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El libertarismo más allá de Unicornia, en el mundo real. Imagen: TheCoolQuest vía Flickr

A los libertarios de Unicornia, con cariño

Los libertarios deben elegir entre permanecer puros en la irrelevancia de Unicornia o hacer política real, con riesgos y reglas reales, para hacer la diferencia

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Unicornia es una tierra hermosa en los límites el continente de las hadas. Hay ríos de agua pura, manantiales de chocolate, nubes de algodón de azúcar, casas de caramelo y modelos ideológicos que se aplican a rajatabla, permitiendo que la realidad sea fácil de interpretar, sin necesidad de matices o adaptaciones.

En Unicornia la vida es alegre y fácil, llena de seminarios, de think tanks, de conferencias y charlas de café en las que todos están de acuerdo y donde, bajo el humo de un macchiato con el logo de la sirena, es posible crear los planos de la estrategia para construir un mundo perfecto. El único problema es que las reglas de Unicornia no aplican en el mundo real.

El cuentito viene al caso porque la comunidad libertaria cayó en un amargo conflicto entre quienes denunciamos la grotesca censura coordinada por las grandes empresas tecnológicas en contra de Donald Trump y quienes se apalancaron del argumento que “son empresas privadas y pueden hacer lo que quieran”, para justificar lo que estaba pasando y condenar a los demás como falsos libertarios.

Trump no es el gobernante ideal. Ninguno lo es, porque este mundo no es Unicornia. Imagen: EFE/ERIK S. LESSER
Trump no es el gobernante ideal. Ninguno lo es, porque este mundo no es Unicornia. Imagen: EFE/ERIK S. LESSER

Vamos a hablar claro

Estimados libertarios de Unicornia, mis amigos; es momento explicarles algo con toda la caridad y claridad que amerita el tema: Si van a meterse a temas políticos, no pueden pretender que se juegue con las reglas de Unicornia en el mundo real.

Esto aplica respecto al “es que las empresas son privadas y por lo tanto pueden hacer lo que quieran”. Afirmarlo así implica tratar a las empresas con la misma adoración absoluta que los socialistas le dedican al Estado. De fondo, la única diferencia entre un libertario y un socialista de Unicornia es a qué tipo de instituciones le asignan un papel puro y angelical (unos a las empresas, otros a los gobiernos). Ambos están equivocados.

La verdad es que ni las empresas ni el Gobierno son angelicales o malvados, porque ninguno de los dos actúa (es Mises 101 gente, sólo el individuo actúa). Lo que percibimos como acciones de las empresas o del Estado son, en realidad, los actos que realizan individuos específicos con capacidad de decisión al interior de esas organizaciones, y hay veces en que “las empresas” actúan con un objetivo político, involucrándose directamente en el campo de batalla de la política y del Estado, aunque sean empresas privadas.

En este caso, lo que hicieron las grandes empresas tecnológicas al callar a Donald Trump, destruir Parler y censurar a millones de simpatizantes del candidato republicano no fue una decisión meramente empresarial. Fue un acto político, diseñado para silenciar y debilitar a la maquinaria política de la derecha, fortaleciendo el carácter casi hegemónico del discurso de la progresía.

Fueron mucho más allá de una decisión comercial, y ese acto tiene consecuencias directas sobre las libertades individuales de millones de personas, además de consolidar la “cultura de la cancelación” que avanza dañando incluso a personas comunes y corrientes, mientras la progresía se radicaliza hacia el socialismo totalitario.

Traducido al castellano, esto significa que las grandes empresas tecnológicas actuaron para ayudar a la izquierda radical a imponerse políticamente, debilitando a los republicanos y enviando un mensaje muy claro para que todos sepan que quien se atreva a desafiar a la progresía estará en riesgo de ser censurado y extinguido. No lo hicieron por Trump, lo hicieron para poner el ejemplo.

Inocentes, realistas, pragmáticos

Los libertarios de Unicornia, al aferrarse a la cantaleta de “es que son empresas privadas” y no entender que esas empresas son capaces de actuar políticamente y convertirse en parte de una maquinaria de censura, se niegan a entender el mundo real, donde la política se juega con maquinarias o ecosistemas que van más allá del gobierno o los partidos políticos; los medios de comunicación, la Academia, los activistas sociales y los empresarios también forman parte de esas maquinarias.

Aquí el libertario de Unicornia, mi amigo, podría responderme: “Oye, ¿pero todo ese rollo no será una forma de justificar tu pragmatismo inmoral o incluso tu traición al libertarismo, al apoyar a Donald Trump?

La pregunta es válida, y mi respuesta es la siguiente:

No. Hay una diferencia entre el realismo y el pragmatismo. El realismo entiende que hay una serie de reglas que están predefinidas y con las cuales es necesario jugar, mientras que el mero pragmatismo pretende un interés estrictamente egoísta a cambio de traicionar los principios que pretendía defender. El realista entiende que para defender la libertad en el ámbito político tiene que jugar con las reglas del ámbito político; el pragmático no quiere defender la libertad, sino sólo utilizarla como pretexto.

Siendo así, “es casi imposible distinguir a los realistas de los pragmáticos”, me responderá el libertario.

Es cierto, porque en el mundo real los buenos y los malos no van por la vida con cascos de diferentes colores. En la vida real, la gran mayoría de las personas estaremos en algún punto intermedio y no será fácil distinguir a los buenos de los malos y los regulares.

Sí, sería mucho más fácil vivir en Unicornia, donde todas las empresas son buenas, todos los gobiernos son malos, todos los incentivos están claros y todos los escenarios están modelados en un bonito libro, una interesante conferencia o una sabrosa taza de café. Pero no es así.

Como libertarios una de las cosas que sabemos es que la realidad existe de antemano y no podemos moldear a la sociedad como si fuera barro (eso es lo que intentan hacer los izquierdistas, con resultados genocidas). De forma semejante, si vas a hacer política no puedes inventarte tus reglas, aliados y enemigos; tienes que entrar en un escenario que ya está construido, jugar bajo una serie de reglas o de consecuencias que están predefinidas y con jugadores que estaban ahí antes de que llegaras.

La política se hace en el mundo real, donde no se juega con las reglas de Unicornia. Imagen:  EFE/EPA/CRAIG LASSIG
La política se hace en el mundo real, donde no se juega con las reglas de Unicornia. Imagen:  EFE/EPA/CRAIG LASSIG

De ser inocentes a ser “tontos útiles” hay un solo paso

En Estados Unidos es muy claro que existen dos grandes maquinarias políticas: La progresía, que se ha apropiado de la antigua maquinaria liberal e incluye al Partido Demócrata, Hollywood y las élites académicas y las grandes ciudades; y la conservadora, que incluye al Partido Republicano y a una alianza cada vez más diversa basada en el amor a los Estados Unidos y el respeto a las tradiciones e identidad del país.

Como libertario estoy convencido de que la maquinaria más cercana a nuestros valores y a nuestra visión es la conservadora. La progresía es crecientemente autoritaria y totalitaria, pretende dictar cada vez más aspectos de nuestra vida y tiene el poder para impulsar esas tiranías en los Estados Unidos y a nivel internacional, por medio de ocurrencias que se acumulan y cierran espacios de decisión individua, desde la prohibición de los popotes, hasta las “cuotas” definidas centralizadamente, la “corrección política” y la obligación de hablar con pronombres ridículos.

Oye, me responderías, “¿y la maquinaria libertaria, el partido libertario?” Bueno, seamos sinceros: Después de casi 50 años de existencia, el Partido Libertario no está ni cerca de ser relevante y menos aun de ser competencia para los dos grandes. Peor aún, parece condenado a convertirse en un compañero de viaje (tonto útil) de la progresía, celebrando las libertades sexuales mientras se convierte en cómplice silencioso en la pérdida de todas las demás.

O la paz irrelevante de Unicornia, o la útil incertidumbre del mundo real

Amigo libertario de Unicornia, yo también he vivido en aquel país de fantasía y certezas absolutas. No niego que es un hermoso lugar y entiendo que te guste estar ahí, pero no puedes vivir en ambos mundos a la vez (acuérdate que la escasez es un elemento de la acción humana).

Tienes dos opciones:

La primera es permanecer en Unicornia, cómodo en tu think tank, tu cafecito y en tu conferencia, denunciando los males del mundo recitando a teorías y burlándote de los pragmáticos que están allá afuera, pero serás irrelevante. Lo tuyo será un mero pasatiempo, como el de un modelista de trenes, un lector de cómics, o un aprendiz de klingon.

La segunda opción es entrarle a la política y hacer política. Ello significa caer de las certezas de Unicornia a los matices y el polvo de la vida real. Implica ensuciarse, arriesgarse, equivocarse; pero también (con algo de suerte) te permitirá hacer una diferencia real en el mundo.

Yo elijo la segunda opción. Ojalá tú también.

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