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Whitexican no solo es un insulto, es una mentira. Imagen: Unsplash

“Whitexican”: el racismo woke se extiende a México

Whitexican es más que un insulto, es una mentira. En México la piel no lleva a la riqueza, y el racismo woke es un importación tóxica de la izquierda americana

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Cuando algo se pone de moda en los Estados Unidos, no tarda en llegar a México, y justamente eso es lo que ocurre con el racismo woke, que se ha convertido en la nueva importación de la izquierda mexicana para alentar el conflicto y el resentimiento en contra de los blancos explotadores.

Debajo del río Bravo, este nuevo énfasis en el racismo como bandera política se ha consolidado alrededor del concepto de “whitexican”, un insulto discriminatorio que surgió en Twitter hace un par de años y transmite la idea de que los blancos son traidores a México, aduladores de lo extranjero, perezosos, fatuos, tontos e injustamente privilegiados.

A mediados de junio, el debate respecto a los whitexican y el supuesto privilegio de los blancos volvió a los primeros planos del debate tras un polémico tuit de la influencer académica Viridiana Ríos, que hace eco de un informe de Oxfam México, publicado en 2019 bajo el título: “Por mi raza hablará la desigualdad” para alimentar la narrativa de que la raza es el gran diferenciador que define la prosperidad o pobreza de los mexicanos. Es un argumento vil, y también falso.

La mentira del racismo, expuesta en sus propios datos

Para acabar pronto, y una vez colada la retórica, los mismos datos del informe de Oxfam, que Ríos y otros influencers han usado como tambor de guerra para traer a México la narrativa del racismo sistémico, nos muestran una imagen mucho más matizada del vínculo entre raza y riqueza. Veamos:

Al analizar las “Características étnico-raciales” (página 29), el informe señala que 12 % de los encuestados se autoclasifican con un tono de piel “claro”. Más adelante (página 53) el informe indica que el 27.4 % de quienes tienen piel clara están en el quintil con mayor riqueza a nivel nacional, mientras que prácticamente 3 de cada 4 claros ¿blancos? están en los quintiles más pobres.

Traducido al castellano, esto significa que, si México fuera un país con 100 habitantes, 12 de ellos serían “claros”. 9 de esos 12 estarían en diversos niveles de pobreza o clase media y solo los 3 restantes se ubicarían en el bloque de los 20 habitantes más ricos, cuyos otros 17 integrantes son “morenos” u “oscuros”. Ergo: La abrumadora mayoría del quintil más rico de México esta formada por personas no-blancas.  Y conste que esos son los propios datos de Oxfam.

Entonces, si aproximadamente 80 % (17 de 20 integrantes) del quintil más próspero de México son personas de raza distinta a la blanca, mientras que 3 de cada 4 blancos no viven como ricos, queda claro que la raza no es un pasaporte generalizado a la riqueza.

Ahora bien, es cierto que en algunos casos el color de piel puede ser un factor más o menos importante, pero en el éxito o fracaso de cada persona juegan muchísimos otros factores, porque como hemos señalado previamente, en la vida real el nivel de “privilegio” u “opresión” no solo cambia de persona a persona, sino también de momento a momento, por eso: ni todas las personas blancas son igualmente privilegiadas, ni lo serán siempre en la misma medida.

Whitexican es más que un insulto, una mentira que pretende importar el discurso del racismo woke. Imagen: Unsplash
“Whitexican” es más que un insulto, una mentira que pretende importar el discurso del racismo woke. (Unsplash)

No es la raza. Son las relaciones

Particularmente en el caso de México, el gran diferenciador del nivel de vida no está inscrito en la piel, sino en las relaciones. Quienes tienen “padrinos”, contactos, palancas y conectes, son quienes tendrán más posibilidades de prosperar, sin importar el color de su piel: el propio caso de Viridiana Ríos, es evidencia de este fenómeno.

Ríos no es blanca ni nació en cuna de oro. Por lo tanto, de acuerdo a su propia retórica (que todo busca determinarlo con base a la raza y el lugar de nacimiento) habría estado condenada a permanecer en la pobreza sin importar su esfuerzo. Y, sin embargo, no fue así. De algún modo, seguramente gracias a su desempeño académico, ella logró estudiar en el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM), una de las universidades más prestigiosas del país, famosa por la gran cantidad de conexiones que abre a sus alumnos.

A partir de su ingreso al ITAM, Ríos ha vivido la vida de privilegio que en México (vale la pena reafirmarlo) no brinda la raza o el género, sino las conexiones. Relaciones que le consiguieron una beca para estudiar el doctorado en Harvard y le abrieron las puertas para trabajar, por ejemplo, con instituciones vinculadas al derechista Partido Acción Nacional, a la cúpula empresarial y la clase política mexicana, incluyendo la fundación Rafael Preciado, la ONG “México, ¿Cómo vamos?”, la Coparmex (central de patrones de México) y el Gobierno.

Esa historia se repite por miles: amigos, amantes, compadres, primos, sobrinos y conectes que se abren mutuamente las puertas a los espacios de poder, en una danza de privilegios que el sistema priísta institucionalizó y ahora el Gobierno de AMLO llevó al punto del ridículo, colocando a una docena de sus ayudantes personales (léase, los que le cargan el portafolio o le acercan la botellita de agua) en puestos de alto nivel dentro del gobierno federal, incluyendo Pemex y el SAT (equivalente mexicano al IRS).

Todos esos “casos de éxito” no suben por su color de piel, por su género o por su linda cara, y menos aun por su talento. Suben por ser cercanos al patrón (en este caso el presidente) quien los presume como “jóvenes para el relevo generacional”. Así es el juego en México.

“Whitexican” o el sinsentido del odio

Por lo tanto, “whitexican” es más que un insulto, es una mentira que pretende importar a México una narrativa de racismo sistémico e inmoral privilegio blanco, que en el entorno americano no se sostiene, y en el mexicano es un verdadero sinsentido.

Detrás del absurdo se esconde el mismo rostro de odio, resentimiento y manipulación política que impulsa al movimiento de la “Critical Race Theory” en América, impulsada por los verdaderos privilegiados en las torres de marfil de la academia o los medios de comunicación industrializados, que aprovechan la oportunidad para vestirse de víctimas, y sacar aun más ventaja.

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