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Tres meses de guerra y Putin se complica en el ajedrez geopolítico

Putin

Tres meses han pasado desde que comenzó la sangrienta invasión rusa a Ucrania, que inició con fuertes aires triunfalistas de Moscú dada su sólida superioridad tanto numérica como de poder armamentístico sobre su vecina. La invasión ordenada por Putin se ha venido empantanando, primero tras su derrota en la conquista por Kiev, además por su alto número de bajas y el prolongamiento de un conflicto que pasó de 3 días a 3 meses.

Rusia ha tenido importantes éxitos en el sur de Ucania en sentido Este a Oeste, primero controlando el Donbas, siguiendo por el litoral ucraniano hacia Mariúpol donde finalmente se rindió el último bastión de su resistencia: el batallón de los denominados “ultra-nacionalistas” que estaban en la metalúrgica de Azovstal, entregándose alrededor de 260 combatientes, entre ellos poco menos de 50 heridos. Todos los detenidos por las fuerzas rusas serán tratados conforme a la legislación internacional para prisioneros de guerra. El último objetivo de esta invasión rusa contra Ucrania, sin duda debe ser tomar el control de la costera ciudad de Odesa.

Pero no todo es color de rosas para Putin, primero por lo extremadamente costoso de la operación militar, que sin duda se ha dilatado por amplio margen más de lo que estimaba Rusia. Amén que, si bien es cierto, Rusia política-institucionalmente es un sistema totalitario, la guerra en si misma tiene un rechazo pasivo de la población, dado el impacto que esta ha tenido rápida y directamente en los bolsillos de millones de rusos, una poderosa amenaza interna que Putin no se puede permitir y menos aún, en pleno fragor de la guerra.

Rusia, Putin
Moscow (Russian Federation), 20/04/2022.- Russian President Vladimir Putin chairs Russia – Land of Opportunity non-profit organisation’s Supervisory Board meeting at the Catherine Hall of the Kremlin in Moscow, Russia, 20 April 2022. (Rusia, Moscú) EFE/EPA/MIKHAIL KLIMENTYEV / KREMLIN POOL / SPUTNIK MANDATORY CREDIT

A todos los reveses rusos en el teatro de operaciones, también debemos sumar el complicado y peligroso tablero geopolítico. Comenzamos por el giro del Canciller Alemán, Olaf Sholz, quien inicialmente rechazaba la tesis de imponer un bloqueo al gas ruso. Hoy es uno de los mayores impulsores de la medida, que apenas cuenta con la resistencia de Hungría y Eslovenia. Aunque la medida no se concretado en el seno de la Unión Europea, tarde o temprano ésta se materializará, por lo que Rusia perderá uno de sus más importantes mercados de gas.

A todo lo anterior hay que sumar la firma de la “Ley de Defensa de la Democracia de Ucrania”, mismo instrumento que firmó Roosevelt durante la II Guerra Mundial para combatir el nazismo en Europa, facilitando el envío de material bélico a Ucrania. Además del histórico giro de Suecia, país que hasta esta semana se mantuvo durante dos siglos con su política de neutralidad, es decir, sin formar parte de ninguna alianza militar.

Magdalena Anderson, Primera Ministra de Suecia, logró que el Parlamento aprobara su proyecto de ingreso a la OTAN, junto con su homóloga finlandesa Sanna Marin. De manera conjunta Suecia y Finlandia solicitaron formal y oficialmente su ingreso a la Alianza.

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Este hecho marca un serio revés para la geopolítica de Moscú, pues significa la pérdida de espacios históricamente vinculados pasivamente a la influencia de Rusia, mediante su política exterior de neutralidad. En caso de materializarse su ingreso a la OTAN, posiblemente pasarán a ser potenciales amenazas para la esfera de seguridad rusa.

La reacción del Kremlin fue convocar a una Cumbre de la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva, una suerte de cónclave de países de la antigua URSS o mejor dicho, fieles pajes de Putin, tales como Lukashenko de Bielorusia y los presidentes de Armenia, Kazajistán, Kirguistán y Tayikistán.

En la lúgubre Cumbre, Putin se refirió al ingreso de Suecia y Finlandia a la OTAN: “Rusia no tiene problemas con estos Estados, una expansión a estos países no supone una amenaza para nosotros, para Rusia, pero la expansión de estructura militar a estos territorios provocará, ciertamente, nuestra respuesta”.

Parece que Putin aprendió la lección de Ucrania y esta vez no movilizará tropas ni invadirá, evitando así los enormes costos financieros y la humillación militar que conduzcan a debilitar aún más su papel dentro del tablero mundial. Esta vez, optó por la vía estratégica, a través de su buen amigo el presidente de Turquía, Erdoğan anunció que vetará en la OTAN las solicitudes de Suecia y Finlandia, logrando así mantener el status quo igual, al menos por el momento.

Para concluir, todo esto son signos naturales de un rifirrafe diplomático entre Rusia y Occidente en el marco del conflicto en Ucrania, pero lo que sí resulta claramente evidente es que a Rusia no sólo le ha resultado complicada y altamente onerosa la invasión a Ucrania, sino que está perdiendo en el ámbito geopolítico, quedando técnicamente solitaria. Dicha situación, terminará llevándola cada vez más a estrechar lazos con el régimen totalitario de la China comunista, el viejo proyecto de Mao que esbozó durante su visita a Stalin en 1949, finalmente se consolidará e impondrá una nueva realidad geopolítica poderosamente peligrosa para todo Occidente.

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