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Taylor Lorenz, The Washington Post y el periodismo basura que no merecemos

Flickr, Esther Vargas, The Washington Post

Available: English

The Washington Post, junto a The New York Times, son los periódicos más poderosos no solo de Estados Unidos, sino del mundo. Por influencia, historia y prestigio. Son medios que, a pesar de la desconfianza que generan en los americanos, tienen a disposición una tribuna potentísima que influye como pocas en el debate político, social y cultural del mundo entero.

Tener a disposición un arma tan poderosa debería ser suficiente para que los periodistas, editores y, en última instancia, la junta editorial del medio, asuma responsablemente que los artículos que se publiquen en su plataforma deben ser rigurosos, contextualizados y éticamente intachables. Sería lo ideal, pero sabemos que no es así.

A lo largo de la última década, el periodismo americano cayó en desgracia. La gente ya no confía en los medios ni los reporteros. Los índices de confianza, por ejemplo, solo son favorables entre demócratas; los republicanos no quieren saber absolutamente nada de la prensa tradicional y los independientes son cada vez más escépticos de todo lo que provenga del mainstream media.

La principal razón por la que los conservadores e independientes ya no confían en la prensa liberal no es ni siquiera por su línea editorial, sino por su sesgada cobertura. Los medios liberales, como The Washington Post, ignoran por completo temas trascendentales como los negocios turbios de Hunter Biden por el simple hecho de que pueden afectar a los políticos progresistas que coinciden con sus ideas políticas y pueden beneficiar a los conservadores.

No solo ignoran los hechos, como la computadora de Hunter, sino que hacen lo posible para blanquear al protagonista o desacreditar la historia. En cambio, cuando se trata de cubrir el otro bando, el republicano, los periodistas automáticamente dejan su desidia para disfrazarse de expertos investigadores. Unos fenómenos.

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Sin embargo, ahora los medios no solo traicionan al ciudadano americano al no querer investigar a los políticos azules, sino que atacan y van directamente contra aquellos americanos de a pie que buscan mostrar la realidad que no aparece en los medios como The Washington Post.

El polémico caso de Libs of TikTok y Taylor Lorenz

La última gran polémica protagonizada por The Washington Post involucra a su reportera de tecnología y cultura, Taylor Lorenz, la mujer que salió derramando lágrimas de cocodrilo hace un par de semanas en televisión nacional porque supuestamente estaba recibiendo un insoportable acoso online.  

En una pieza de éxito completamente sensacionalista y malintencionada, Lorenz cargó contra la mujer que está detrás de la afamada cuenta twittera Libs of TikTok; un perfil que se encarga de difundir y denunciar a profesores, distritos escolares o campamentos sexualizados que intentan impartir contenido inapropiado a niños en las escuelas o planes vacacionales.

La Teoría de la Interseccionalidad, la Teoría de Género o los planes de estudio relacionados con la sexualidad y liberación sexual son el principal blanco de críticas de Libs of TikTok, que se nutre la mayor parte del tiempo de contenido publicado en redes por profesores o distritos escolares progresistas.

Pero para Taylor Lorenz y el WaPo, Libs of TikTok no es una cuenta que busca proteger a los niños de la sexualización o posibles casos de grooming, sino una macabra cuenta que usa vídeos para incendiar e indignar a los conservadores y difundir contenido anti LGBT en una férrea batalla cultural.

Parte del texto de Taylor Lorenz contra Libs of Tiktok (captura de pantalla)

Lorenz, básicamente, presenta a Libs of Tiktok como un enemigo y una cuenta de odio que tiene un poder político y comunicacional inmenso gracias a su influencia en el mundo conservador.

Es curioso, porque si se pone todo en contexto, tenemos al WaPo, probablemente el diario más importante del mundo, pegando un grito al cielo porque una cuenta que usa vídeos y documentos públicos se viralizó mostrando una realidad que los medios liberales ignoran: los niños de Estados Unidos, hoy por hoy, están muy expuestos a la sexualización y los padres están preocupados.  

Taylor Lorenz, The Washington Post y el periodismo basura que no merecemos
Título y entradilla del reportaje de Taylor Lorenz para el Washington Post. (captura de pantalla)

En lugar de aceptar esa realidad y entender por qué el público consume Libs of TikTok, Taylor Lorenz, la misma que lloró por el acoso en línea, decidió revelar la identidad de quien maneja la cuenta exponiendo su vida privada y enlazando (en la versión original del artículo) información personal que podía poner en riesgo a la creadora del perfil. A Lorenz, enceguecida por generar esta pieza de éxito, poco le importó cruzar los límites de la ética periodística y se fue hasta la casa de la creadora de Libs of TikTok, incomodando a sus familiares y a la misma protagonista de su artículo.

Lo que hizo Lorenz no fue otra cosa que doxing puro y duro. Por ello las críticas no tardaron en llegar en contra de ella y el WaPo, quienes, en lugar de aceptar su error, decidieron publicar una absurda justificación para su periodista y el reportaje agregando una mentira: “No publicamos ni vinculamos ningún detalle sobre su vida personal”.

Además del doxeo aplicado contra la creadora de Libs of TikTok y su lamentable comunicado, no hay que olvidar que The Washington Post y Taylor Lorenz también defendieron a los profesores expuestos por Libs of TikTok; presentándolos como tiernos educadores que solo querían lo mejor para sus estudiantes.

Bien lo explica Bill Zeiser, editor de RealClearPolicy, en una columna para The Spectator World: lo que Libs of TikTok expuso fue «Pedofilia, liberación sexual de los niños: estos no eran profesores inocentes».

Zeiser, con mucho atino, demuestra con varios ejemplos que el trabajo de Libs of TikTok, más allá de como lo pueden caracterizar los progresistas, es honesto e importante; y que está muy lejos de ser la maligna fuerza comunicacional de derechas presentada por Lorenz en el WaPo.

Justamente, esa clase de periodismo —sensacionalista, descontextualizado y manipulador— es el periodismo basura que no merecemos y que está haciendo tanto daño a este oficio.

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