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Imagen: Vox España, vía Flickr

Vox enciende 4 esperanzas y advertencias para la derecha mundial

El éxito electoral de la derecha popular encarnada en Vox brinda lecciones muy importantes para el Partido Republicano, que busca redefinirse después de Trump

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Vox enciende una esperanza para la derecha popular y una advertencia para la derecha tecnocrática. La importancia de esta lección va mucho más allá de España y tiene particular relevancia para el Partido Republicano en América.

Veamos:

El 14 de febrero se llevaron a cabo elecciones locales en Cataluña, que ha estado marcada desde hace décadas por el debate respecto a la opción de independizarse de España y por la constante presencia de los movimientos de izquierda. La derecha catalana estaba hasta hace unos días en manos del “Partido Popular” (PP) y “Ciudadanos”, dos partidos que encarnan a lo que podemos llamar “derecha tecnocrática”: más centrada en la administración pública que en el debate político, ansiosa de quedar bien con la izquierda y de parecer civilizada y tolerante (tipo Mitt Romney, pues).

Esta vez ambos partidos fueron claramente superados por Vox, la formación de derecha popular que -en menos de una década-, pasó de ser un puñado de activistas sobre una banca a convertirse en la tercera fuerza política más importante de España. Ahora Vox entró específicamente en Cataluña donde será la cuarta fuerza del Parlamento catalán con 11 representantes, desmintiendo, una vez más, a los expertos que descartaban cualquier posibilidad de avance significativo para la derecha popular en dicha región.

El español nos brinda esperanzas y advertencias cuyo valor va mucho más allá de la península Ibérica. Vox ejemplifica el choque entre las nuevas derechas populares y las viejas derechas tecnocráticas, con esperanzas y advertencias que, acá en América, el Partido Republicano debe tomar en cuenta para su reposicionamiento estratégico de cara a las elecciones intermedias del 2022.

Santiago Abascal ha llevado a la Vox de la irrelevancia al protagonismo. Imagen: Flickr
Santiago Abascal ha llevado a Vox de la irrelevancia al protagonismo. Imagen: Flickr

Las dos esperanzas que surgen de Vox

  1. PRIMERA.- Hay vida después de la cancelación. La cultura de la cancelación se ha convertido en una de las armas más efectivas de la progresía, especialmente en América, porque implica movilizar al ecosistema de la prensa industrial y al consenso de las redes sociales en contra de un grupo, persona o idea, para desacreditarla en forma permanente.

Lo mismo intentó hacer la progresía (en equipo con la derecha tecnocrática) en contra de Vox. Los difamaron incansablemente en la televisión, los acusaron de ultraderechistas y les lanza un (“cerco sanitario”) para impedir que tuvieran participación política.

Sin embargo, eso no detuvo a Vox, que de hecho se apalancó en los ataques para consolidar una imagen de relevancia y de desafío. En lugar de disculparse y pedir clemencia ante las hordas de la progresía, Vox ha aprovechado cada espacio de polémica para refrendar y explicar sus puntos de vista, sin ceder ni un ápice de su agenda.

El resultado es que cada vez más personas, tanto en la derecha como en la izquierda, se han decidido a votar por Vox, no sólo por una coincidencia ideológica, sino también como respaldo a la imagen de valentía y de autenticidad que transmite y que contrasta drásticamente con la falsedad y los cálculos políticos que distinguen a la derecha tecnocrática del PP y de Ciudadanos.

  1. SEGUNDA.- No es indispensable luchar desde la narrativa de la izquierda. La derecha tecnocrática, lo mismo en España que en América, perdió la lucha cultural y se resignó a vivir y competir en una narrativa controlada por sus enemigos políticos, replegada en una estrategia defensiva para escapar permanente e infructuosamente de las acusaciones de clasismo, sexismo y racismo que les arroja una izquierda que, al mismo tiempo, funciona como público, juez, jurado y ejecutor.

Por el contrario, Vox entendió que no es obligatorio pelear en cancha ajena y que había otra opción: la de rechazar y denunciar de plano no solo a los políticos de la izquierda, sino a sus narrativas. De este modo, los políticos de dicho partido no se disculpan, simplemente encuentran otros espacios y otros marcos narrativos para conectar con un porcentaje cada vez mayor de la población española.

Hay una lección extra en este tema: al lanzar acusaciones de nazismo en contra de todo lo que respira, la izquierda ha abaratado el término. Hace 20 años, una acusación de nazismo habría destruido casi inmediatamente a cualquier político; hoy se lanza tan a menudo que se ha vuelto cada vez más irrelevante; y los únicos que no se enteran de esto son los políticos de la derecha tecnocrática, que están demasiado ocupados en su gira permanente de disculpas ante una izquierda que los desprecia.

Las 2 advertencias que lanza Vox

  1. PRIMERA.- La derecha popular puede derrotar a la derecha tecnocrática. La derecha tecnocrática española pasó años despreciando y combatiendo a Vox, y perdieron. Ciudadanos básicamente ha colapsado y el PP pierde cada vez más espacios. Los resultados de las elecciones catalanas son una clara muestra de este fenómeno: hace 4 años Vox no pintaba; En 2021 obtuvo más diputados (11) que la suma del PP y Ciudadanos (9).
  1. SEGUNDA.- El conflicto entre la derecha popular y la derecha tecnocrática sí puede beneficiar a la izquierda (al menos en el corto plazo). “Dividir el voto” sí implica un riesgo que no puede omitirse. El problema es que durante demasiado tiempo la derecha tecnocrática ha usado el argumento de “no dividamos” como pretexto para mantener casi secuestrado al voto derechista bajo la amenaza de “o nos apoyas o tiras tu voto a la basura”. Y esa extorsión profundiza aún más la desconfianza del ciudadano respecto a la derecha y alimenta la sensación de orfandad política que a su vez alienta el surgimiento de espacios de derecha popular, como el representado por Vox en España o por Trump en los Estados Unidos.

La lección para el Partido Republicano

El GOP debe tomar en cuenta lo que ha sucedido con Vox, especialmente ahora que vienen los complejos cálculos previos a las elecciones intermedias. Negar a Trump y rechazar al trumpismo como herejía suena tentador, pero sería un error garrafal. El puñado de diputados y senadores republicanos que se prestaron a la ópera bufa del impeachment consiguieron a cambio invitaciones al show de Bill Maher y palmaditas en la espalda por parte de la izquierda, y al mismo tiempo, se formaron una imagen de traidores ante la base de su propio partido, lo que les costará caro en las elecciones primarias.

Por lo pronto, el rápido rechazo de una abrumadora mayoría de senadores republicanos al impeachment en contra de Trump, y las reuniones que tuvo Donald con los líderes del GOP, indican que los republicanos están entendiendo la lección. Sin embargo, ello no implica que el camino adelante sea sencillo, y quizá el mejor ejemplo es el caso de Mitch McConnell, coordinador de los senadores del GOP: Votó en contra de condenar a Trump, pero lo condenó en los hechos con un agresivo discurso.

¿Qué pasará ahora?

Si en las circunstancias actuales, Trump rompe con el Partido Republicano y lanza el Partido Patriota, hay una posibilidad muy real de que el nuevo partido se convierta en el referente de la derecha, impulsado por la inspiración de la derecha popular, mientras los republicanos se quedan con el cascarón vacío de un partido sin alma.

Pero no tiene por qué ser así. El GOP puede aprender también del Partido Conservador inglés, que ante el crecimiento de la derecha popular encabezada por Nigel Farage (a través del UKIP y el Brexit Party) respondió reemplazando a la tecnocrática Theresa May con el carismático Boris Johnson, además de demostrar solidez en el respaldo al Brexit. Como resultado, los conservadores asimilaron en sus filas a la mayor parte de la derecha popular, que será respaldo en lugar de competencia.

La clave es entender que la derecha popular llegó para quedarse y ante esta realidad, la derecha tecnocrática tiene dos opciones: O se adapta y cede espacios dentro de los partidos tradicionales, o se lamentará en el mediano plazo cuando los nuevos partidos populares le arrebaten el voto, el triunfo y la representación social. Pregúntenle a Vox.

2 comments
  1. Muy aleccionador análisis. A ponerse las pilas y renovar la luz o pasar a la oscuridad cuando otro encienda la linterna.
    El Partido Republicano tiene que acogerse a los nuevos rumbos políticos representados en Trump o pasar a un auto-enclaustro. Un posible nuevo partido arrastraría no solo a los millones que votaron por Trump, si no también a millones de demócratas que no quieren tratos con el izquierdismo

  2. Creo que el análisis realizado es el correcto. No dispongo de información suficiente como hacer vaticinios de la realidad estadounidense, pero en lo que respecta a España la realidad es la mostrada en el artículo salvo por una cuestión muy importante: los votos a VOX no vienen de lo que tradicionalmente se han llamado derechas y que no dejan de ser melifluos partidos de centro (más buen de estar en medio de la nada). Yo he votado a VOX y nunca he votado al PP, y conozco a más personas de mi mismo perfil que del manoseado votante pepero arrepentido.

    Por último la estúpida patrimonializacion que hace el PP del voto de derecha es vomitiva, los votos no son de su propiedad y se los tienen que ganar. Las actitudes cobardes y traidores de buena parte de dicho partido ejemplifican la esterilidad de su presencia.

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