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La agridulce visita de Biden a Medio Oriente

La agridulce visita de Biden a Medio Oriente

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EL PRIMER tour de Biden por el Medio Oriente marca un esfuerzo importante por robustecer líneas de acción previamente esbozadas. El viaje, que arrancó en Israel, funcionó para que Jerusalén viera en la Casa Blanca a un aliado ante la acentuación de las amenazas que crecen en Medio Oriente, en gran parte gracias a la responsabilidad de Estados Unidos.

El primer ministro Yair Lapid fue el host de Biden y el Estado judío terminó, incluso, reconociendo al presidente americano por su apoyo a la causa sionista. El presidente Isaac Herzog le concedió a Biden la Medalla de Honor. Y, en medio de las conversaciones, Biden elogió los Acuerdos de Abraham, en un primer guiño a los significativos logros de Trump en Medio Oriente. 

Con respecto a Irán, Biden fue bastante tibio y se ganó las críticas del exprimer ministro y quizá figura más poderosa de Israel, Benjamin Netanyahu. Biden, de alguna forma, insiste en llegar a un acuerdo con la teocracia iraní y se aparta completamente de una línea dura frente a los ayatolás. Netanyahu, quien se reunió con Biden poco antes de que Herzog le diera la Medalla de Honor, dijo a la prensa que el presidente americano debía de mantener sobre la mesa “una opción militar creíble” contra Irán. De lo contrario, todo quedaría en pura retórica.

Los logros diplomáticos de Biden en Israel se diluyeron cuando fue a Belén, la ciudad palestina dentro de Cisjordania, a reunirse con el presidente de la Autoridad Palestina, Mahmoud Abbas. El problema no es la reunión, sino el reconocimiento implícito de los caprichos de un líder autoritario que, en el fondo, quisiera la destrucción de Israel. Biden anunció que le daría millones en ayuda a los palestinos, lo que inevitablemente terminará en manos de enemigos de Israel.

Luego de Israel, Biden hizo historia al convertirse en el primer presidente americano en tomar un vuelo de Tel Aviv a Yeda, al oeste de Riad, donde se reunió con el príncipe heredero Mohamed bin Salmán. Según dijo Biden, le recriminó a Salmán el asesinato del periodista saudí que residía en Estados Unidos, el columnista del Washington Post Jamal Khashoggi. Aunque Biden prometió en campaña que jamás haría esa visita y que consideraba a Arabia Saudita un régimen paria, su contradicción es un reconocimiento tácito a los esfuerzos del expresidente Trump de solidificar una alianza con Arabia Saudita.

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De su visita a Yeda y sus encuentros con la monarquía saudí, Biden blande como logros el compromiso en el aumento de la producción de petróleo y una alineación de Arabia Saudita con los intereses de Israel (sobre todo de cara a la amenaza que representa Irán). Esta voluntad se concretó en la decisión de Arabia Saudita a abrir su espacio aéreo a los vuelos desde y hacia Israel.

En concreto, se trata de un viaje agridulce que deja algunos logros, pero que profundiza otras tensiones. Al menos Biden ratificó que reconoce a Jerusalén como la capital de Israel y alineó aún más a Riad a la causa de los judíos.


Este artículo apareció originalmente en el boletín de El American el 18 de julio de 2022. ¡Suscríbete gratis aquí!

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