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¿Se salvará Colombia del chavismo?

Colombia, El American

El exterrorista del M-19 Gustavo Petro y el empresario —difícil de definir ideológicamente— Rodolfo Hernández, fueron los candidatos más votados en las presidenciales colombianas. Se enfrentarán en segunda vuelta el próximo domingo 19.

Petro, candidato del Pacto Histórico, superó por poco el 40 % del electorado. Hernández, de la Liga de Gobernantes, alcanzó el 29 %. Apodado “Rodolfito, el ingeniero”, es un independiente, aunque hasta 2015 integró el Partido Liberal. Confirmado el resultado, agradeció el apoyo inmediato de “Fico” Gutiérrez, tercero con el 24 %, pero rechazó cualquier alianza. “Necesitamos votos, recibo los votos, pero no cambio mi discurso“. Se desmarcó así de la acusación que lo define como postulante de la “derecha”. 

Un término que como “izquierda” dice ya poco y nada. La verdadera división ideológica es entre quienes defienden la libertad democrática y los totalitarios. Allí si hay modelos de vida opuestos.

“Todos los días —afirmó Hernández— me dirán algo diferente… quién sabe lo qué van a inventar. Olvídense de esos cuentos, soy un colombiano como ustedes, una persona trabajadora que ha generado su propia fortuna, y esto me da la libertad de decir lo que quiero”. En la recta final sorprendió con un notable crecimiento. Su bandera es la lucha contra la corrupción y la austeridad.

Un candidato atípico

Es ingeniero civil. En 1971 desarrolló proyectos de vivienda y luego fundó su constructora HG. Finalmente, se interesó en proyectos regionales de desarrollo urbano, específicamente en Bucaramanga. Su campaña enfatiza la imagen de empresario exitoso, que puede transformar Colombia. Apoya el fin del servicio militar obligatorio y las negociaciones de paz con la guerrilla del Ejército de Liberación Nacional (ELN).

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Este campo es un campo de validación y debe quedar sin cambios.

Además de los desafíos económicos, el próximo presidente tendrá que enfrentar una compleja situación de seguridad y corrupción. La lucha contra la pobreza retrocedió una década debido a la pandemia. Según la Cruz Roja, se alcanzó el mayor nivel de violencia de los últimos cinco años. Aunque el acuerdo de paz con las FARC se aplicó, los territorios y rutas de narcotráfico que controlaba la guerrilla están ahora en disputa entre el ELN y el Clan del Golfo.

“Rodolfito” no está libre de polémicas. Tiene un estilo directo y a veces agresivo. Cuando fue alcalde de Bucaramanga lo suspendieron por pegarle a un concejal. Algunas de sus opiniones son machistas y su formación no parece demasiado sólida. El candidato afirmó que las acusaciones son infundadas, maniobras de opositores.

Reconoce que tanto él como Petro fueron electos por representar un cambio, pero cuestiona a la izquierda. “Cada uno tiene su visión del cambio”. Y subrayó luego: “Cambiar no es poner a Benedetti, Roy Barreras y Piedad Córdoba”. Esta última, senadora petrista, fue detenida en el aeropuerto de Honduras intentando volar con U$S 68,000 escondidos en su sombrero.

“Hoy perdieron las gavillas que creían que serían gobierno eternamente” declaró Hernández, al confirmar su pasaje a la segunda vuelta. Durante meses aumentó sus mensajes en TikTok, en lugar de realizar giras. Logró sintonizar con el pueblo con propuestas claras, en particular liquidar la corrupción, el problema más importante para los colombianos. Fue coherente con el mensaje y al final caló fuerte. Logró además desmarcarse de la clase política tradicional, mediante un discurso contra las élites y el aparato partidario. Óscar Jair, su jefe de campaña, afirmó que ahora la estrategia cambió, pues debe recorrer el país personalmente y hablar con la gente.

El lógico temor a Petro 

En el final de la campaña influyeron los ciudadanos que vieron a “Fico” con menores posibilidades de vencer a Petro en la segunda vuelta. Aunque no es un hecho automático, la mayor cercanía entre los candidatos opuestos a Petro favorece el objetivo del ingeniero. Intenta alcanzar los 12 millones de votos, una victoria contundente. Pero en dos semanas pueden ocurrir muchas cosas y la decisión del ciudadano es personal.

Hay un país que busca un cambio hacia políticas sociales y honestidad, y simultáneamente teme al trágico modelo chavista.

Por un lado, Petro ha sido escudriñado y se sabe todo sobre él. Por el otro a Hernández se lo conoce poco. En este breve lapso debe ser visto como una opción seria de cambio. Es difícil definir la postura política de Hernández como conservadora, sus propuestas no lo son, defiende reformas fuertes, y si uno analiza los programas hay varias coincidencias entre ambos. Independiente del resultado, el próximo presidente deberá enfrentar un congreso fragmentado, obligándolo a negociar para poder concretar sus propuestas.

Petro ha pasado toda la campaña intentando distanciarse de su propia trayectoria. Ahora no es comunista ni chavista y rechaza la violencia. Se opone a las expropiaciones. Intenta dar una imagen de socialdemócrata al estilo la chilena Michelle Bachelet. Pero es poco creíble. En campaña dijo que volvería a Bogotá, la ciudad más roja, rojita de América; y no es porque quiere pintarla de ese color.

El problema de este senador, reconocido por su capacidad, es el temor de que su objetivo real sea implantar una dictadura similar a Cuba o Venezuela. Y este riesgo, para una nación que ve de tan cerca la tragedia chavista, es una barrera infranqueable.

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