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La verificación de noticias apesta a censura soviética. Imagen: Unsplash

La verificación de noticias apesta a censura soviética

La verificación de noticias es útil para desmentir cosas fácilmente comprobables, pero imponer la “versión gubernamental” apesta a censura soviética

La verificación de noticias, para señalar aquellas que constituyen la información falsa es una de las prioridades para las redes sociales y especialmente para Facebook, que ha construido una alianza con organizaciones periodísticas, como la Associated Press (AP), para identificar los bulos y disminuir su alcance.

Sin embargo, la falta de transparencia respecto al proceso de verificación, al igual que la inexistencia de canales de apelación al alcance de los usuarios comunes, junto con la preocupante falta de sentido común por parte de los supuestos verificadores, están convirtiendo a este proceso en un ejercicio cada vez más cercano a la censura soviética.

Hace unas semanas platicábamos que habían declarado como falso a un meme. Bueno, pues ahora están dando un paso todavía peor hacia la imposición de una verdad oficial, dirigida ni más ni menos que por el Gobierno.

La verificación de noticias estilo soviético

He aquí un ejemplo muy claro de este fenómeno. El pasado 21 de agosto, el senador mexicano Julen Rementería (PAN-Veracruz) publicó el siguiente tuit: “Con el “pretexto” del huracán Grace, el Gobierno mexicano quitó la electricidad y la señal de teléfono desde ayer en los municipios de la zona norte del estado de Veracruz. No quieren que las imágenes del desastre estén en Internet porque ellos desaparecieron el FONDEN.”

El pantallazo de dicho tuit rápidamente se expandió a través de las redes sociales, compartido principalmente por usuarios que se oponen al régimen de Andrés Manuel López Obrador (AMLO), hasta que un par de días después, Facebook lo clasificó como información falsa.

¿El motivo? Una “verificación” de la Associated Press que desmiente el tuit, bajo el título: “México no bloqueó internet y electricidad para censurar imágenes de desastre”.

El problema es que la supuesta verificación se basó únicamente en declaraciones de funcionarios públicos, sin ninguna fuente externa que respaldara el desmentido de un Gobierno que, evidentemente, negaría haberle cortado de forma intencional la electricidad y el teléfono a miles de ciudadanos en medio de un desastre.

Sin ruborizarse ni un poquito, la AP señala que: “Un vocero del Gobierno de Veracruz dijo a The Associated Press que no es verdad lo que se afirma” y más adelante añaden, citando al mismo funcionario, que: “Ivan Luna, coordinador de Comunicación Social del Gobierno de Veracruz, dijo a AP en un mensaje de WhatsApp que no es verdad que los servicios hayan sido suspendidos por el Gobierno”.

Sí, leyeron bien. La asidua labor de verificación consistió en: “Ivan Luna, coordinador de Comunicación Social del Gobierno de Veracruz, dijo a AP en un mensaje de WhatsApp que no es verdad”.

El resto de la nota contiene datos no necesariamente relacionados y más declaraciones del Gobierno (ahora del federal). En pocas palabras, AP no realizó ninguna investigación real para “verificar” que la noticia en cuestión era falsa, simplemente le preguntaron a un funcionario y a partir de ahí redactaron una nota que parecería salida de algún área de comunicación social del Gobierno. Propaganda, pues.

En pocas palabras: con base en información evidentemente sesgada, emitida por funcionarios del propio Gobierno acusado, la Associated Press dio como falsa la declaración de un senador de la República al que, de acuerdo a lo observado en la verificación de AP, ni siquiera se tomó la molestia de contactar para preguntarle cuáles eran las pruebas que respaldaban su afirmación.

La verificación de noticias apesta a censura soviética. Imagen: Unsplash
La verificación de noticias apesta a censura soviética. (Unsplash)

Las consecuencias de la censura

Usted pudiera pensar “después de todo, es simplemente decir que un tuit es falso, ¿qué tan grave podría ser?”.

La respuesta es: muy grave. ¿Por qué?

Porque si usted comparte información que Facebook considera como falsa, la red social restringe drásticamente el alcance de sus publicaciones, a través de un proceso de sanción absolutamente opaco. La víctima de ese castigo no puede saber cuánto tiempo durará y qué tanto afectará el alcance de sus publicaciones y menos aun tendrá acceso a una apelación para demostrar que su inocencia.

Otra cosa. Los efectos de estas sanciones van mucho más allá de que sus compañeros de la preparatoria no vean las fotos que subió de su desayuno en el Ihop. En el caso de líderes de opinión o medios de comunicación, el colapso de su alcance en redes a causa de un castigo por información falsa puede representar pérdidas incalculables en términos de menor interacción con el contenido, menores ingresos a los enlaces de la página web y menor monetización.

Esto no es un problema solo para la prensa o los influencers, sino para todos los usuarios de la plataforma. ¿Por qué?

Porque si el estándar de lo que es verdadero o falso a los ojos de Facebook depende de los funcionarios gubernamentales, las voces de oposición serán inevitablemente silenciadas, ya que tanto los medios de comunicación como los influencers individuales tendrán un claro incentivo para dar como “buena” la versión oficial de cualquier acontecimiento, incluso aunque ésta no sea cierta.

La verdad no siempre es fácilmente “verificable”

Eso es clave. La AP ha declarado como falsas muchas otras “noticias”, como la de que el cantante Vicente Fernández habría muerto en un accidente aéreo, o la de que Bill Gates fue arrestado por un grupo de Marines, y está bien, porque esas notas sí son evidentemente falsas y fácilmente comprobables. Sin embargo, los verificadores no deben lanzarse con esa misma arrogancia a “desmentir” noticias más complejas.

Por ejemplo, en el caso del tuit publicado por el senador Rementería no hay pruebas contundentes de que efectivamente el Gobierno mexicano haya actuado en forma deliberada para limitar el acceso de los ciudadanos de Veracruz a la energía eléctrica, pero tampoco existe (al menos en la verificación de AP) ninguna prueba convincente de la falsedad de dicha acusación.

Esto ocurre muy a menudo en política: las acusaciones, las estrategias, los acuerdos por debajo de la mesa, las acciones clandestinas (diría Cantinflas: “por eso son clandestinas, como quien dice: que no se sepa”) son parte del juego y vuelven casi imposible afirmar con plena certeza si son verdad o mentira.

En pocas palabras, para saber si Bill Gates fue arrestado o no, basta con comunicarse a su oficina o a la de los Marines. Pero, para confirmar si el Gobierno de México cortó el servicio de teléfono y electricidad a miles de personas, no es suficiente una llamada al propio gobierno. Hacerlo así es una gravísima irresponsabilidad.

Por eso, cuando AP y Facebook catalogan como falsas afirmaciones de corte político, sin siquiera una verdadera investigación previa que contraste fuentes, ambas instituciones se convierten en meros agentes oficiosos del grupo en el Gobierno, y la censura resultante se vuelve (al menos un poco) soviética.

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