariamente fiscal, sino también acciones que igual podrían ser factibles por cuanto se perpetran ataques de seguridad informática en tanto que los ciberdelincuentes están cada vez más expectantes ante la existencia de brechas de seguridad).

Pero también es cierto que el valor de criptodivisas como el BTC no se define por parte de una sola persona en un punto central o superior (como suele ocurrir con el fiat money, siendo habitual en estos tiempos que bajen los tipos de interés demasiado y aumentan, con criterios políticos, las unidades artificiales de pago en circulación, sin valor real).

Su precio viene a determinarse por medio del proceso ordenadamente espontáneo basado en leyes naturales de oferta y demanda, gracias a quienes participan en las operaciones de compra y venta (los usuarios), influyendo otros factores como las transacciones que se hagan en ese momento.

De hecho, en las transacciones participan los llamados mineros de criptodivisas, cuyas labores de validación no son estrictamente unipersonales, ya que tiene que ser una red de nodos la que tenga que consensuar la aprobación, la cual daría por finalizada la correspondiente transferencia monetaria.

Con lo cual, como se puede ver, el valor no depende de una única entidad. Y esto tampoco agrada a las grandes corporaciones financieras, que habitualmente participan en el llamado capitalismo de amiguetes, aparte de no desaprobar el actual y hegemónico sistema fraudulento de reserva fraccionaria.

Es más, la digitalización del dinero que les interesa se centra más en suprimir, sin más, el dinero en metálico. Pero no sería por evitar contagios (la crisis del coronavirus puede ayudar a mentalizar sobre esto a la población), sino para evitar que una proporción más ínfima de dinero se escape del control estatal.

Por esta línea van, a mi modo de ver, las fusiones bancarias que se ponen sobre la mesa en el continente europeo. Nada que ver con meros acuerdos voluntarios esperables en un libre mercado (de hecho, suelen “meter el dedo en la llaga” las autoridades eurocráticas), sino con el hecho de que una gran competencia bancaria complica oligopolios y controles.

Básicamente, la realidad y las fuerzas espontáneas acaban imponiéndose

Tras todo lo expuesto en la anterior sección, uno podría no entender entonces por qué una entidad de un tinglado más bien aliado de los escépticos de las criptodivisas de gestión no centralizada ha asumido este denostado medio de cambio ¡Ojo! Nadie dice que hayan cambiado sus criterios de cosmovisión en materia política-económica.

Lo que ocurre es que cada vez son mayores las expectativas de futuro de las criptodivisas (no solo del bitcoin), ante lo cual tendrán que adaptarse otros agentes participantes en el mercado (como ocurre con la digitalización en sí, o con el taxi ante el fenómeno de la “economía colaborativa”).

De hecho, es probable que algún día, en un plazo no demasiado largo, roce el millón de dólares. Recordemos la sugestiva puja del CEO y fundador de Tesla, Elon Musk, de 1.5 millardos de dólares, hecha recientemente (sin destino a fines de investigación y desarrollo, sino al tesoro corporativo).

En cualquier caso, ya finalizando, recordemos que las torres más altas han caído y seguirán cayendo. Lo hemos visto con las acciones de GameStop a raíz de las acciones de pequeños usuarios de Reddit. Y hemos de ver esto con buen ojo, por cuanto las criptos pueden desafiar el intervencionismo y salvar nuestras “propiedades dinerarias”.

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