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Un buen acuerdo tras el Brexit

Llega el momento de adaptar las estructuras de la UE, reconstruir alianzas y dar la batalla conjunta en un nuevo y continuamente cambiante escenario, tanto económico como geopolítico.

El 24 de enero a las 14:44 llegaba a todos los medios de comunicación el documento con las principales premisas del acuerdo comercial y de cooperación que pone punto y aparte al Brexit. Dicho acuerdo marca las pautas de la relación entre el Reino Unido y la Unión Europea a partir del 1 de enero y tiene por ello una enorme relevancia a nivel económico, geopolítico y social.

Antes que nada, debemos tener claro que la ruptura de un área única económica y social nunca es un hecho por el que alegrarse y que, sin duda, la relación entre Reino Unido y la Unión Europea será mucho menos fluida de ahora en delante de lo que lo ha sido en estos últimos 47 años. Es por ello por lo que el acuerdo en ningún caso resultaría óptimo, sino más bien un pacto de mínimos en el que se establecieran unas premisas básicas para la continuación de una relación histórica y, sobre todo, se abriera la posibilidad de continuar con las negociaciones sobre la relación UK-UE en un entorno post-Brexit y con menor presión de los focos mediáticos. De momento, lo único que tenemos es el acuerdo firmado y es por ello por lo que debemos concentrar nuestro análisis en aquello firmado y estipulado y no tanto en divagaciones sobre el futuro de la relación. Vamos a ello.

En primer lugar, el acuerdo de Brexit se centra principalmente en establecer los términos de la relación UK-UE en materia de circulación de bienes, capitales y personas, pactos internacionales en materia de seguridad y defensa, inversiones transnacionales, gobernanza, etc. En mi opinión, dicho acuerdo, cerrado en extremis, es positivo para ambas partes, ya que permite mantener la relación activa, da lugar a futuras negociaciones y mejoras de este y, ante todo, evita un Brexit -aún más- caótico.

El marco de adaptación dinámico al que da lugar el acuerdo es, en mi opinión, uno de los puntos clave de este, ya que muchos puntos más técnicos o conflictivos no se han tratado en su plenitud en este acuerdo o simplemente se ha llegado a un entendimiento de mínimo, lo que hace que el marco de adaptación dinámico cobre una gran importancia para adoptar soluciones futuras o expandir lo acordado entre las dos potencias en materias como finanzas, sanidad, protección de datos, etc. Si se trabaja sobre una mejora de la relación y se reducen las fricciones, lógicamente existentes entre ambos bloques, en algunos años podríamos ver a Reino Unido mantener una relación con la UE similar a la de algunos países como Suiza. En ningún caso será un “Soft Brexit”, pero si un mal menor cuando una solución perfecta no era esperable tras el tiempo malgastado por ambos bloques respecto a la negociación.

Entrando en materia, cabe resaltar que el acuerdo, aún siendo de mínimos, es muy cuidadoso a la hora de tratar de mantener abiertas al máximo posible las relaciones comerciales; no únicamente de bienes y servicios, sino también a nivel inversor, en materia de competencia, transparencia fiscal o energías renovables y nuclear. El documento de salida establece que se aplicarán aranceles y cuotas cero para todas las mercancías UK-UE que cumplan con las reglas de origen establecidas. En este sentido, se deberá garantizar un level playing field a través del mantenimiento de un nivel muy similar de protección ambiental (a través por ejemplo de la fijación de precios al carbono), y en materia de derechos sociales y laborales, así como en términos de ayudas públicas a empresas. Ninguno de los bloques podría desviarse en demasía de dichas condiciones previamente establecidas, aunque, en caso de que esto ocurriese, el propio documento establece un mecanismo vinculante de resolución de conflictos entre ambas partes, dando lugar a la aplicación de medidas correctivas previamente aprobadas por dicho mecanismo.

Un mecanismo de resolución de conflictos tras el Brexit

El mencionado mecanismo recibe el nombre de Joint Partnership Council y velará por la correcta interpretación y cumplimiento del acuerdo por ambas partes, solventando los problemas y fricciones que surjan. Esto es muy relevante, ya que garantizará que las empresas de la UE y Reino Unido compitan en igualdad de condiciones evitando una distorsión de la competencia a través de ayudas públicas por un abuso de su autonomía regulatoria por parte de cualquiera de las dos potencias. Como se ha comentado, en caso de que algunas de las partes incumplan las condiciones, el Joint Partnership Council puede aprobar la aplicación de represalias intersectoriales como medida correctiva.

La cuestión de la pesca fue muy disputada en las negociaciones del acuerdo, y finalmente se llegó a firmar que las flotas comunitarias podrán seguir pescando en aguas del Reino Unido, aunque con un recorte del 25 % de la cuota disponible hasta ahora. Dicho acuerdo sobre la pesca se extenderá durante cinco años y medio, tras lo cual las cuotas de pesca habrán de negociarse y aprobarse año a año.

En cuanto al transporte, el acuerdo pretende mantener la máxima conectividad posible del transporte aéreo, por carretera, ferroviario o marítimo, aunque en términos de transporte de bienes, el acceso de los europeos al mercado británico y de los británicos al mercado europeo será inferior bajo estas condiciones en contraste con las estipuladas por el mercado único.

Respecto a lo pactado en materia energética, el acuerdo garantiza la competencia abierta y leal, incluyendo seguridad energética (haciendo referencia a energía nuclear) y producción de energía renovable.

Uno de los puntos que me parecen más interesantes del acuerdo es la pactada coordinación de la seguridad social, que garantizaría una serie de derechos básicos de los ciudadanos de la UE y Reino Unido en ambos territorios, afectando especialmente a los que estudiamos en Reino Unido, a los trabajadores en ambos territorios o aquellos que planteen mudarse a Reino Unido desde la UE o viceversa. Asimismo, el acuerdo establece la continuación de la participación de ambas potencias en varios programas UE para 2021-2027 como podría ser Horizon Europe o el programa espacial Copernicus. Desgraciadamente, el programa Erasmus se queda fuera de dicho acuerdo, por lo que a partir de 2021 los programas estudiantiles entre ambos bloques no se encontrarán financiados, organizados ni promocionados por las instituciones europeas para ciudadanos británicos, ni los europeos a la inversa.

Cabe resaltar que, aunque el Acuerdo de Comercio y Cooperación no es únicamente un simple tratado de libre comercio, ya que proporciona unas bases extensibles de cooperación muy amplias, aún deja muchos aspectos sin cubrir, que serán las áreas donde el Brexit más se haga notar. Hago referencia en particular a la ausencia de un marco común en materia de política exterior, defensa (más allá de la OTAN) o ciertos aspectos de seguridad (aunque si continuará la cooperación de la justicia y la policía). Asimismo, en materia de seguridad se incluye seguridad sanitaria, por lo que se continuaría cooperando en asuntos como programas y/o estrategias comunes frente a la propagación de la Covid-19.

En conclusión, creo que nos encontramos ante un buen acuerdo, si tenemos en cuenta los posibilidades y el tiempo restantes. Debemos tener en cuenta que este nunca habría resultado en un acuerdo óptimo, ya que los Tories se opusieron en todo momento a un “Soft Brexit”, por lo que un acuerdo, aún de mínimo, que garantice la continuidad de un comercio fluido (aunque nunca volverá a ser lo que fue) entre ambos bloques, abierto a futuras negociaciones y mejoras, es todo un éxito por ambas partes, especialmente la europea. Ahora llega el momento de adaptar las estructuras de la UE, reconstruir alianzas y dar la batalla conjunta en un nuevo y continuamente cambiante escenario, tanto económico como geopolítico.

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