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Diana Trujillo: la colombiana que llegó a USA con $300 y dirigió el histórico vuelo a Marte

Dos eventos históricos sucedieron simultáneamente ayer en la tarde. Mientras el Rover Perseverance amartizaba, la ingeniera aeroespacial colombiana Diana Trujillo lideró la primera transmisión de la NASA en español

Llegó con 17 años a Estados Unidos huyendo de la violencia y las oportunidades limitadas en su país natal. Tuvo cuatro trabajos para pagar sus estudios de ingeniería que la llevaron a ser la primera latina en la NASA: Diana Trujillo, una muestra de superación e inspiración en Estados para miles de mujeres latinas.

Trujillo, ingeniera de la NASA y actualmente directora de vuelo de la misión Marte 2020, posó el jueves sobre la superficie marciana en el Perseverance, el vehículo robot explorador más avanzado jamás enviado por el hombre a explorar otros mundos.

La colombiana, nacida en Cali, huyó de su país en medio de la guerra contra el narcotráfico y las guerrillas en Colombia. Llegó a Estados Unidos hace dos décadas sin saber inglés y con 300 dólares en el bolsillo.

Diana ha reconocido en varias entrevistas que tuvo cuatro trabajos como doméstica para poder pagar sus estudios de ciencias del espacio y luego de Ingeniería Aeroespacial que la llevaron a ser la primera latina en la NASA.

Mientras estudiaba, Trujillo fue seleccionada para hacer parte del programa de la Academia de la Nasa, una suerte de campo de verano en el que la agencia espacial inspira a los jóvenes y aprovecha para ojear potenciales talentos. Ahí, Trujillo conoció a Peter Diamandis, creador de la Fundación XPrize, que, junto con Google, otorgaba un premio de 30 millones de dólares a quienes fueran capaces de hacer viajes espaciales a la Luna.

En la academia, Trujillo también conoció a Brian Roberts, un experto en robots de la NASA que le recomendó que, si quería trabajar en la agencia, debía irse a vivir al estado de Maryland, cerca de la capital del país.

Trujillo no lo pensó dos veces: “Al pasarme a la Universidad de Maryland, me atrasaron un año en mi carrera, pero valió la pena porque logré entrar al departamento de educación de la Nasa como gerente de operaciones de la academia”.

Tras graduarse de la universidad, Trujillo trabajó por ocho meses en la empresa Orbital Sciences en un proyecto que compitió contra SpaceX. Al final de 2009, Trujillo y su esposo, William, se trasladaron a Los Ángeles, a trabajar en la sede de XPrize de esa ciudad. Allí, Trujillo se presentó al Laboratorio de Propulsión a Chorro de la Nasa (JPL, por su sigla en inglés), donde la agencia construye la mayoría de sus naves espaciales no tripuladas.

“Me entrevistó una persona que se llamaba Gentry y que, en ese momento, no supe quién era. Resulta que es el ingeniero jefe de JPL, una persona muy importante en la NASA. Todo salió perfecto y me contrataron sin tener maestría o doctorado. Por eso, la gente debe dejar de pensar que para trabajar en la Nasa hay que ser un genio con cinco postgrados. Yo empecé sin saber bien inglés, atrasada en la universidad y ahora estoy aquí, por el empuje de mi raza, que me enseñó a no darme por vencida”, aseguró a El Tiempo.

¿Dónde está ahora?

Empezó en JPL desde abajo, en la misión Curiosity, que fue la antecesora de Perseverance, trabajando en el equipo del brazo robótico.

Según cuenta, le hacía exámenes al robot a las tres de la mañana, cuando nadie quería ir al laboratorio.

“Pronto llegué a ser la número cuatro de toda la misión, al nivel de colegas que tenían entre 20 y 25 años de experiencia, cuando yo solo tenía seis. Creo que también me motivaron esas ganas que tenemos los hispanos de trabajar duro. Si alguien nos dice que hay 99 %  de probabilidad de que algo no funcione, nosotros nos aferramos al uno % restante y resulta que esa mentalidad es lo que se necesita para explorar lo desconocido, el espacio”.

Después de varios años en Curiosity, y de que la misión fue un éxito, buscó un nuevo reto y se trasladó al equipo del Perseverance.

Fue la líder de la fase de superficie del brazo robótico y de dos instrumentos. “Ha sido increíble porque llegué en un momento en el que todo estaba saliendo medio mal. Pero a mí, si hay caos, llámenme”, agregó.

Lejos de su equipo y desde una sala con pocas personas, Trujillo estuvo al frente de la transmisión virtual revelando los detalles de construcción del equipo, compartiendo el testimonio de otros colegas latinos que participaron en esta misión y, sobre todo, sonriendo por el orgullo de llevar el quinto vehículo de exploración de la agencia espacial estadounidense a la superficie del planeta rojo.

La historia de Diana Trujillo, más allá de los prejuicios existentes sobre determinados sistemas sociales y políticos, demuestra que la ventaja de las naciones con sistemas capitalistas es que toda persona que realmente se esfuerce, se proponga una meta, y trabaje duro, sin importar su procedencia, puede alcanzar sus sueños y llegar hasta Marte.

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