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Texas Chainsaw Massacre de Netflix: el cine de terror tomado por la izquierda

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Netflix acaba de estrenar una nueva película de la franquicia Texas Chainsaw Massacre (La Matanza de Texas), que es la novena desde que en 1973 se iniciara la saga con la original escrita y dirigida por Tobe Hooper. En esta versión —muy inferior a la primera y a algunas de sus antecesoras—, Netflix vuelve a incluir temática progresista woke, como ya es habitual en sus producciones.

Parece que Netflix solo conoce una manera de actualizar a los nuevos tiempos los éxitos del pasado, y no es otra que recurrir a todos los clichés y fetiches de la izquierda woke. Como ya es costumbre con este tipo de adaptaciones, Netflix fracasa en su intento de mantener con vida una franquicia que nunca llegó a superar el éxito y el impacto cultural de la original.

Netflix

De un tiempo para acá el cine de terror se ha convertido en porno para gente de izquierda al incluir todos los temas que alimentan sus miedos. En esta ocasión, la nueva película de Texas Chainsaw Massacre deja claro desde el principio cuáles son estos temas fetiche que hacen las delicias de los votantes del Partido Demócrata.

En esta versión de Texas Chainsaw Massacre, la protagonista femenina ha sido víctima de un tiroteo en su escuela —cómo no— y tras llegar al pequeño pueblo de Texas donde transcurre la historia descubre, para su espanto, que el mecánico tejano que les da la bienvenida es el orgulloso propietario de un rifle AR-15. A Beto O’Rourke le habrá gustado mucho esta parte.

El personaje afroamericano que acompaña a las hermanas de Texas Chainsaw Massacre también tiene su dosis de susto e indignación cuando a su llegada se encuentra con una bandera confederada ondeando por fuera de la casa que han comprado. Esa imagen puede suponer el mayor sobresalto de toda la película para los fans de las producciones woke de Netflix.

Las dos hermanas protagonistas, el chico negro y su prometida blanca son cuatro jóvenes de la generación Z que haciendo gala de su espíritu emprendedor y su superioridad moral urbanita, pretenden llevar el progreso a un atrasado pueblo de Texas, aprovechando su condición de influencers para iniciar el proceso de gentrificación del barrio.

Tienen la mala suerte de haber comprado la casa que el banco embargó a lo que queda de la familia Sawyer, incluido el psicópata asesino de Leatherface, que llevaba 50 años pasando inadvertido desde el festín sangriento y caníbal que se dio en la versión de 1973. La película intenta aclarar que él también es una víctima del capitalismo salvaje y merece la comprensión de los concernidos espectadores.

Texas Chainsaw Massacre de Netflix: visualmente impactante, argumentalmente mediocre

El año pasado, el actor y músico Donald Glover denunció que la cultura de la cancelación estaba consiguiendo que las películas y series de televisión fueran aburridas, porque los artistas no se atreven a asumir riesgos en sus guiones por miedo a ser criticados, mientras que la única innovación se produce en cuestiones visuales y técnicas.

Texas Chainsaw Massacre es un perfecto ejemplo de lo que denuncia Donald Glover. Visualmente es de una factura exquisita, con algunos planos memorables como el del campo de girasoles marchitos. La atmósfera de aislamiento y claustrofobia está muy bien conseguida y, sobre todo, cuenta con unos efectos visuales impresionantes cada vez que Leatherface machaca, apuñala, asierra, desmembra, desolla o descuartiza a sus impotentes víctimas.

Si bien esto hará las delicias de los aficionados al cine gore, el guión es una sucesión de tópicos progresistas que solo complacerá a los que quieran reafirmar su miedos y prejuicios hacia los malvados conservadores tejanos. Quizás para la próxima entrega de Texas Chainsaw Massacre Leatherface se mude a Florida.

Parece que la película intenta reflejar el peligro que corren los progresistas californianos o neoyorquinos cuando se trasladan a una zona rural conservadora como Texas, cuando en la vida real lo que suele pasar es que son los liberales quienes se mudan a zonas como Texas huyendo de los desastres producidos por la ideología izquierdista, los que llevan consigo el peligro al votar por las mismas políticas de izquierda de las que han querido escapar.

Los personajes de la versión de Netflix de Texas Chainsaw Massacre son tan odiosos y toman decisiones tan estúpidas que al final uno casi termina animando al de la sierra mecánica.

Ignacio Manuel García Medina, Business Management teacher. Artist and lecturer specialized in Popular Culture for various platforms. Presenter of the program "Pop Libertario" for the Juan de Mariana Institute. Lives in the Canary Islands, Spain // Ignacio M. García Medina es profesor de Gestión de Empresas. Es miembro del Instituto Juan de Mariana y conferenciante especializado en Cultura Popular e ideas de la Libertad.

Social Networks: @ignaciomgm

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