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Steven Crowder se disfrazó de “activista del orgullo gordo” y dio una charla en una universidad donde fue ovacionado por progresistas

Crowder desenmascaró el peligro que representa el movimiento que busca normalizar la obesidad y dejó en evidencia el decaimiento de las instituciones académicas

El afamado comentarista político y conservador, Steven Crowder, fue artífice de una jugada maestra para desenmascarar y dejar en evidencia la decadencia de las instituciones académicas.

Crowder, quien tiene millones de seguidores en sus redes sociales, criticó severamente al “movimiento fat pride” (orgullo gordo) con una broma que pasó desaperciba en una charla académica organizada por la longeva Universidad de Massey (Nueva Zelanda), fundada en 1927.

El comentarista organizó una producción audiovisual que consistió en inventar un personaje femenino, Sea Matheson –una “académica independiente y activista del orgullo gordo” de Austin, Texas– quien escribió un artículo titulado Embracing Fatness as Self-Care in the Era of Trump (Abrazando la gordura como autocuidado en la era de Trump) y consiguió una charla sobre el mismo en una conferencia académica anual dedicada a la aceptación de la obesidad en la universidad neozelandesa de Massey.

Para ello, Steven Crowder no solo creó un perfil en Internet, sino que se disfrazó de una mujer obesa, usando maquillaje completo y prótesis, y preparó una historia exagerada del porqué su personaje, Matheson, decidió convertirse en una mujer obesa como una forma de autodefensa.

En el inicio charla, que fue realizada en 2020 pero publicada una semana atrás en el canal de YouTube de Steven Crowder, el personaje Matheson se presentó como no binaria y obesa cuyo activismo en el pasado incluye la organización de la Marcha de las Mujeres, la Marcha por Nuestras Vidas y las Huelgas Climáticas Globales en Austin. Al inicio criticó al expresidente de Estados Unidos, Donald Trump.

“Debido a la intolerancia de nuestro actual líder: la gordura actúa como un mecanismo de distanciamiento del presidente, así como de sus partidarios, produciendo un espacio tanto físico como ideológico que puede aislar al individuo de la ideología intolerante, fanatizada o violenta”, dijo Crowder como Matheson. “Es ampliamente reconocido, por supuesto, que la elección de 2016 del presidente Donald Trump tuvo evidentes actitudes racistas, xenófobas, homófobas y transfóbicas subyacentes de Estados Unidos”.

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Para mostrar a Trump como un “gordofóbico”, Steven Crowder como Matheson recordó que el expresidente americano llamó “gordo y bajito” a Kim Jong-un, dictador norcoreano, “afectando” la política exterior de Estados Unidos.

Para justificar su estado de peso inventado, Matheson dijo que de pequeña había sufrido un acoso sexual que incluyó un manoseo y por eso decidió ganar peso, para así evitar futuras agresiones similares ya que estando obesa sería “más difícil” que alguien toque sus genitales.

“Abrazando una identidad gorda, asegurándose de que uno ya es percibido como un individuo gordo, estas acciones se convierten en actos de resistencia”, afirmó orgullosa Sea Matheson durante la presentación.



Captura de pantalla del vídeo publicado en el canal de Steven Crowder. Esta escena es parte del cambio de imagen que hizo el comentarista conservador para crear el persona de Sea Matheson.

Steven Crowder como Matheson no solo fue bienvenido, también recibió elogios   

Ya es bastante surrealista que una universidad, longeva e importante, haya abierto sus puertas a un personaje que fue creado satíricamente para criticar un movimiento que busca aceptar una condición física que hace daño a las personas: la obesidad. Sin embargo, Steven Crowder no solo fue aceptado y bienvenido para dar una charla con los brazos abiertos, sino que fue elogiado por intelectuales progresistas que presenciaron su conferencia, tal y como mostró en el vídeo publicado de más de 17 minutos.

“Hiciste un gran trabajo presentando la gordofobia de Trump, y cómo la gordofobia ha sido promovida tanto por sus partidarios como por sus detractores”, rezaba uno de los mensajes recibidos por Steven Crowder.

“Abrazar la gordura es un acto de resistencia y puede ser parte de cómo luchamos contra la cultura de la violación”, decía otro.

El comentarista Steven Crowder se disfrazó de 'activista del orgullo gordo' para exponer la decadencia de las instituciones académicas occidentales
Mensajes recibidos y publicados por el propio Crowder. (Captura de pantalla)

Estos mensajes por parte de quienes presenciaron la charla de Steven Crowder son tremendamente preocupantes.


Con la normalización de la obesidad se está incentivando a que las personas olviden los riesgos que implica no tener un cuerpo sano. Es decir, a que las personas contraigan o sufran enfermedades que les afecten física y emocionalmente acortando considerablemente sus expectativas de vida.

De acuerdo con los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC), a medida que aumenta el peso hasta alcanzar los niveles de sobrepeso y obesidad, crecen los riesgos de sufrir enfermedades o afecciones como diabetes tipo 2, cáncer (de endometrio, de mama y de colon), hipertensión (presión arterial alta) dislipidemia, accidentes cerebrovasculares, entre otros.

De hecho, en la página de los CDC se lee: “El sobrepeso y la obesidad se asocia con al menos 13 tipos distintos de cáncer. Estos tipos de cáncer componen el 40 % de todos los casos de cáncer diagnosticados”. De esos casos, “cerca de 2 de cada 3 son en adultos de 50 a 74 años” y, además, “aumentó la cantidad de casos de la mayoría de estos tipos de cáncer asociados con el sobrepeso y la obesidad entre el 2005 y el 2014”.

Hay otra cifra alarmante, según los CDC: “Más de la mitad de las personas en los Estados Unidos no sabe que el sobrepeso y la obesidad pueden aumentar el riesgo de tener cáncer”.

Es aquí donde el “movimiento fat pride” hace daño a la sociedad y a las personas, pues al normalizar el sobrepeso, de alguna manera, se incentiva a que la gente crea que está bien tener cuerpos que no están sanos y no hacer nada al respecto para mejorar su salud. Con ello, directamente, ponen no solo en riesgo la vida de los demás, sino la de ellos mismos, tal y como tristemente le sucedió a la académica y activista del orgullo gordo Cat Pausé, quien, a sus jóvenes 30 años, murió mientras dormía de forma natural, según sus familiares.

Pausé era, por cierto, investigadora de la propia Universidad de Massey que Crowder logró burlar. Allí dedicó parte de sus “estudios” para luchar contra la supuesta estigmatización de la obesidad en la sociedad y la medicina, sacrificando su propia salud y, eventualmente, su vida.

Por supuesto, cada quién es libre de elegir qué hacer con su cuerpo, pero promover la aceptación de una condición médica que pueda dañar considerablemente la vida de millones de personas es, cuanto menos, irresponsable.

Allí está el principal valor del trabajo de Steven Crowder: desenmascarar lo absurdo y el peligro que representa el movimiento que busca normalizar la obesidad y exponer el decaimiento de las instituciones académicas y las universidades, que aceptan sin reparo este tipo ideas, incluso sin verificar la identidad de sus ponentes.

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