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atavismos ancestrales, El American

El socialismo, un maligno llamado de nuestros peores atavismos ancestrales

Nuestra libertad, amenazada siempre por ese “salvaje interior” que todos tenemos en lo más oscuro de nuestra naturaleza al final depende de nuestras creencias más básicas acerca de lo que está bien y lo que no

Una de mis principales líneas de investigación es el estudio de atavismos ancestrales, como la envidia, xenofobia y colectivismo moral, que son remanentes del orden social más primitivo de nuestra especie, aquel mediante el que nuestros lejanos antepasados sobrevivieron en pequeños grupos aislados en la más absoluta miseria material y moral por más de 100 mil años; y del que evolucionaron —sin abandonarlo por completo— por efecto de la acción aunque no de la voluntad de individuos que en los últimos 10 mil años —más o menos— introdujeron ciertos cambios en la conducta humana de los que evolucionó la civilización a gran escala que hizo posible la prosperidad y el progreso material y moral. 

En lo personal siempre he temido la influencia inevitable de esos atavismos sobre nosotros, están ahí, en nuestros instintos y anhelos primitivos cumpliendo incluso una función todavía necesaria en el orden social civilizado, pero no dejan de ser una enorme amenaza para cada hombre civilizado y para la civilización misma, porque es muy fácil que se salgan de los estrechos límites en que cumplen esa función virtuosa en el orden moral de la civilización y amenacen seriamente el equilibrio emocional y moral de los individuos, y a la propia sociedad civilizada que ha alcanzado la libertad y la prosperidad en grados hasta hace poco simplemente inimaginables. 

Ahora bien, la economía es una ciencia que estudia fines y medios subjetivos mediante el valor marginal, no le corresponde al economista determinar el por qué de las creencias y valores en que se fundan las escalas individuales de fines, pero sí ver que hay creencias cuyo efecto sobre el sistema de mercado y un orden de libertades es profundamente destructivo, y en ese sentido, la  metodología propia de la Escuela Austriaca es la que resulta más adecuada para rastrear y conjeturar la evolución de nuestras instituciones hasta sus raíces instintivas más primitivas y así poder comprender cómo esas raíces primitivas siguen influyendo sobre nuestras preferencias subjetivas al momento de actuar. 

La acción humana es sin duda alguna un presupuesto irreductible, pero eso no nos excusa de comprender cada vez mejor la forma en que los individuos determinan sus escalas de fines a la luz de la evolución de instituciones como la moral, el lenguaje y el derecho. Al final el orden espontáneo de la propia sociedad únicamente puede explicarse como un conjunto de sistemas institucionales interdependientes que co-evolucionan por selección adaptativa a través de la intersubjetividad en infinidad de acciones individuales. Si algo distingue a la Escuela Austríaca es su combinación teórica de subjetivismo y orden espontáneo desde que Menger explicara al dinero como una institución social producto de la acción pero no de la voluntad humana consciente. 

En cierto sentido, la Escuela Austríaca, como paradigma dentro de la ciencia económica, se ha circunscrito principalmente a la teoría del orden espontáneo de las instituciones sociales, aplicándolo a muy diferentes aspectos y escenarios del proceso social a lo largo del tiempo. Por ello entre sus líneas de investigación me permito enlistar a título de ejemplo y sin carácter exhaustivo:

  • La teoría de la imposibilidad del socialismo en una teoría general de la coacción institucional y sus efectos sobre la coordinación económica.
  • La teoría dinámica de la formación de precios en el proceso secuencial intersubjetivo real e incluso la teorización sobre los emergentes intersubjetivos que operan como agregadores y sintetizadores de información sin ser precios propiamente.
  • La teoría dinámica de la competencia y el monopolio adecuadamente relacionada el estudio del intervencionismo a la luz de la teoría de la coacción institucional.
  • La teoría austriaca de la estructura dinámica del capital por etapas en el tiempo y el interés como emergente intersubjetivo en que la preferencia temporal y el riesgo equilibrarían dinámicamente el ahorro y la inversión.
  • La teoría de los desajustes entre la economía real y la monetaria a la luz de la teoría austriaca del capital y el interés, principalmente la teoría austriaca del ciclo económico actualizada a condiciones monetarias presentes.
  • La teoría del crecimiento y desarrollo a la luz de la dinámica empresarial creativa y sus  condicionantes institucionales a la luz del Orden Espontáneo.
  • El análisis evolutivo del derecho y la teoría política ampliamente adelantado por Hayek y Cubedu, entre otros.
  • El análisis teórico de la justicia y la ética social a la luz de la evolución espontánea de la moral en el orden espontáneo.
  • La antropología del agente actuante desde los estudios de la función empresarial basada en el descubrimiento de Kirzner hasta la teoría del orden sensorial de Hayek y todo lo que pueda ampliar la comprensión del axioma fundamental de la acción humana.

En última instancia la Escuela Austriaca define a la sociedad como un proceso, y es ese proceso el que pretende estudiar a la luz de la intersubjetividad que descubre mediante el individualismo metodológico. Nuestra libertad, amenazada siempre por ese “salvaje interior” que todos tenemos en lo más oscuro de nuestra naturaleza al final depende de nuestras creencias más básicas acerca de lo que está bien y lo que no, y eso condiciona más que cualquier otra cosa tanto la formación de nuestras escalas subjetivas de fines como la selección de medios para perseguirlos. Además determina el proceso intersubjetivo que conduce a la civilización de la libertad, o a la barbarie del socialismo. 

La Escuela Austríaca se distingue por su comprensión del orden espontáneo intersubjetivo que por la acción, mas no la voluntad de los hombres, nos trajo a las puertas del fin de la pobreza para toda la  humanidad y a la esperanza futura de una humanidad, libre, próspera y numerosa como jamás habíamos podido siquiera imaginar. 

Es una realidad presente y una esperanza futura amenazadas por la ideas equivocadas e incluso malignas del socialismo, ideas indiscutiblemente ancladas en peligrosos atavismos ancestrales que pueden destruirlo todo y hundirnos en el infierno en la tierra.

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