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10 afroamericanos cancelados y tildados de “supremacistas blancos” por no obedecer a la élite liberal

Cómo los negros son cancelados y tildados de “supremacistas blancos” si no obedecen a la élite de izquierda

Blancos con una máscara de mono arrojando huevos a un negro para “combatir el racismo” y acabar con el “supremacismo blanco”: solo el progresismo lo hace posible

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Si no sabes si votar por mí o por Donald Trump, “entonces no eres un negro”, esas fueron las palabras del entonces candidato y hoy presidente de Estados Unidos, Joe Biden; el argumento del demócrata en ese momento fue bastante directo: un negro que se opusiera a votar por el partido que había luchado a favor de la esclavitud hace décadas, perdía su estatus de negro.

Los “antirracistas” americanos de hoy tienen una forma bastante particular de ver la vida, dicen proteger a las minorías, pero eso siempre y cuando dichas minorías se sometan a los designios trazados por las elites liberales blancas, de lo contrario, que Dios se apiade de sus almas “ultraconservadoras” y “terroristas”.

Kyrie Irving, Dave Chappelle, Larry Elder, Nicki Minaj, Kanye West, Tim Scott, Jerry Craft, Tamyra Mensah-Stock, Jonathan Isaac, Candance Owens, son solo algunos de los nombres de orgullosos ciudadanos afroamericanos que han sido cancelados por manifestar sus puntos de vista que contrarían lo que las elites liberales blancas consideran debe ser el comportamiento y la “opinión” de todo negro en Estados Unidos.

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Dave Chappelle. (Archivo)

Con la publicación del proyecto 1619 y la imposición forzada de la teoría critica de la raza en escuelas y universidades, la élite liberal blanca, esa misma que aplastó décadas atrás a los negros mediante la fuerza bruta, ahora quiere seguir imponiéndole patrones de conducta, pero esta vez a través de la ideologización; repiten constantemente que sus políticas se realizan en nombre de la “justicia racial”, pero la verdad es que tan solo intentan mantener a los negros oprimidos de pensamiento, en calidad de víctima, para guiarlos como rebaño hacia los terrenos del progresismo.

Cualquier persona sensata conoce a profundidad todas las injusticias que se cometieron, no solo en Estados Unidos, sino en gran parte de los territorios del mundo donde la esclavitud fue una practica bastante extendida; sin embargo, en la actualidad, nadie puede decir que el país de las libertades es una nación “sistemáticamente racista”.

Qué hay racismo, sí, de un porcentaje minoritario de individuos en cada comunidad: de blancos hacia negros, de negros hacia blancos y asiáticos, de asiáticos hacia latinos, y así sucesivamente, pero ante la ley todos somos iguales, las instituciones americanas no distinguen entre raza, religión o ideología política, y le brindan a todos sus ciudadanos, residentes, e inmigrantes un debido proceso y respeto amparado por su Constitución, probablemente más que en cualquier otro país en la tierra.

No obstante, y a pesar de que en Estados Unidos recientemente un afroamericano llegó a la Presidencia, y que miles de ciudadanos de piel negra han alcanzado posiciones de poder político y económico en el país, los demócratas continúan intentando hundir a los negros en el laberinto del victimismo para promover luchas raciales y de clases con el propósito de crear un Gobierno cada vez más poderoso que imparta la “justicia” del partido, en vez de brindar un discurso de unión y civilidad que, no solo permita la integración de todas las comunidades y razas americanas, sino que deje de tratar a los negros como si fueran una raza discapacitada que se pierde si no sigue los dogmas establecidos por la élite liberal blanca.

Gwen Berry y Tamyra Mensah-Stock

Gwen Berry y Tamyra Mensah-Stock son la mejor representación de los dos tipos de mentalidad predominantes no solo en los ciudadanos afroamericanos, sino de la población de Estados Unidos; ambas son atletas olímpicas, y aunque la segunda ha conseguido medallas olímpicas, la primera ha recibido más atención de la Casa Blanca que la ganadora del oro olímpico en Tokyo.

Gwen Berry. (Archivo)

Este año, en el campeonato selectivo de atletismo para los juegos olímpicos, Berry que alcanzó el tercer lugar se colgó una franela que decía “atleta activista”, dio la espalda ante la bandera y la entonación del himno de Estados Unidos y protestó por lo que ella considera es una nación “racista”; el hecho generó polémica en todo el país, tanto así que el propio presidente de Estados Unidos, Joe Biden, se pronunció, y lejos de condenar que la deportista renegara del himno y la bandera de la nación que él preside, dijo que “respetaba” la posición de Berry.  

En contraste con Berry apareció unas semanas después Tamyra Mensah-Stock, quien llegó hasta las olimpiadas gracias a su desempeño y trabajo, y quien lejos de disparar contra el país que la vio nacer, luchó con firmeza para ganarse la medalla de oro —convirtiéndose en la primera negra en ganar en la disciplina de lucha—, y tras hacerlo, dijo estar profundamente orgullosa de ser americana y de entregarle la medalla a su país: “Me encanta representar a Estados Unidos. Me encanta vivir allí”.

Tamyra Mensah-Stock. (Twitter)

Sin embargo, las declaraciones de Mensah-Stock y su medalla pasaron desapercibidas por la Casa Blanca, los progresistas americanos celebraron más el acto de rebeldía e irrespeto de Berry, que el oro olímpico y las palabras de amor al país de su compatriota.

Los cancelados “supremacistas blancos”

Dave Chappelle y Kyrie Irving han sido los últimos negros cancelados por hordas liberales; al jugador de la NBA lo critican por negarse a cumplir con los mandatos de vacunación obligatoria que ha promocionado la Administración Biden, las autoridades de Nueva York y que ha ejecutado la liga, y a Chappelle lo cancelan por decir algunas crudas verdades sobre la comunidad LGBT en Estados Unidos “Los gays son minorías hasta que necesitan volver a ser blancos”, dijo en su monólogo.

Kyrie Irving sobre su decisión de no vacunarse: "Se trata de libertad"
Kyrie Irving. (EFE)

Como era de esperarse, luego de la publicación de su Stand Up en Netflix, le llovieron las criticas de progresistas, pero no solo lo satanizaron, sino que incluso se atrevieron a decir que Chappelle abusa de su “white privilege“, y con ese mismo discurso también atacaron al candidato republicano a la gobernación de California, Larry Elder, a quien dicho sea de paso, en una marcha lo persiguió una mujer blanca con una máscara de mono y le arrojó un huevo en la cabeza, esto un par de días después en el que un artículo del LA Times también tildaba a Elder, de piel negra, de “supremacista blanco”, mientras llamaban a votar por el actual gobernador demócrata de California —quién en efecto sí es de piel blanca— para claro —combatir el supremacismo blanco—.

¿Tiene sentido no? Blancos arrojando huevos a un negro usando una máscara de mono para “combatir el racismo”, y llamados a votar por un liberal blanco de la élite para acabar con el “supremacismo blanco”, solo en un país enfermamente ideologizado puede ocurrir algo así.

Larry Elder. (Twitter)

Está bien ser negro, pero no conservador

A los casos anteriormente mencionados los acompaña Kanye West —una de las victimas favoritas del progresismo—, su mayor pecado es ser millonario, exitoso, religioso y conservador. También Nicki Minaj, a quien la propia Casa Blanca llamó a cancelar por su opinión sobre las vacunas.

La lista continúa, el escritor Jerry Craft también ha sido cancelado por estar en contra de la teoría critica de la raza; el jugador de los Orlando Magic, Jonathan Isaac, ha sido destrozado por la prensa liberal por ser muy religioso, oponerse a arrodillarse en los partidos siguiendo los mandatos de Black Lives Matter, investigar y leer por su propia cuenta, y criticar las restricciones para jugadores no vacunados: “Podemos jugar en la misma cancha. Podemos tocar el mismo balón. Podemos chocar los pechos. Podemos hacer todas esas cosas en la cancha. ¿Y luego, cuando se trata de estar en el autobús, tenemos que estar en diferentes partes del mismo? Para mí, no parece tener lógica”.

Jonathan Isaac. (Twitter)

Tampoco nos olvidemos de Tim Scott, el senador por Carolina del Sur, de quién los demócratas se burlaron por declarar que Estados Unidos no era un país racista, y a quién llamaron de forma despectiva “Uncle Scott”.

“Bueno, ya sabes, fue molesto ciertamente, pero fue muy decepcionante que esas personas que quieren ser respetadas y que se les dé la oportunidad de vivir sus vidas como quieran, no quieran lo mismo para ti y para mí”, dijo Scott tras los comentarios de los liberales.

“Han redoblado la apuesta de que no van a atacar mis políticas, pero están atacando literalmente el color de mi piel. No puedes salirte de tu carril según la élite liberal de la izquierda”, sentenció.

Senador Tim Scott responde a Biden: "Estados Unidos no es un país racista"
Tim Scott. (Archivo)

Y por último, no nos olvidemos de Candance Owens, probablemente la afroamericana con más peso en la opinión pública del bando conservador, una mujer que lejos de sumirse a las tendencias victimistas de raza y género, habla constantemente sobre la importancia de promover las libertades individuales, un Gobierno limitado, y por supuesto, combate las narrativas racistas que emanan desde el ámbito liberal, como la teoría crítica de la raza, entre otras.

De más está decir que para la izquierda en Estados Unidos, Candance Owens no es una “pobre negra discriminada”, sino el propio anticristo, por el simple hecho de respetarse a sí misma, no victimizarse y hablarle a su gente.

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Candance Owens. (Archivo)

Si piensas por tu propia cuenta, entonces no eres negro, eres un supremacista blanco

En resumen, para los demócratas “negro” es solo el que se deja guiar por las élites liberales blancas y no piensa de forma independiente. Usted puede tener la piel oscura y padres afroamericanos, pero más le vale no rezar mucho, no sentirse orgulloso de Estados Unidos, y no creer que puede lograr sus metas por sí solo, pues de lo contrario usted pasará a convertirse en la peor abominación del último siglo: en un “supremacista blanco”, y allí es donde probablemente usted como negro pierda todos sus derechos.

¿Curioso, no?

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