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Trump, el nuevo GOP y los viejos rinocerontes

Los rinocerontes creen será fácil deshacerse de Trump y manipular a esas minorías que están haciendo un nuevo Partido Republicano

Estados Unidos libra una batalla política y constitucional ante un cruce de caminos. De su resultado dependerá hacia dónde medio país intentará conducir al resto, y sea como sea, la mitad restante resistirá al destino elegido por los primeros. Usted, amigo conservador, preferiría que se tomara el camino de conservar y actualizar los valores de libertad, propiedad y derecho que hicieron grande al país. Usted, como los patriotas estadounidenses, trabajadores y minorías, políticos e intelectuales conservadores y empresarios pequeños –y algunos grandes–  se defiende contra las aspiraciones social-mercantilistas de una arrogante oligarquía política, intelectual y corporativa, que juega la carta del socialismo para transformar sus posiciones en privilegios permanentes, eliminando la posibilidad misma de la competencia y avanzar hacia el tecno-totalitarismo. Sin prisa y sin pausa.

Pero usted sabe que ese escenario, de por sí el de una larga y dura lucha contra fuerzas oscuras que ya han mostrado su poderío y sus intenciones, es el mejor posible. El peor no es menos probable. Antes o después, fuerzas empeñadas en destruir a Estados Unidos desde dentro llegarán a la Casa Blanca. Una vez allí, ese medio país decente del que usted forma parte tendrá que resistirlos, minimizar en lo posible el daño que ocasionarán –a Estados Unidos y la civilización occidental entera– para retomar el poder, reconstruir y retornar al buen camino. La democracia republicana –lo opuesto a la demagogia populista– es el único medio que la humanidad conoce para sustituir un gobierno por otro en paz. Pero únicamente funciona así cuando todos comparten un mínimo de principios comunes, en cuanto a la propia democracia, la institucionalidad y los límites al poder, incluido el de la mayoría. En este momento hay un muy influyente ala –o tal vez dos– dentro del Partido Demócrata que ya no comparte esos principios. Apuestan por la violencia revolucionaria, por negar derechos a quienes no piensen como ellos. Ya no es el viejo Partido Demócrata: es el nuevo partido socialista de Estados Unidos.

Trump y el Grand Old Party

La imagen de este nuevo Partido Demócrata es la del viejo burro enjaezado de banderas azules, pero sirviendo de montura a un grupo de ratas –mayormente blancas– con banderas negras y verdes, muy firmemente aferradas a las riendas. El viejo burro ya no es lo que era. Como era de esperarse, también surgió un nuevo Partido Republicano, uno que cambió mucho y muy rápidamente en los últimos años. La clave de lo que hoy emerge como el nuevo GOP fue que Donald Trump se colocó a la cabeza del gran movimiento conservador, que espontáneamente emergió de cada rincón de Estados Unidos, en respuesta a la deriva socialista y la apuesta por una agenda global –que nada tiene que ver con la globalización de mercado libre– de los demócratas de hoy. 

Como siempre, el Partido Republicano es una alianza incómoda de elefantes y rinocerontes. Hay diferentes tipos de elefantes, pero todos se parecen porque todos comparten principios y valores. Los rinocerontes también vienen en diferentes tipos, y lo que tienen en común es que sus principios nunca han sido y jamás serán los del elefante. Además, a diferencia del elefante, al rinoceronte lo retrata la frase de Groucho Marx en la película de 1940, Go West: “estos son mis principios y si no le gustan, tengo otros”.

Lo que está emergiendo como el nuevo Partido Republicano es el partido del trabajador, del granjero, del pequeño empresario –y de algunos grandes empresarios enfrentados a una arrogante nueva oligarquía– del hispano independiente y conservador y de todos aquellos que siendo parte de alguna minoría, se niegan a ser manipulados por la farsa identitaria tras la que se ocultan oligarcas a la caza de rentas y privilegios, socialistas a la caza de tontos útiles. Hoy el Partido Republicano de Estados Unidos es el del hombre común. El partido los ricos –que quieren seguirlo siendo sin competencia– de arrogantes oligarcas y de grandes corporaciones tecnológicas que pretenden imponer su agenda ideológica sobre la gente, es el Partido Demócrata. El mejor medio para esa agenda de oligarcas –aunque a los ingenuos los sorprenda– es el socialismo, ya que es la estafa mediante la que, en nombre de la igualdad y por resentimiento envidioso, un pequeño grupo de todopoderosos privilegiados gobierna y explota a una enorme masa de empobrecidos y esclavizados miserables.

La apuesta del rinoceronte

Cuando Trump dijo a sus seguidores “ellos no vienen por mí, vienen por ustedes, yo simplemente estoy atravesado en medio” explicó la verdadera clave del “trumpismo”. Termine como termine la lucha del presidente contra lo que –junto con el Partido Republicano, sus abogados y demandantes independientes– considera él un presunto fraude electoral masivo, ese compromiso mutuo entre Trump y las bases conservadoras no se quebrará fácilmente.

Los rinocerontes apuestan contra Trump para “heredar” el nuevo Partido Republicano y venderlo –o alquilarlo– a sus amigos burros. Creen que les será fácil deshacerse de Trump, y más fácil manipular a esas minorías que están haciendo un nuevo Partido Republicano –gracias al liderazgo y las políticas de Trump– con populismo copiado del antiguo Partido Demócrata. Pero lo que los condujo a ese partido fue el sueño americano, algo que jamás entenderán los rinocerontes porque jamás lo han compartido. La estrategia del rinoceronte está condenada, incluso ganado su apuesta. Si lograsen deshacerse de Trump, ganarían el odio y la furia de las bases conservadoras. Y si no pueden controlarlas, no tienen nada para negociar con sus amigos burros. Los rinocerontes son astutos y realistas, aunque cortos de vista estrechos de miras, buena parte de ellos terminará por entender que su viejo estilo no tiene lugar. Las bases conservadoras no se dejarán manipular y el burro con quien quieren negociar los espera con un puñal escondido. Les guste o no.

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