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¿Por qué Suiza es una de las naciones con mayor estabilidad política del mundo?

Suiza protege con inteligencia y eficacia su condición de oasis de paz y libertad

Suiza es un Estado federal, conocido por su posición neutral ante los conflictos, su estabilidad democrática y su alto nivel de vida. La banca se considera la más segura y discreta del mundo, esto hace que ingresen a la nación miles de millones en depósitos, de orígenes muy diversos. Suiza no pregunta demasiado, y muchas fortunas sin herederos han pasado finalmente a las arcas del Estado. Este hecho, la prosperidad, el turismo, sus tradicionales productos, que son ya un símbolo del país —relojes, navajas, chocolate y quesos— y la paz interior han hecho del país un lugar soñado para vivir o visitar. Con una inflación mínima, Suiza es la economía número 18 por su PBI y el cuarto país más rico del mundo.

Sin salida al mar, en el centro del continente, con 8.6 millones de habitantes y una superficie de 41,300 km2 Suiza es una federación de 26 cantones. Posee cuatro idiomas oficiales: francés, italiano, alemán y romanche. Berna es la sede del Gobierno federal, mientras sus ciudades más desarrolladas son Zúrich, Basilea y Ginebra, clasificadas entre las diez mejores del mundo en términos de calidad de vida.

La política exterior se caracteriza por su neutralidad. No participó en ningún conflicto desde 1815. Suiza es sede de múltiples organizaciones internacionales, como la Cruz Roja, la Organización Mundial del Comercio, la Unión Postal Universal, el Movimiento Scout, así como de la ONU en Europa y comisiones de la misma. También es sede de la FIFA, la UEFA, el COI —responsable de los Juegos Olímpicos— y la FIDE, máximo organismo del ajedrez mundial. Entre muchos otros. Es una de las naciones con mayor diversidad, reconocida por su cultura, deportes y turismo de montaña.

En 1815, el Congreso de Viena reconoció la independencia de Suiza, y las potencias acordaron la neutralidad permanente del país. El tratado también aumentó su extensión territorial, al incorporar los cantones de Valais, Neuchatel y Ginebra. Los límites de Suiza no han cambiado desde entonces. El principio de neutralidad se transformó en un elemento importante en la historia y la identidad suizas. Durante siglos ha contribuido a mantener la unidad nacional y hoy día sigue gozando de amplio respaldo entre la población.

Organización política

Suiza es una democracia sólida, con un Parlamento bicameral: el Consejo de los Estados, integrado por 46 representantes designados por cada cantón y el Consejo Nacional, de 200 miembros electos mediante representación proporcional. Los miembros de ambas cámaras se eligen cada cuatro años. Cuando ambas sesionan conjuntamente conforman la Asamblea Federal. A través de referendos los ciudadanos pueden rechazar cualquier ley, y mediante iniciativas populares introducir cambios en la Constitución, contando así con instrumentos de democracia directa. La libertad de prensa y el derecho de libre expresión están protegidos explícitamente en la Constitución.

El Consejo Federal constituye el poder ejecutivo, que dirige la administración pública. Está integrado por siete miembros electos por un período de cuatro años por la Asamblea Federal, que también controla sus acciones. Su presidente es designado por la Asamblea entre los integrantes del Consejo, tradicionalmente sólo por un año, en un sistema de rotación. Dirige y representa al Gobierno federal. Sin embargo, el presidente es un “primero entre pares”, sin poderes especiales. El Estado prohíbe el envío de tropas al exterior, con excepción del Vaticano, donde actúa la famosa Guardia Suiza al servicio del papa.

La democracia directa, junto con la neutralidad y el federalismo, son parte de la identidad suiza y contribuyen a preservar la unidad nacional. Constituyen los elementos principales del sistema político, considerado muy estable y equilibrado. No hay un partido político que predomine en ninguna de las cámaras del Parlamento, y el Poder Ejecutivo colegiado lo componen representantes de los cuatro partidos mayoritarios. El papel de las dos cámaras es aprobar las leyes federales y vigilar las acciones del gobierno.

La Constitución de 1848 convirtió al país en un Estado federal, dotado de una autoridad central que contrapesa y limita el poder individual de los cantones. Algunos ámbitos, como la política exterior, son competencia exclusiva del gobierno central.

La elección parlamentaria del Consejo Nacional se lleva a cabo cada cuatro años. Los cuatro grandes partidos que integran el gobierno colegiado ocupan la mayoría de los escaños de esta cámara. Sin embargo, el examen de las votaciones en el Parlamento muestra que sus miembros siguen, con mucha frecuencia, sus convicciones personales y no las del partido al que están afiliados cuando se trata de asuntos especiales.

Suiza no fue invadida en ninguna de las guerras mundiales. Durante la II Guerra Mundial el ejército alemán realizó planes de conquista que no llegó a concretar. El país logró mantener su independencia gracias a una combinación de disuasión militar, concesiones a Alemania y varias batallas en otros frentes que impidieron la invasión nazi. La prensa suiza de la época criticó duramente al III Reich y su tiranía. Por su ubicación y neutralidad fue —como El Vaticano— una base de espionaje clave para ambos bandos. En el transcurso de la guerra, Suiza recibió miles de refugiados, de los cuales 110 mil eran soldados extranjeros y unos 65 mil civiles que huyeron de la persecución nazi.

Las actividades económicas principales son la industria química, la farmacéutica, la fabricación de instrumentos musicales, los servicios financieros y el turismo. Las principales exportaciones del país son los productos químicos, artículos electrónicos, instrumentos de precisión y relojes de calidad. En Suiza se encuentra el Instituto Le Rosey, apodado «la escuela de reyes» debido a los varios monarcas que han estudiado en él. Es conocido como uno de los internados más caros y lujosos del mundo. La mayor universidad del país es la de Zúrich. En Ginebra se encuentra el laboratorio más grande del mundo, el CERN 83, dedicado a la investigación de la física de partículas. Otro importante centro de investigación es el Instituto Paul Scherrer. Entre las invenciones más conocidas figuran el LSD, el microscopio de efecto túnel y el popular velcro. Algunas tecnologías ayudaron a la exploración de nuevos mundos, como el globo presurizado y el batiscafo de Jacques Piccard, que permitió llegar al punto más profundo del océano.

Los ciudadanos suizos cuentan con un seguro médico obligatorio, que permite el acceso a una amplia variedad de servicios médicos modernos. Sin embargo, los gastos en los cuidados para la salud son altos. Con una población cada vez más anciana y nuevas tecnologías en el cuidado de la salud, se calcula que estos costos continúen aumentando.

Desarrollo, neutralidad y ejército

A los 19 años, el servicio militar es obligatorio para todos los hombres; las mujeres pueden servir voluntariamente. Cerca de las dos terceras partes de los jóvenes suizos son declarados aptos para el servicio. Anualmente, cerca de 20 mil personas son entrenadas para el combate en cursos de 21 semanas. La reforma «Ejército XXI» fue adoptada por voto popular en 2009 y reemplazó al antiguo modelo “Ejército 95”, reduciendo el número de efectivos de 400 a 200 mil. De estos, 120 mil son soldados activos y 80 mil reservistas. Las Fuerzas Armadas Suizas se componen del Ejército y la Fuerza Aérea. Como no existe otra salida al mar que a través de las aguas internacionales del río Rin, no posee marina de guerra, pero en los lagos limítrofes el ejército dispone de botes armados. La peculiaridad del ejército suizo es el sistema de milicia. Los soldados profesionales constituyen solo el 5 % del personal militar. Los ciudadanos tienen prohibido servir en fuerzas extranjeras.

La neutralidad es parte de la tradición, la historia y la idiosincrasia de la ciudadanía suiza. Para mantenerla el país ha buscado siempre mantener sus fuerzas armadas en un nivel eficiente y actualizado en cuanto a su armamento. El ejército suizo sólo puede utilizarse para defensa propia y mantener la seguridad interior. En caso de conflictos internacionales, Suiza no puede tomar partido ni conceder derecho de paso por su territorio a tropas extranjeras.

Dicha neutralidad es un instrumento de política exterior y de seguridad nacional. El derecho internacional impone límites claros a esta política, como por ejemplo no poder adherirse a una alianza militar como la OTAN. Desde el punto de vista del derecho internacional, la imposición de sanciones no plantea ningún problema para la neutralidad suiza, dado que no se trata de adoptar una posición concreta en el marco de un conflicto armado, según sostiene Elisabeth Hofberger, experta en derecho internacional austríaca.

Suiza ha interpretado siempre de manera flexible su política de neutralidad, adaptándola a las circunstancias internacionales y a sus propios intereses, como al finalizar la Guerra Fría, cuando la situación geopolítica cambió de manera radical y con ella el significado de la neutralidad en un mundo cada vez más interdependiente. Con el surgimiento de nuevas amenazas globales (terrorismo, comercio de armas, drogas y crimen organizado) la cooperación internacional pasó a primer plano. Y consecuentemente ha ampliado también su cooperación internacional con naciones amigas como Estados Unidos, Francia y Alemania.

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Montañas de los Alpes suizos (EFE)

Religión y deportes

En 2002, tras un referéndum, Suiza se convirtió en miembro pleno derecho de la ONU y en 2005 se unió al espacio Schengen de la Unión Europea. El Gobierno de Berna parte del principio de que el derecho de neutralidad no se aplica a las misiones militares de la ONU, pues, en definitiva, lo que pretende el Consejo de Seguridad es “restablecer la paz en el mundo”. Por esta razón, el hecho de que Suiza sea miembro de la ONU no le plantea ninguna contradicción. Sin embargo, el experto en derecho internacional de la Universidad de Innsbruck (Austria), Peter Hilpold, considera que “la neutralidad en el sentido clásico del término es difícilmente compatible con una adhesión a la ONU y aún menos con una adhesión a la Unión Europea”.

El Estado no tiene religión oficial, aunque la mayoría de los cantones reconocen a sus propias iglesias. En todos los casos incluyen la Iglesia Católica y la Iglesia Reformada Suiza. Estas iglesias y la comunidad judía son financiadas por los creyentes. El 37 % de la población total se define como católica y el 25 % como cristianos reformistas. Un 9 % se declara ateo y el 4 % agnóstico. En 2009, el 58 % de los suizos votaron prohibir los alminares en el país, lo que ocasionó protestas musulmanas. El argumento principal, extendido en otras naciones del continente, es que la prédica islámica es frecuentemente extremista y fomenta actos de violencia.

En otro orden, los deportes de invierno son de los más populares, favorecidos por las montañas nevadas. El esquí y el montañismo son muy practicados por suizos y turistas, ya que sus cumbres atraen alpinistas de todo el mundo. El país organiza campeonatos mundiales de deportes invernales. En Engelberg, se celebra anualmente la “Copa Mundial de Saltos de Esquí”, transmitida a decenas de países.

En un mundo siempre convulsionado, con amenazas muy reales y cambiantes, Suiza protege con inteligencia y eficacia su condición de oasis de paz y libertad.

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