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El último debate: Trump vs Biden, ¿quién ganó?

Como un buen estratega militar, Trump extendió trampas en las cuales Biden fatalmente cayó

Los debates presidenciales no poseen un dictamen constitucional en la república americana. No obstante, éstos representan un adendum informal que constituyen una parte integral del tejido electoral. La contienda presidencial de 2020 entre el presidente Donald Trump (republicano) y el exvicepresidente Joe Biden (demócrata) no ha sido una excepción. Este encuentro, el segundo (o supuesto tercero) y último de la campaña, fue suspensivo hasta su conclusión.

Esta contienda política, por no decir la presidencia entera de Trump, ha visto cosas muy excepcionales. Nunca la prensa y los órganos tecnológicos habían adoptado posiciones tan ideologizadas. Para ambos candidatos, este debate era importante. Trump necesitaba sobrepasar los obstáculos que los medios (de comunicación y sociales) y los imperios tecnológicos le habían impuesto. Esto sería, para el candidato republicano, como un Twitter feed en masa, una última oportunidad de increpar a su opositor y hacer el trabajo de un periodista. Biden, para sellar una victoria que sus encuestas selectas parecían asegurarle, tenía la tarea de convencer, satisfactoriamente, a la audiencia sobre el grado de su salud mental, que no era un peón de la ultraizquierda y que no era corrupto.

En el primer encuentro, el moderador, Chris Wallace, desnaturalizó el rol que le correspondía y protegió a Biden. En el boxeo, dirían que “tiró la pelea”. El supuesto segundo debate nunca ocurrió. La junta organizadora, la Comisión sobre Debates Presidenciales, categorizada como “bipartidista”, compuesta por demócratas y republicanos anti Trump (estos son peores que los demócratas) decidió cambiar a última hora el formato y el presidente la boicoteó, entendiendo que esto era una trampa para favorecer, logísticamente, a Biden.

No fueron pocos los que pensaron que Kristen Welker, una reportera de NBC cuya familia tiene lazos profundos con políticos demócratas como donantes, no podría ejercer con imparcialidad el reto de ser moderador. Después de todo, hasta su Navidad en 2012 la pasó en la Casa Blanca con los Obama. La lista de tópicos que publicó unos días antes favorecía a Biden por los temas que omitía, por un lado y los que incluía por otro: la respuesta al Coronavirus, la seguridad nacional, familias/economía, relaciones raciales, cambio climático y liderazgo ¿Cuál fue el resultado del debate o quién ganó? Vamos a ver ciertos puntos.

El partido demócrata ha utilizado el Coronavirus como una herramienta apocalíptica para criticar las medidas del presidente, catalogándolas como insuficiente y hasta “criminales”. Muchos encuestadores apuntaban a este tópico como uno en el cual los votantes independientes podrían ser persuadidos a favor de Biden. Ese objetivo crucial para el candidato demócrata, jamás lo alcanzó.  La razón fue una de táctica en el modo en que el debate se desarrolló. Trump estuvo a la ofensiva toda la noche. Biden, en cambio, parecía el incumbente al estar defendiéndose todo el tiempo.   

El lema no escrito de Trump fue un constante: “yo he hecho más en 47 meses, de lo que tú has hecho en 47 años”. “Toda palabrería y nada de acción” (“all talk and no action”) fueron las palabras precisas. El debate entero fue un procesamiento contra el récord, no sólo de Biden, sino de la presidencia de Obama también. El exvicepresidente estaba, visiblemente, desenfocado y en búsqueda de una buena idea o al menos, de una buena expresión para salirse de lo que pareció ser 90 minutos de pura tortura. Ni de las famosas “jaulas” se salvó. Como un buen estratega militar, Trump extendió trampas en las cuales Biden fatalmente cayó. Algunos puntos sobresalientes de esta gesta exitosa fueron: el petróleo y la fracturación hidráulica (“fracking”), la “opción pública” en el cuidado médico, las relaciones raciales y la corrupción de los Biden.

Decirle al mayor productor de petróleo en el mundo, después de haber alcanzado éste la independencia energética y de haber elevado el estándar de vida del país a raíz de ese logro, que vas a ir eliminando ese sector productivo y que piensas sustituirlo con alternativas abstractas “verdes”, es una locura política. Si tomamos en cuenta que Texas, Pennsylvania y Ohio, tres estados súper claves en el mapa electoral, son productores de petróleo y sus derivados, el desliz de Biden fue un acto de harakiri. La cuestión de la fracturación hidráulica fue otro ejemplo de autoflagelación.

En repetidas ocasiones, el exvicepresidente ha insistido públicamente en su postura contra la práctica de la fracturación hidráulica. Ese ejercicio facilitado por la tecnología es en gran medida la razón por la cual los Estados Unidos ha logrado alcanzar su independencia energética. Biden lo desmintió y retó a Trump a colgarlo en el sitio web de su partido. Esperen los anuncios políticos que saldrán en esos estados cruciales con grabaciones enfatizando las contradicciones y mentiras del candidato demócrata.

Cuestionado sobre la “opción pública” en su esquema de cuidado médico llamado “Bidencare” por su propio autor, quedó evidente que es nada menos que la medicina socializada con otro nombre. En la explicación que ofreció, pienso que ni él mismo se lo creyó. Algo parecido ocurrió con la defensa de su historial como coautor de legislación que llevó a miles de negros americanos a la cárcel por cargos menores. Sin embargo, tal vez la maniobra más contundente de Trump contra su oponente fue colocar sobre el tapete el caso de la corrupción crasa de la familia Biden, tema que no estaba agendado para el debate y que los medios han tratado de silenciar.

Los artículos del New York Post y la aparición del testigo clave, Tony Bobulinski, le va a costar a Biden una buena cantidad de votos. El nivel de corrupción es tan obsceno, que algunos los llaman el cartel Biden. Aún dentro de los odiadores de Trump, habrá un porcentaje que se abstendrán del proceso. Eso sería, en efecto, un voto por Trump en el modelo americano del voto voluntario. El presidente logró colocar este acontecimiento tan importante sobre el tapete.  Cuando se habló de la integridad moral, lo que resonaba era lo del “10%” del “hombre grande” (“big guy”). Trump logró sobrepasar las barreras de la censura y presentar su caso ante la opinión pública.

Durante el evento, Trump, le extendió una sonrisa a Welker y le agradeció el estar haciendo un mejor trabajo que los otros moderadores. La periodista de NBC se mereció el reconocimiento. La amenaza del micrófono potencialmente silenciado, funcionó a beneficio del presidente. Biden, si lo dejas hablar, invariablemente, va a cometer una imprudencia o algo peor ¿Quién ganó? Pues, Trump. Y ganó por trompadas.  

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  1. Muy buena nota! Del debate me resulto muy interesante cuando se discutió el tema del salario mínimo. La idea demagogia de Biden de subirlo sin importar que implica muestra que no tiene idea de lo que dice. Por su parte, Trump demostró que sabe lo que implica una suba del salario mínimo y que no beneficia en absoluto a los trabajadores y mencionó que sería una decisión de cada Estado determinarlo. Cada Gobernador conoce mejor las circunstancias de su Estado y es probable que maneje mejor la situación que un Presidente desde Washington.

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