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¿Por qué los planes de vacunación en la Unión Europea han sido un desastre?

Es imposible justificar la ineficacia de Europa para desarrollar un programa de vacunación exitoso cuando otros países desarrollados han tenido mucho más éxito

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El 19 de junio de 2020, el presentador de la MSNBC, Chris Hayes, dedicó un tiempo de su programa a comparar las respuestas de Estados Unidos y las de la Unión Europea (UE) para hacerle frente a una pandemia que estaba haciendo estragos. En ese momento, USA tenía muchos más casos diarios confirmados que la UE y muchos criticaban la respuesta americana a la pandemia. En su programa, Hayes argumentó que, en términos comparativos, la UE había tenido éxito donde Estados Unidos no lo había tenido, diciendo categóricamente «Europa ha contenido el virus, nosotros no».

Si avanzamos ocho meses, probablemente Chris Hayes se esté arrepintiendo de haber dicho esas palabras. En estos momentos, Europa y Estados Unidos viven en dos mundos diferentes: mientras el presidente Joe Biden dijo que las vacunas estarían disponibles para todos los adultos a principios de mayo, el proceso de vacunación en la UE ha sido excesivamente lento y Europa se prepara para una nueva serie de confinamientos generalizados, y los expertos afirman que una tercera oleada «ya ha comenzado», mientras que el desarrollo de programas de vacunación han sido un fracaso.

El mundo desarrollado ha comenzado a hacer avances significativos en sus programas de vacunación. Estados Unidos ha entregado más de 105 millones de dosis, con un 20,7 % de la población total que ha recibido al menos una dosis, el Reino Unido ha entregado más de 23 millones de primeras dosis (casi un tercio del país) e Israel ha implementado el programa de vacunación más exitoso del mundo, con un 55 % de la población que ha recibido al menos una primera dosis.

El proceso de vacunación en la UE, en cambio, está peligrosamente atrasado. Según las autoridades sanitarias europeas, en Alemania (mundialmente famosa por su “eficacia”), solo el 8,5 % de la población ha recibido una dosis, Francia le sigue de cerca con un 8,2 %, mientras que países como Bulgaria y Letonia apenas han conseguido vacunar a poco más del 4 % de su población.

A pesar de la audaz declaración de Hayes en julio del año pasado, está claro que la UE no ha suprimido el virus, ya que otras naciones desarrolladas han seguido adelante con un programa de despliegue de vacunas que garantiza a sus ciudadanos el regreso a la normalidad lo antes posible. Sin duda, Europa respondió mejor que Estados Unidos a la crisis en las primeras fases. Pero después de un año de COVID-19, USA y el Reino Unido parecen estar más cerca del final de la pandemia que la atribulada Europa y el caótico proceso de vacunación en la UE.

La vacunación en Europa ha sido poco satisfactoria y ha dejado en evidencia varias de las debilidades estructurales de la UE. (EFE) Vacunación en la Unión Europea
La vacunación en Europa ha sido poco satisfactoria y ha dejado en evidencia varias de las debilidades estructurales de la UE. (EFE)
Más confinamientos sin un plan: la vacunación en la Unión Europea

Muchos países de Europa llevan meses imponiendo restricciones para frenar la pandemia y las tasas de infección en el continente, especialmente desde mediados de diciembre del año pasado, cuando se descubrió en Gran Bretaña una nueva cepa del virus más contagiosa.

Países como España, República Checa, Bélgica, Portugal e Irlanda mantendrán algunas restricciones importantes hasta finales de abril o principios de mayo. Mientras tanto, Alemania e Italia se están preparando para la posibilidad de una tercera oleada de COVID (y más restricciones), ya que el número de infecciones diarias aumenta considerablemente.

Sería comprensible que Europa siguiera con este conjunto de medidas restrictivas sin un final a la vista si no hubiera vacunas o si estuviéramos a principios de marzo de 2020. Es imposible justificar la ineficacia de Europa para desarrollar un programa de vacunación exitoso cuando otros países desarrollados han tenido mucho más éxito. Incluso la pequeña Gran Bretaña, que se suponía aislada e indefensa tras el Brexit ha tenido un programa de vacunación mucho mayor que los competentes y razonables burócratas de Bruselas.

El plan de vacunación de Europa es una enorme vergüenza. Como se explica en un artículo en Politico Europe, USA implementó una de las asociaciones más asombrosas con el sector privado para desarrollar vacunas en un tiempo récord (Operación Warp Speed), el Reino Unido negoció rápidamente acuerdos con las empresas farmacéuticas para asegurarse de que sus ciudadanos obtendrían sus vacunas primero, por otro lado, la UE entró en un largo proceso de negociación y firmó sus contratos con AstraZeneca casi tres meses más tarde que los británicos.

La larga negociación ha puesto de manifiesto uno de los fallos estructurales de la UE: su excesiva dependencia del aparato político asentado en Bruselas. La mayoría de los países de la UE decidieron entregar todo su poder de negociación a la Comisión de la UE, que entonces tuvo que equilibrar los intereses de los 27 países de la UE, al tiempo que ejercía su poder de mercado como forma de garantizar un precio barato en las vacunas. La Comisión lo consiguió, las vacunas son más baratas, pero ¿a qué precio?

El problema es que, aunque algunos países tuvieran la voluntad de entablar negociaciones más rápidas con las farmacéuticas, el esquema de negociación cooperativa de las vacunas lo hacía imposible. Lo que hace que la decisión de la presidente de la Comisión de la UE, Ursula von der Leyen, de jugar duro con las compañías farmacéuticas sea un acontecimiento que cambie la vida de millones de europeos.

Ursula von der Leyen, presidente de la Comisión de la UE, ha sido duramente criticada por su estrategia de negociación con las farmacéuticas que crearon la vacuna del COVID-19. (EFE)

Lo que es peor, muchas de las pocas vacunas disponibles en Europa siguen sin utilizarse. Algunos líderes europeos han puesto en duda la eficacia de la vacuna de Oxford/AstraZeneca, y el presidente francés Emmanuel Macron la ha calificado de «casi ineficaz» entre las personas mayores de 65 años, una afirmación que podría no ser lo mejor si se quiere poner en marcha un amplio programa de vacunación en uno de los países más escépticos a las vacunas en un continente que tiene poca confianza en ellas.

Así que, para recapitular, la estrategia de Europa para hacer frente al virus: imponer un estricto confinamiento sin estrategia de salida, no ser el principal partidario de las innovadoras vacunas de Pfizer o ModeRNA, entablar una larga e innecesaria negociación dirigida por un burócrata no elegido que retrasa por meses el programa de despliegue, y poner en duda una de las vacunas en las que el continente confía y que ha sido aprobada por los expertos médicos.

Los confinamientos son perjudiciales para la sociedad a medio y largo plazo. Causan dolor económico y fuerte tensión psicológica. Son una medida que solo mira al corto plazo mientras que se necesita una estrategia de salida de la crisis a largo plazo. Viendo el proceso de vacunación en la UE parece que los gobiernos están muy interesados en aplicar los confinamientos, pero no son tan astutos a la hora de aplicar la solución que podría acabar con esta crisis: las vacunas.

La historia juzga a las naciones y a los líderes después de evaluar los resultados de sus políticas a largo plazo (no en el calor del momento como hizo Chris Hayes) y la perspectiva no se ve bien para los líderes de la UE hoy, con casi el mismo número de muertes que Estados Unidos y la misma incompetencia en la entrega de la vacuna, que seguramente costará miles de vidas más.

A pesar de que muchos en el continente han tenido la ambición de jugar un papel geopolítico más independiente y asertivo en el mundo, el reciente colapso de la vacunación en la UE ilustra perfectamente la naturaleza lenta y engorrosa del proyecto europeo. Hoy es difícil saber qué se tarda más: que la UE se ponga de pie y defienda el orden liberal global o vacunarse en Alemania.

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