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AMLO empuja a México hacia el barranco del absurdo

AMLO desliza a México hacia el absurdo, actuando con base en caprichos y no en razones, como lo demuestran los gastos multimillonarios por cancelar el NAIM

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México se desliza hacia el precipicio del absurdo, mientras el presidente López Obrador continúa empujando con cada nuevo capricho que desafía la lógica y somete todo al gusto o coraje del Palacio Nacional. Ese peligro se está convirtiendo en una amenaza regional. Veamos por qué:

Mariachis, tequila y absurdo

El absurdo es una tierra desesperante y peligrosa, donde todas las certezas del mundo ordinario se desvanecen y confunden en una nube de caprichos donde no hay arriba ni abajo, día o noche, ni bien o mal, más allá del gusto del caudillo, convertido en dueño de datos, vidas y haciendas de cada uno de sus súbditos, que viven con la presión del autoritarismo, aunada a la permanente desazón de la locura.

El absurdo se fortalece en México conforme el Gobierno de Andrés Manuel López Obrador acumula decisiones que no solo son política o administrativamente discutibles, sino racionalmente incomprensibles. La semana pasada hubo dos ejemplos muy claros:

El primero de ellos fue la absurda defensa que desplegó Andrés Manuel López Obrador a favor de Félix Salgado Macedonio, (el candidato de Morena, acusado de violación y abuso por varias mujeres) con el subsecuente silencio o mal disimulada resignación de muchas feministas radicales afiliadas al oficialismo.

El segundo ejemplo fue un informe elaborado por la Auditoría Superior de la Federación, donde se apunta un costo superior a los 16,000 millones de dólares (331,000 millones de pesos) como consecuencia directa de la cancelación del Nuevo Aeropuerto de la Ciudad de México (NAIM), una obra de élite mundial que sería uno de los que comenzó a construir el presidente Peña Nieto y cuya primera etapa estaba muy avanzada cuando López Obrador decidió suspender los trabajos.

En su momento, AMLO explicó que la cancelación del aeropuerto se debía a graves casos de corrupción en el diseño y la obra del NAIM, los cuales serían castigados por su gobierno y proyectó que cancelarlo representaría un costo de 5 mil millones de dólares (100,000 millones de pesos). A más de 2 años de distancia no hay ni una sola persona en la cárcel por los supuestos actos de corrupción que había denunciado el presidente, y ahora nos enteramos que el costo que enfrenta el país a cambio de no tener un aeropuerto de clase mundial es de más del triple que lo originalmente anunciado.

De hecho, considerando que el presupuesto del NAIM era de aproximadamente 14 mil millones de dólares (285 mil millones de pesos), cancelarlo fue significativamente más caro que terminarlo. Es como pagar $40 mil dólares por un Mustang convertible de $33 mil dólares, sin recibir el coche.

Peor aún. Mientras que los costos de cancelar el NAIM saldrán plenamente del presupuesto federal, la mayor parte de la inversión para el aeropuerto era privada. Incluso Obrador reconoció que Carlos Slim le ofreció hacerse cargo de la inversión. Es decir, que México pudo tener un aeropuerto de clase mundial casi “gratis” y en todo caso mucho más barato que la cancelación.

Sin embargo, a Andrés Manuel, como a buen caudillo de la tierra del absurdo no le interesa lo razonable, sino su capricho; así que canceló la obra y ordenó un nuevo aeropuerto, pero en la antigua base aérea de Santa Lucía, en el Estado de México. Ello abre otro abismo al absurdo, porque el aeropuerto que construye López Obrador en Santa Lucía será mucho más pequeño que el de Peña Nieto, y tendrá que funcionar en paralelo con otros dos aeropuertos e incrementa el riesgo de accidentes, de acuerdo con los expertos en aeronáutica, lo que pone en riesgo su certificación internacional.

Por lo tanto, el aeropuerto de AMLO terminará convertido en un elefante blanco o en todo caso en una trampa mortal para vuelos nacionales, cuyos pasajeros serán sometidos a la dramática posibilidad de un accidente y a tiempos de traslado absurdamente altos, ya que (en un día con alta carga vehicular) el nuevo aeropuerto está a casi 3 horas del centro de la Ciudad de México.

Mientras tanto, el gobierno dejó inundar las obras del antiguo aeropuerto, en un intento de destruirlas, para que, si Obrador pierde las elecciones del 2024, los gobiernos subsecuentes no puedan retomar las labores del NAIM. Es el equivalente político de escupir el almuerzo antes de compartirlo.

Sintetizando, México pudo tener “casi gratis” un aeropuerto internacional de clase mundial, que posicionaría al país como un nodo continental de transporte pero, en lugar de ello, se pagará mucho más dinero, a cambio de un aeropuerto feo, peligroso e inútil.

Obrador, apostando por el absurdo, cueste lo que cueste. Imagen: EFE/Sáshenka Gutiérrez
Obrador, apostando por el absurdo, cueste lo que cueste. Imagen: EFE/Sáshenka Gutiérrez

El autoritarismo absurdo es incluso peor que el racional

Es un absurdo, y no es el único, porque así se han acumulado muchos otros en cuanto a las vacunas, al sistema de salud e infinidad de políticas públicas donde el gobierno actúa guiado por caprichos incomprensibles, que incluso han activado la alerta de empresas y autoridades en Estados Unidos y Canadá.

Un gobierno autoritario, pero racional, habría aceptado la propuesta de los empresarios para construir el NAIM (y se habría colgado la medallita); un gobierno racional habría mantenido los programas sociales (aprovechándolos en su propio beneficio) en lugar de destruirlos para crear otros que no funcionan ni para comprar votos. Un gobierno autoritario, pero racional, sería menos malo en cuanto que al menos brindaría un marco lógico a partir del cual negociar y luchar políticamente.

Por el contrario, López Obrador apuesta a consolidarse como el caudillo del absurdo, actuando más por capricho que por interés; más como un niño berrinchudo que como un tradicional villano maquiavélico. Y en el colmo de lo inverosímil, el oficialismo obradorista lleva las de ganar en las elecciones intermedias. Es, en una palabra: absurdo.

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