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Trump suena los tambores de guerra contra las big tech. Imagen: EFE/EPA/JUSTIN LANE

Trump suena los tambores de guerra contra las Big Tech

Suenan los tambores de guerra. Trump encabeza demandas colectivas contra Facebook, Google y Twitter. Será una trascendental batalla jurídica y política

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Trump suena los tambores de guerra. El expresidente reafirma su vocación polémica y su estrategia de que la mejor defensa es la ofensiva. El 26 de junio retomó los eventos masivos que tanto han impulsado su carrera política. Conocedor de la importancia del drama y el misterio en la narrativa política, coquetea con la candidatura presidencial para el 2024, sin garantizarla o descartarla, mientras promete que “tomará una decisión en el futuro no tan distante…y la gente estará muy feliz.”

Ahora inicia el siguiente capítulo de una historia cuyos primeros trazos prometen hacerla tan intensa e interesante como la que lo llevó a la Casa Blanca en 2016. El 7 de julio, Donald Trump anunció oficialmente que encabezará sendas demandas colectivas (class-action lawsuits) en contra de Facebook, Google y Twitter, así como de sus respectivos directores ejecutivos: Mark Zuckerberg, Pichai Sundararajan y Jack Dorsey, a quienes acusa de ejercer censura selectiva en contra de los conservadores.

Del seguimiento a las demandas, presentadas el propio 7 de julio ante un juzgado federal con sede en Miami, se encargará el recién fundado “America First Policy Institute”, un grupo que seguramente ocupará una posición protagónica dentro de la alianza política del expresidente de cara a las elecciones intermedias de 2022 y a las elecciones presidenciales de 2024.

Las dos dimensiones de los tambores de guerra

La demanda de Trump en contra de las dos principales redes sociales tiene profundas implicaciones tanto técnicas como políticas.

Técnicamente, en caso de que proceda a etapa de juicio, la demanda obligaría a los tribunales a emitir un criterio más claro respecto a la interpretación de los privilegios de gestión del contenido que la sección 230 les otorga a las empresas de Internet y específicamente a las redes sociales.

Grosso modo, dicha legislación permite que las plataformas de Internet puedan, como “buenos samaritanos” censurar contenido que va en contra de las leyes, mientras que conservan su estatus como foros públicos, y por lo tanto, son inmunes ante las demandas de difamación por el contenido publicado en sus páginas.

El expresidente Trump y muchos analistas, en ambos bandos del espectro político, han señalado que las redes sociales abusan de este mecanismo, pues no están censurando contenido en forma imparcial y de buena fe, sino que lo hacen para seguir lineamientos y sesgos políticos específicos. Esto se ha confirmado a través de las investigaciones realizadas por Project Veritas, cuyos videos exhiben las intenciones y estrategias políticas de altos funcionarios de empresas como Facebook o Twitter.

Considerando el alto perfil del demandante y la expectativa de que su planteamiento jurídico esté respaldado en expertos, sería posible que las demandas escalen incluso a la propia Corte Suprema, resultando en una sentencia cuyo criterio tendría un impacto potencialmente gigantesco en el futuro del Internet y especialmente de las redes sociales.

Dicho esto, es igualmente probable que las demandas corran una suerte similar a la que vivieron los procesos jurídicos del equipo de Trump en contra de las elecciones del 2020, y que perezcan en lo profundo de la selva procedimental del sistema americano. Sinceramente, yo apostaría por este segundo escenario.

Sin embargo, incluso en ese caso, no todo está perdido para el expresidente, pues, más allá de lo jurídico, la demanda tiene una dimensión política, y justamente en ese ámbito es donde Trump tiene más por ganar.

Los tambores de guerra de Trump contra las redes sociales marcan una nueva batalla jurídica y política. (Jeremy Zero/Unsplash)

La batalla clave es política

El propio Trump subrayó la dimensión política de las demandas al señalar que las redes sociales se han convertido “en el brazo censor del Gobierno de los Estados Unidos”. Sus procesos contra Facebook, Google y Twitter envían un mensaje muy claro a su base de seguidores en el sentido de que Donald no se ha rendido y continuará peleando palmo a palmo contra los grupos que (de acuerdo con su narrativa) le arrebataron ilegítimamente la Presidencia de la república.

La imagen de valentía y perseverancia es uno de sus principales activos de cara a sus simpatizantes, y tanto el proceso jurídico como el debate público respecto a las demandas le brindarán amplias oportunidades de reafirmarse luchador, y de mantenerse vigente ante los ojos de la clase política, particularmente en el lado republicano.

Esto resulta de especial importancia de cara a las elecciones del 2024. Aunque faltan más de 3 años para los comicios, los aspirantes a la candidatura republicana ya están empezando a tejer sus redes y posicionarse públicamente. Con este movimiento, Trump captura aun más atención de la prensa y de los simpatizantes republicanos, para asfixiar mediáticamente a sus posibles rivales, de manera similar a como lo hizo antes de las elecciones de 2016. Justo en esta parte del plan es donde entran en juego los rivales del expresidente.

Durante el Gobierno de Donald Trump, la mayor parte de la prensa industrializada desarrolló una fijación malsana y obsesiva de odiar al presidente y criticar absolutamente todo lo que hacía. Ese “Trump Derangement Syndrome” no sólo era una reacción emocional que respondía a los intereses de las mafias políticas izquierda, también era buen negocio.

Tambores de guerra, El American
“El expresidente Trump y muchos analistas, en ambos bandos del espectro político, han señalado que las redes sociales abusan de este mecanismo, pues no están censurando contenido en forma imparcial y de buena fe, sino que lo hacen para seguir lineamientos y sesgos políticos específicos”. (EFE)

Tras los disturbios del 6 de enero, la prensa industrializada ha hecho un gran esfuerzo por ignorar lo que hace Trump, para no darle oxígeno político. Sin embargo, a medio año de distancia y con un Biden profundamente aburrido, las demandas presentadas por Trump en contra de los gigantes tecnológicos probablemente serán una tentación irresistible para una prensa que tiene urgencia de rating.

Por otra parte, al sonar los tambores de guerra en contra de los 3 gigantes tecnológicos, Trump también corre el riesgo de incentivar una reacción mucho más agresiva de parte de sus enemigos que buscarán hasta debajo de las piedras para encontrar cualquier pretexto que les permita construir un caso criminal en contra del expresidente, con la esperanza de desacreditarlo (o, al menos, encarcelarlo).

Por lo pronto, a cualquiera con un mínimo de honestidad intelectual le queda claro que el planteamiento jurídico detrás de las demandas presentadas por Donald Trump amerita al menos la cuidadosa revisión de un tribunal, y por lo tanto, los tambores de guerra no sonarán en vano.

Por otro lado, como señala Axios, “Trump a menudo demanda (…) pero pocas veces le da seguimiento a esos procesos (….) como para llevarlos siquiera a la etapa de juicio”. Solo el tiempo dirá si los tambores de guerra convocan a una confrontación política tan trascendental como la que eventualmente llevó al rompimiento de los grandes monopolios de principios del siglo XX, o si su eco se diluye en el viento. Algo está garantizado: el conflicto va a ser interesante.

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