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Por un 2021 dónde los gobiernos dejen trabajar a los ciudadanos

Una de las mayores estafas que dejó el 2020 fue tachar a algunas actividades de “esenciales” reprimiendo a las personas de muchas otras prioridades: como sus trabajos

Cerrando el año fui a una capilla; tenía mucho tiempo sin ir a misa —aunque esta fue una celebración de palabra—, fue una pequeña, con todas las medidas de prevención sanitaria: tapabocas, un lavamanos en la entrada y alcohol. Siempre es reconfortante asistir a la iglesia, en varios momentos, pude ver los rostros de los participantes, estaban particularmente felices, pero hubo una persona que emanaba aún más alegría que el resto: el celebrante.

Sí, no era un padre, sino un celebrante. Y no era la primera vez que este señor venía a la pequeña capilla de la comunidad a celebrar la palabra. Al ver el desprendimiento de fe del celebrante, en algún momento de la celebración, me vino a la mente la estafa de las “actividades esenciales” y cómo a muchos ciudadanos se les privó de realizar su trabajo durante buena parte del año.

Este 2020 los gobiernos del mundo utilizaron la consigna “actividades esenciales” para priorizar unas actividades por encima de otras; esto con el fin de imponer confinamientos para frenar la curva de contagios. Por mi parte estoy de acuerdo con cuarentenas cortas como mecanismo de defensa o recurso para frenar un exacerbado aumento de casos positivos, pero lo que ocurrió este año fue absurdo, hay encierros que aún no acabaron y la verdad es que, en algunos casos, fueron hasta inservibles.

Véase el caso de Argentina, de los países más afectados por el coronavirus a nivel sanitario y económico y el que impuso el confinamiento más radical en todo el mundo. O mírese las comparaciones entre New York / California —estados demócratas que impusieron los encierros— y Texas / Florida —estados republicanos menos restrictivos—, las cifras de contagios y muertes por COVID-19 son similares. Solamente que en los primeros la economía está gravemente afectada y en los segundos se podrá salir de la crisis con menores inconvenientes.

Para este 2021 es menester entender cómo los gobiernos impulsaron e impusieron sus medidas. ¿Cuáles fueron los argumentos de las administraciones para cerrar la economía y dejar a millones de negocios y ciudadanos en quiebra o desempleados? Bueno, una de las frases más repetidas fue la de solo se pueden llevar adelante las “actividades esenciales”.

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Los negocios cerrados fueron una constante en este 2020 a partir de los encierros. Las “actividades esenciales” fueron una de las consignas impulsadas para priorizar unos trabajos sobre otros. (Flickr).
¿Qué son las actividades esenciales para los gobiernos?

Claramente depende del país, pero en su esencia las actividades esenciales son aquellas donde se le haga frente a la pandemia —el área de salud—, las que involucren la seguridad pública; esas que mantengan vivas el “funcionamiento fundamental de la economía” —recaudación de impuestos, sector financiero, supermercados, logística, generación y distribución de servicios, etc.—; los programas sociales del gobierno y, por último, el mantenimiento de toda infraestructura crítica.

Por supuesto, todas las actividades mencionadas —más allá de que uno esté en contra de las altas cargas impositivas y muchos subsidios innecesarios y populistas— son vitales para el desarrollo normal de un país. Al menos para los gobiernos. El problema es llamar a estas “actividades esenciales” para imponer a gran parte de la ciudadanía confinamientos excesivamente largos o restricciones en sus áreas de trabajo.

Lo peor es que los medios masivos se creyeron el cuento. Ellos eran “esenciales” y se encargaron reiterativamente de difundir las medidas de los gobiernos sobre los confinamientos, sin objetar nada, durante mucho tiempo.

Pero imagínese por un momento estar en los zapatos del dueño del bar de su barrio; esa persona que tiene familia, una esposa y dos hijos, y que el gobierno le diga: “Señor, usted no puede abrir ni puede trabajar porque lo que usted hace no es «esencial»”.

O quizás imagine al dueño del restaurante más famoso de su ciudad. No el de una cadena como Burger King o Subway, sino uno local, de antaño, exitoso y que emplea a mucha gente. A ese señor el gobierno le dijo, primero, que no podía trabajar porque su actividad para ganarse la vida —y pagarles a sus empleados por su esfuerzo laboral— no era “esencial”, por ende, los obligaron a cerrar. Pero no solamente eso, después de meses de cierre, donde se permitieron grandes aglomeraciones por las manifestaciones de Black Lives Matter, las autoridades —como las de New York— tuvieron la osadía de imponer restricciones a los restaurantes una vez abiertos. Toques de queda, pocas mesas y multas. En definitiva, menos libertad.

¿Y qué me dicen de los negocios de ropa? ¿O de electrodomésticos? ¿Del cine? ¿Las librerías? ¿Las escuelas? Esas tampoco fueron lo suficientemente “esenciales” para dejar que funcionaran.

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Muchos países cerraron las escuelas en este 2020, pero hubo algunos que se animaron a abrirlas con las respectivas sanitarias, pues las escuelas sí son esenciales. (EFE).

Los gobiernos también prohibieron la economía informal, esa que significa ingresos y supervivencia para millones de personas en todo el mundo. Tampoco eran “esenciales”.

Pero las marchas y manifestaciones de todo tipo, en todo el mundo, que produjeron grandes aglomeraciones, no se prohibieron. Es más, en muchas ocasiones las autoridades las celebraron. Los demócratas imponían restricciones sanitarias al mismo tiempo que apoyaron las manifestaciones raciales. Al mismo tiempo, se criticó con mucho fervor los mítines de Trump. En Argentina, el otro día, podías ver las calles abarrotadas celebrando que se hizo ley el aborto con fiestas callejeras mientras que, durante todo el año, el gobierno y sus medios afines promovieron el terror en base a la pandemia. En España, el 8 de marzo, veías el país completamente aglomerado por manifestaciones feministas.  

Vuelvo a la misa y al celebrante, de seguro para él, celebrar la palabra (su trabajo) es lo más esencial de su vida o, al menos, una de las cosas más importantes. Para un dueño de un restaurante con una decena de empleados, una de sus actividades más esenciales es poder abrirlo y ganar dinero. Para el dueño de una librería, lo más esencial es poder recibir clientes y vender sus libros. Para una sociedad, lo más esencial es que las nuevas generaciones tengan una educación de primer nivel, y eso se logrará con las escuelas abiertas.

Cuando el reloj marque las 00:00 y empiece oficialmente el 2021, ningún problema se esfumará. Pero, hay situaciones que sí pueden cambiar, y una de las cosas que más espero es que dejemos de utilizar la fallida consigna de “actividades esenciales” y que los gobiernos dejen a la gente trabajar y ganarse su vida honestamente.

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