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Walter Edward Williams

Walter Edward Williams, el intelectual afroamericano que nunca se victimizó

Para el economista Walter E. Williams la clave de la generación de riqueza estriba en el esfuerzo individual de cada persona

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El profesor y columnista, Walter E. Williams, uno de los principales intelectuales negros de tendencia conservadora de EE.UU., falleció a la edad de 84 años, después de impartir su última clase en la Universidad George Mason.

A lo largo de su trayectoria, destacó como uno de los economistas más reconocidos a la hora de investigar el capitalismo de libre mercado y la tiranía del statu quo, solapada bajo la forma del Estado para favorecer intereses creados.

Aunque ambas calificaciones son simplemente referenciales, porque en la historia del pensamiento económico de las últimas dos centurias, el teoricismo de calado sobre teoría económico liberal se suele simplificar en Friedman, Buchanan, Becker o Stiglitz, la observación guarda algún sentido porque la prolífica obra de Williams se ha convertido en una de las referencias más importantes sobre los efectos del intervencionismo del Estado en las políticas sociales y económicas que han tenido lugar en el país durante los dos últimos siglos, en nombre de la discriminación.

Según Williams, uno de los principales problemas que afecta a la sociedad norteamericana es la estrategia de los políticos de ofrecer a los negros distinciones simbólicas, retórica políticamente correcta y subvenciones de todo tipo para obtener a cambio migajas electorales. De ahí el título de su primer libro “The State Against Blacks“, de 1982.

Para Walter E. Williams —también para economistas clásicos como Smith y Hayek— la clave de la generación de riqueza estriba en el esfuerzo individual de cada persona, favorecido por un marco institucional que incite a mejorar su propia condición. “Si los negros siguen aceptando la agenda, corrompida por la culpa de los blancos progres, los políticos negros y los listillos de turno, y no dan el paso hacia la responsabilidad individual, en el futuro muchos de ellos seguirán teniéndolo crudo”, destaca en su artículo “Un país de cobardes”.

La prensa norteamericana liberal no ha sido muy amable con Williams. Y aunque solo lo considere un divulgador económico, polemista y conservador, excluyéndolo del campo de los analistas, la base de su teoría política y económica aplicada de manera magistral al progreso de las minorías, podría ser el foco conceptual de la contribución más original de Williams.

De esta manera, con el paso de los años, sus inclinaciones periodísticas y sus estudios abarcaron materias tan aparentemente diversas y confrontadas como la sociología, la política, la filosofía, la antropología, la economía clásica y la macroeconomía, ámbitos eruditos en los que se apoyó para intentar explicar un aspecto muy concreto de nuestro mundo: conseguir un sistema económico próspero, simple y complejo a la vez, fundado en la libertad, capaz de transformar el egoísmo en una virtud social.

Walter Edward Williams escribió 13 libros (Fchn.org)

A pesar del visible trasfondo filosófico de sus textos, Williams acostumbraba a utilizar cifras de enorme rigor científico y métodos comparativos para respaldar de manera clara sus afirmaciones. Tómese, por ejemplo, el siguiente análisis:

“El desempeño educativo de los negros es peor en aquellas ciudades con predominio demócrata de larga data y abundante inversión en el ámbito educativo. El caso de Washington DC, que ocupa el tercer lugar en el ranquin de gasto, es paradigmático: en 12 de sus 19 institutos, más de la mitad de los estudiantes están por debajo del nivel básico de lectura (en algunos centros se llega al 80%); en 15 de 19 sus institutos, más de la mitad de los estudiantes están por debajo del nivel básico en matemáticas, si bien en 12 de ellos el porcentaje oscila entre el 77 y el 99 %”.

Defensa de la propiedad

La conversión del Estado en un repartidor de privilegios favorece los peores intereses y es dañina para la sociedad libre. El reproche de Williams llega bien lejos: “Si un político tuviera el coraje de abordar estos asuntos, no debería recurrir al establishment educativo, ni a las organizaciones cívicas y a las estructuras políticas de la comunidad negra. Sería estúpido que lo hiciera, porque quienes las manejan y quienes viven de ellas están muy interesados en el mantenimiento del statu quo”.

Cuando Walter E. Williams arremete contra las causas que promueven la discriminación en el empleo, demuestra su rechazo a las políticas subvencionadas que fomentan el victimismo racial: “Lo que hacen las leyes de salario mínimo es reducir el costo y, por lo tanto, subsidiar la indulgencia de preferencias raciales. Después de todo, si un empleador debe pagar el mismo salario sin importar a quién contrate, el costo de discriminar a favor de las personas que prefiere es más barato. Este es un principio general”. Su libro “Raza y economía: ¿Cuánto se puede culpar a la discriminación?”, es considerado una obra clásica al respecto.

Una clave del pensamiento de Williams es que toda forma de robo, violencia, engaño y fraude, amparada por el marco institucional, termina en expolio o saqueo y podría afectar de manera considerable la distribución de la riqueza y los niveles de la libertad. En este caso específico, es heredero de Bastiat, mal que le pese a los economistas liberales.

Recurrió Williams en diversas oportunidades a citas llamativas de Bastiat para apoyar sus análisis sobre los que atentan contra la defensa de la propiedad. “¿Qué quiere Bastiat decir con saqueo? Saquear es tomar por la fuerza la propiedad de otro. El saqueo legalizado ocurre cuando la gente utiliza al gobierno para hacerlo, como sucede en nuestro Congreso. Y añadía: “Bastiat sostenía que el Estado es la gran ficción a través de la cual todo el mundo trata de vivir a cuestas de todos los demás”.

Implacable con los privilegiados que viven del Estado, Williams advierte: “Debido a que la gente desea lo ajeno, es evidente que el gobierno debiera utilizar la fuerza para evitar esa tendencia, en lugar de hacer lo contrario”.

La célebre definición del economista francés sobre el Estado como “una gran ficción a través de la cual todo el mundo se esfuerza en vivir a expensas del prójimo” cobra vigencia en los postulados de Williams. Su tesis es clara: la pretensión de un grupo social de vivir a costa de los demás no sólo es perjudicial para la economía, sino especialmente para la moral, la libertad y la justicia.

Más libertad, menos gobierno

Se observan también en Williams recomendaciones smithianas, como la defensa de la libertad económica. El autor de “Más libertad significa menos gobierno” refuta la teoría de atribuir la diferencia entre países ricos y pobres al número de recursos naturales y a la carga de su pasado colonial. “¡Qué disparate! África y América del Sur son, probablemente, los continentes más ricos en recursos naturales, pero albergan algunos de los pueblos más pobres del mundo. Por el contrario, países como Inglaterra, Japón o Hong Kong son pobres en recursos naturales, pero sus pueblos se encuentran entre los más ricos del planeta”, asegura Williams.

Un tema en el que los escritores progresistas han dilapidado infundadas teorías le parece a Williams no solo falso sino además manipulador. “Los Estados Unidos de América fueron una colonia. También lo fueron Canadá, Australia, Nueva Zelanda o Hong Kong. No obstante, todos ellos se cuentan entre los países más ricos del mundo”.

Ninguno de estos postulados resiste un análisis solvente. Williams los desmonta con una reflexión esclarecedora: “La razón de que unos países sean más ricos que otros reside, sobre todo, en el grado de libertad económica del que disfrutan los habitantes de unos y otros, así como en los distintos niveles de injerencia estatal que han de soportar en materia económica”.

Una de las grandes batallas intelectuales que libró Williams fue aclarar dentro del campo semántico del constitucionalismo histórico los conceptos de democracia y república. Williams recurre a James Madison en ‘El Federalista’ para advertir que el marco constitucional persigue proteger al pueblo de los peligros de la democracia popular sin control. En ese sentido, Williams recuerda a John Marshall, presidente de la Corte Suprema entre 1801 y 1835, y avisa “entre las democracias y las repúblicas dotadas de equilibrio de poderes hay la misma diferencia que entre el caos y el orden”.

Las nociones de patria y Constitución producen un efecto performativo en circunstancias de amenaza, decadencia o usurpación del espacio jurídico. William no estuvo ajeno a ello.

“Los Padres Fundadores deseaban que nos dotáramos de un sistema republicano en el que los derechos precedieran al Estado e imperara la ley. Los ciudadanos y los servidores públicos estarían sujetos a las mismas normas. El Estado sólo podría intervenir en la sociedad civil para proteger a los individuos de la violencia y el fraude, pero no tendría nada que hacer allí donde se celebrasen intercambios pacíficos y voluntarios. La democracia es otra cosa. En ella la mayoría manda, impera, bien directamente, bien por medio de sus representantes electos. La ley es lo que diga el Gobierno, y los derechos se dan y se quitan”, advierte Williams.

Para constituir una nación moderna no basta decretar que sus ciudadanos son libres e iguales ante la ley. Antes es preciso que esa nación posea un Estado soberano libre de injerencias e intereses partidistas.

Entre los pocos homenajes que la sociedad norteamericana rindió a Walter Williams tras su muerte, destaca un artículo escrito en ‘Wall Street Journal’ por su amigo, Donald J. Boudreaux, profesor de la Universidad George Mason, donde el ilustre economista impartió docencia durante más de 40 años. “Estados Unidos ha perdido a uno de sus más grandes economistas e intelectuales públicos… Walter, un antiguo taxista que creció en la pobreza en Filadelfia, conocía la injusticia y entendió que la manera de combatirla no era con emociones, sino investigando y aprendiendo”.

A todos los norteamericanos amantes de la libertad les va a hacer mucha falta. Y, sobre todo, a los afroamericanos. Porque pocos pensadores y defensores de los derechos civiles en este país han hecho tanto por su causa y por su país como Walter Edward Williams. Que descanse en paz.

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