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La trágica paradoja de Nicaragua: votar sin condiciones o no votar

El régimen sandinista de Daniel Ortega aprobó reformas electorales que, nuevamente, manipulan todo el sistema a su favor; imposibilitando un proceso electoral justo en Nicaragua

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Nicaragua se encuentra inmersa una paradoja: votar en tiranía, sin condiciones y sin oportunidad de ganar o simplemente no salir votar en una suerte de protesta para que el mundo vea como los nicaragüenses no asisten a las urnas en las próximas elecciones presidenciales de noviembre, sabiendo que el destino de ese proceso amañado no es otro que una victoria sandinista.

El panorama es desolador, pero no por ello menos cierto. Todos los actores que fungen como opositores, desde los más progresistas, hasta los más conservadores, con todo y sus notables diferencias, condenan las «reformas electorales» que el régimen sandinista impuso.

«Hoy en la Asamblea Nacional la aplanadora oficialista —con el voto de los partidos colaboracionistas— eligió un Consejo Supremo Electoral formado por operadores políticos y colaboradores del régimen y aprobó una reforma a la ley electoral que le da amplísima discrecionalidad a ese grupo de magistrados», comentó el 4 de mayo a El American Kitty Monterrey, presidente de Ciudadanos por la Libertad, un partido político de derecha nicaragüense que es perseguido, como toda la disidencia, por el régimen de Ortega.

«Queda claro que Ortega ha querido dejar en sus manos sin ninguna restricción legal el destino del próximo proceso electoral. Queda claro también qué Ortega le teme a la vía electoral y está haciendo hasta lo imposible para tratar de que la oposición y los ciudadanos no vayamos a elecciones», remarca Monterrey, quien afirma que la solución para salir del régimen pasa por un proceso electoral justo; es decir, con observadores internacionales y reformas verdaderas para que se imponga el deseo de la mayoría.

Lastimosamente, el régimen de Ortega, cada vez más atornillado al poder, parece tener otros planes.

Nicaragua, elecciones, noviembre, sin garantías
La Asamblea Nacional, leal a Ortega, seleccionó a dedo sus magistrados electorales. (EFE)

Los opositores y la comunidad internacional reaccionan

De acuerdo con el portal nicaragüense 100 % noticias, «La aplanadora sandinista eligió a los nuevos magistrados del Consejo Supremo Electoral, siete propietarios y tres suplentes. El Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), mantuvo en sus cargos al sancionado Lumberto Campbell y Mayra Salinas, fichas fieles a Daniel Ortega y Rosario Murillo».

Brenda Rocha Chacón, Alma Nubia Baltodano Marcenaro, Devoney Johaira McDavis Álvarez, Campbell Hooker, Cairo Amador y Leonzo Knight son los otros magistrados propietarios, además de Campbell y Salinas.

Los tres suplentes son Adriana Molina Fajardo, Maura Álvarez Ortiz y Alberto Julián Blandón Baldizón.

Hoy, 6 de marzo, la OEA publicó un comunicado condenando las elecciones de magistrados del régimen sandinista y también las anteriores reformas electorales que, según los opositores, lejos de garantizar un proceso electoral mínimamente convincente, solo recrudece la falta de democracia y pluralidad en el país.

«La Secretaría General de la Organización de los Estados Americanos (SG/OEA) observa con extrema preocupación la elección de los altos magistrados que compondrán el Consejo Supremo Electoral (CSE) y la aprobación de reformas electorales que van en contra de los principios y las recomendaciones realizadas por la comunidad internacional (…) La elección de magistrados y la aprobación de estas reformas diseñadas por la Comisión Especial de Asuntos Electorales de la Asamblea Nacional de Nicaragua claramente dan ventaja absoluta al partido oficial en el control de la administración y justicia electoral, eliminando las garantías necesarias y la credibilidad institucional mínima para el desarrollo de un proceso electoral libre y justo en noviembre de 2021».

El comunicado de la OEA es claro: Nicaragua no tendrá elecciones justas en noviembre. El control autoritario de Ortega y el sistema de Gobierno sandinista así lo impide. Sin embargo, hay opositores que creen que aún se debe ir a elecciones, pese a que el fraude está garantizado.

Es el caso de Juan Sebastián Chamorro, quien el pasado 22 de abril inscribió su precandidatura a la presidencia de Nicaragua mediante la Alianza Ciudadana. Chamorro arguye que los nicaragüenses deben salir a votar masivamente, pese a que él está seguro que el proceso será «fraudulento».

Chamorro explica que, para él, una votación masiva expondría al régimen ante la comunidad internacional en un eventual fraude. No obstante, hay quienes argumentan que salir a votar en dictadura es una forma de legitimar el proceso.

La Articulación de Movimientos Sociales (AMS), una organización política-social de izquierda-progresista, criticada desde los estratos conservadores de la sociedad nicaragüense por sus vínculos con los «sandinistas disidentes», también fueron claros para condenar el atropello del régimen y pedir la expresa no participación del proceso electoral de noviembre.

Así como los políticos dentro de Nicaragua condenaron al unísono los atropellos del régimen de Ortega, los exiliados también denunciaron.

Cristhian Fajardo, expreso político actualmente exiliado en Estados Unidos, quien fue parte importante de la rebelión del 2018, dijo a El American que «Todo lo que venga del régimen no es por el bien de Nicaragua». 

«Podría hacer las reformas que esperan los que dicen llamarse opositores y seguro buscará la forma de quedarse en el poder, Ortega nunca cumple las promesas, aunque sean firmadas y con garantes», dijo Fajardo. «El escenario ideal para Nicaragua es hacer las elecciones sin Ortega en el poder y sin participar.  Se pudo y se puede lograr eso, pero hay poderes de facto que lo sostienen en el poder». 

El exiliado político dice que las elecciones solamente pueden llevarse adelante en países democráticos, y Nicaragua no es el caso.

Fajardo dice que lo ideal es acudir a las instancias internacionales para que Nicaragua pueda salir del régimen sandinista.  

«En el caso de Nicaragua, Ortega es un delincuente que ha utilizado la política para enriquecerse de una forma descomunal, estamos hablando de alrededor de 4,000 millones de dólares. En lo personal no creo que entregue el poder fácilmente, con esto no estoy diciendo que vayamos por la vía de las armas, hay opciones como las sanciones que se están dando, sacar del CAFTA a nicaragua hasta que haya un gobierno elegido democráticamente, aplicar la carta democrática de la OEA, activar el R2P, el TIAR, tratar a Ortega como delincuente y llevarlo a tribunales internacionales, aplicar la convención de Palermo, estatutos de Roma, etcetera».

Cristhian Fajardo, exiliado nicaraguense.

No solo la OEA condenó al régimen en la Comunidad Internacional, Estados Unidos también se pronunció mediante la subsecretaria interina para Asuntos del Hemisferio Occidental del Departamento de Estado, Julie Chung, quien escribió el siguiente tweet: «La nueva ley electoral de la Asamblea Nacional de Nicaragua decepciona a su pueblo y no tranquiliza a la comunidad internacional. Su Consejo Electoral está muy sesgado. Nicaragua está en camino de elecciones profundamente defectuosas a menos que implemente un proceso libre y justo que respete la voluntad del pueblo».

Nicaragua, entre la espada y la pared

El país nicaragüense es uno de los más vivos retratos de un infierno socialista. En 2019, Nicaragua ya se enfilaba hacia su peor depresión económica, y en 2020 la pandemia recrudeció todavía más esta crisis. La deuda bajo el régimen de Ortega creció y el desempleo también se está disparando. Los nicaragüenses cada vez tienen menos poder adquisitivo y dependen más de las remesas de los familiares en el exterior.

La inseguridad también va in crescendo, la violencia institucionalizada por la dictadura es una realidad y los derechos civiles cada vez son más irrespetados.

Pero lo más grave pasa por la carencia de libertades fundamentales. La libertad de expresión y prensa está cercenada, la disidencia política es sistemáticamente perseguida, la protesta civil es reprimida. Nicaragua es un país que sufre las consecuencias del autoritarismo socialista.

AME7486. MANAGUA (NICARAGUA), 11/11/2020.- Un niño camina frente a un mural con la imagen del dictador Daniel Ortega. (EFE)

Pese a todo lo anterior, más la imposibilidad de que se realice un proceso democrático serio, la comunidad internacional es excesivamente dócil frente al régimen sandinista de Ortega.

Los comunicados son tediosos y poco producentes, similar a lo que sucede en Venezuela y Cuba, países sumidos en sistemas de vocación totalitaria. Estados Unidos y la OEA se pronuncian, también sancionan, pero Ortega y su mujer, Murillo, están cómodos en Managua. No sienten la amenaza real al igual que Maduro o Díaz-Canel.

Y sin una comunidad internacional dispuesta a actuar, la oposición nicaragüense, sea del color que sea, somete a los ciudadanos a la paradoja de votar sin condiciones o no votar. Lo otro es protestar, pero allí también Nicaragua se encuentra entre la espada y la pared: la primera representa la bala de un represor sandinista, la segunda es la perdida sistemática de las libertades.

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