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La Unión Europea no podría lograr por sí misma una defensa creíble de Europa

Unión Europea, El American

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Una nueva arquitectura de la defensa parecería el más importante desafío de la Unión Europea (UE). Pero la UE no puede responder materialmente. Los análisis geopolíticos y geoestratégicos empiezan por la geografía y Europa es una península al oeste de Eurasia a la que la geopolítica le señala como su mayor peligro la emergente alianza entre Rusia, China e Irán. 

Europa depende para su defensa de la OTAN y por ello de Washington. Y cualquier esquema de defensa europeo creíble requiere de países que no forman parte de la Unión Europea, como Islandia, Noruega, Turquía y el Reino Unido.

Noruega e Islandia son el flanco noroeste de Europa y Turquía su flanco sureste. Noruega e Islandia controlan el acceso al mar del Norte y Turquía al acceso al Mediterráneo desde el mar Negro. El Reino Unido es una potencia nuclear con una de las mayores fuerzas militares del mundo y una relación especial con Washington en la OTAN y en los 5 ojos.

Así que cualquier esquema de defensa europeo creíble pasa por la alianza atlántica, de una u otra forma. Si Suecia y Finlandia entran a la OTAN, como han solicitado la alianza, mejoraría su posición en el mar Báltico, pero la resistencia de una Ankara en doble juego entre Moscú y Washington pone en duda esas incorporaciones y a la propia alianza en el mar Negro.

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Washington lidera claramente la OTAN y reclama a Europa beneficiarse de su protección sin asumir su parte del costo. Era un problema manejable en la guerra fría contra la URSS, pero será un problema mucho mayor enfrentando una alianza encabezada por Beijing, porque la economía China supera ampliamente en capital, tecnología e influencia comercial, a lo que llegó a tener en su mejor momento la economía soviética.

Y Europa tiene sus propios reclamos ante Washington desde que los acuerdos bipartidistas que le dieron continuidad a la política de defensa de los Estados Unidos desde por medio siglo se deshicieron gradualmente tras el colapso de poder soviético. Ahora la Casa Blanca cambia con impredecible frecuencia el rumbo de Washington en el mundo, haciendo de la seguridad europea tan dependiente de Washington un rehén de la política electoral americana.

La OTAN seguirá el rumbo de Washington, por lo que una defensa europea robusta únicamente será creíble si está en capacidad de tomar algunas medidas con cierta independencia de la OTAN. Y hasta ahora, en conflictos tan próximos como los de los Balcanes, Libia, Irak, Siria e incluso Ucrania, Europa ha dependido materialmente de Washington.

Otro problema es la centralización y burocratización de la UE porque diferentes regiones de Europa tienen problemas de seguridad y defensa, distintos y distantes. Alemania apostaba hasta hace muy poco por su dependencia energética de Moscú para complacer políticamente al influyente ecologismo antinuclear, mientras que Francia apostó por la energía nuclear para reducir su dependencia del combustible foráneo, pero ambas coincidieron en apoyar la suicida complacencia de Obama –y ahora de Biden– con Teherán, mientras Europa Oriental veía a Rusia con temor y desconfianza y al sur las amenazas percibidas más inmediatas y significativas se originarían en África del Norte y Oriente Medio, relacionándose estrechamente con la complejidad política de una inmigración ilegal masiva apoyada políticamente por la izquierda y el grueso de la intelectualidad europea. 

La única forma de llegar a consensos sería desarrollando e integrando de manera flexible varias organizaciones regionales de defensa europeas en torno a grupos de países con preocupaciones afines, sin la centralización y burocracia de Bruselas de por medio. Los europeos del sur podrían unirse para asegurar el flanco mediterráneo, mientras Europa Central y Oriental, que va del Báltico hasta al mar Negro, fortalecería mediante nuevos acuerdos militares regionales alianzas políticas y comerciales incipientes.

No es fácil y tal vez sea políticamente impracticable, pero es necesario y depende de lograr una efectiva cooperación estratégica flexible entre varias nuevas alianzas regionales europeas, que deberían a su vez cooperar entre sí y con la OTAN, integrando en una nueva arquitectura de la defensa europea al Reino Unido, Noruega, Islandia y en algún grado a Turquía.

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