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La amenaza rusa: Estados Unidos no debería ocuparse de Ucrania sin antes atender Cuba y Venezuela

cuba y Venezuela, El American

En los últimos días, la tensión del mundo se ha concentrado en Europa oriental, específicamente en el Donbas de Ucrania, frontera con Rusia. Se espera, ante el masivo despliegue militar ruso, que Vladimir Putin ponga sus botas militares en Ucrania en cualquier momento.

La amenaza recoge argumentos históricos. El vasto imperio ruso, en la época zarista, incluía la región de Ucrania. De hecho, en Kiev nació la tradición rusa —sin irnos más lejos, cuando las tribus rus fundaron Kiev—. El pequeño hiato se dio luego de la Revolución de Octubre de 1917. Una breve guerra civil en el territorio ucraniano, a la que le dieron el pomposo nombre de “Guerra de Independencia”, fue el combustible para empezar a conformar la idea de la nación ucraniana moderna. Luego de la guerra, Ucrania quedó dividida: el oriente soviético y el occidente, polaco (y más tarde, después de la invasión alemana, bajo el control nazi).

El maltrato a los ucranianos principalmente durante la época soviética robusteció el espíritu nacionalista. Y cuando hablamos de maltrato, no se trata de cualquier cosa. Por ejemplo, Iósif Stalin sometió a los ucranianos a una de las mayores hambrunas que ha visto la humanidad. Millones de ucranianos murieron en el Holodomor, luego de la política soviética de colectivización de las tierras.

Sin intención de simplificar más la historia saltamos a 1991, cuando Ucrania se convirtió en Estado independiente, mientras la Unión Soviética se desmoronaba. Desde entonces, hubo tensiones entre ucranianos que se sienten europeos y ucranianos que se sienten rusos. A los últimos los ha seducido Putin con la posibilidad de cobijarlos bajo el paraguas ruso, corroído y ahuecado. Ahora, se siente con el derecho de dar el paso y el mundo prendió sus alarmas.

Estados Unidos ve inminente una invasión rusa a Ucrania. Otros expertos la descartan, argumentando que Rusia no tiene la robustez económica para aventurarse en un conflicto bélico a gran escala, contra Europa y Estados Unidos. Tienen razón, pero es un error considerar que Putin empezaría un conflicto convencional, al que nos tiene acostumbrado Hollywood.

Esta semana hablamos con Joseph Humire, director ejecutivo del Center for a Secure Free Society y un reconocido experto en seguridad. Si algo quedó claro de la conversación con él, es que estamos ante la inminencia de un conflicto, pero irregular. No se trata de ejércitos contra ejércitos. De militares, fusiles y tanques, a lo Band of Brothers. El conflicto será, en cambio, de legitimidad y tecnología. Ganará quien tenga mayor capacidad para sabotear las comunicaciones del adversario y generar desinformación. Los grupos rebeldes e irregulares juegan un papel fundamental. Su capacidad se sobrepone a la de los ejércitos regulares.

“Esta guerra viene. No lo podemos evitar”, nos dijo Humire, “Putin va a demostrar su poder militar, pero se va a quedar en eso. En cambio, va a capturar Kiev desde adentro”. El director del Center for a Secure Free Society se refiere a lo político, lo propagandístico y lo subversivo. Así avanzará en Ucrania.

Aunque nos preocupa Europa oriental y que Vladimir Putin avance, es importante poner todo en perspectiva. Eso nos lleva a concluir que Rusia ya avanzó y está mucho más cerca de lo que parece. Joseph Humire lo dice muy bien: “No sabemos por dónde realmente va a estallar el conflicto. Puede ser por Latinoamérica”.

Ucrania es un aliado importante para Estados Unidos, pero Latinoamérica significa una zona de influencia muchísimo más sensible, principalmente por su cercanía a Washington DC. Ante la desidia americana, dos grandes enemigos de Washington han dado pasos agigantados: China y Rusia. Hoy por hoy, la influencia de Putin en América es decisiva gracias a sus acuerdos con Cuba y Venezuela.

Cuba y Venezuela, El American
AME1712. CARACAS (VENEZUELA), 27/01/2022.- Nicolás Maduro es visto hoy durante el acto de inicio del año judicial en el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), en Caracas (Venezuela). EFE/ RAYNER PEÑA R

Maduro y Díaz-Canel al servicio de Putin

En cuanto a política exterior, la voluntad rusa se ha centrado en reducir la influencia de Estados Unidos en el mundo, para desbancarlo como hegemón. Aunque su gestión ha sido culturalmente conservadora y tradicionalista, Putin ha esbozado una política exterior sumamente elástica. El respaldo a regímenes comunistas como el venezolano y el cubano parten de la intención de infiltrarse en el patio trasero de Estados Unidos.

Para Cuba y Venezuela ha sido una alianza estratégica fundamental, sobre todo para mantener intacta su estabilidad autoritaria. Que un país acabado como Venezuela, empobrecido y violador de derechos humanos tenga a una potencia menor como Rusia de mecenas es una garantía a largo plazo. Cuando se habla de la posibilidad de que Estados Unidos le ponga fin a ambas dictaduras caribeñas, suele empuñarse el argumento de que sería un error porque Rusia acudiría al rescate. Y todos quieren evitar una guerra.

En un imprescindible artículo para The Wall Street Journal, la periodista Mary Anastasia O’Grady explica por qué Estados Unidos debería preocuparse por Cuba y Venezuela, incluso más que por Ucrania. Como muy bien escribe O’Grady, “si el Gobierno de Biden ha pretendido sugerir que no hay razón para preocuparse por la agresión rusa en el hemisferio occidental, no está siendo sincero con el pueblo americano. Rusia lleva décadas hincando lentamente sus dientes en la región y Occidente no ha hecho nada”.

“Desde 2008, cada cinco años Rusia ha desplegado dos aviones [bombarderos Túpolev Tu-160] en breves misiones en Venezuela (…) Rusia está librando una guerra híbrida utilizando sistemas y equipos de inteligencia militar de alta gama en manos de actores irregulares, incluidos contratistas privados y grupos criminales”.

La periodista dice que Rusia ha jugado un papel clave en el mantenimiento de las dictaduras de Cuba y Venezuela —ambas, hoy, interconectadas estrechamente. En el artículo describe, a partir del testimonio del teniente coronel retirado venezolano José Gustavo Arocha, las alianzas entre Rusia y Venezuela: visitas constantes a Moscú de Chávez y luego Maduro para establecer acuerdos de seguridad y defensa; más de $11,400 millones en equipamiento y armas militares rusas para Venezuela; contratistas militares rusos para ayudar en la seguridad del dictador Maduro; entrenamiento ruso a las fuerzas de seguridad de las dictaduras caribeñas.

Hace unos días, en medio de las tensiones en Ucrania, el viceministro de Asuntos Exteriores de Rusia, Sergei Ryabkov, alertó a Estados Unidos que, si sigue defendiendo al país europeo, su Gobierno desplegaría “activos militares” en Cuba y Venezuela. La advertencia es redundante, pues desde hace años ambos países del Caribe son bases de operaciones del Gobierno de Vladimir Putin.

Con respecto a esto, Humire nos lo explicó muy bien: Rusia tiene un potencial masivo insurgente y de propaganda que parte de Venezuela. Desde allí, el régimen de Putin difunde información distorsionada que es consumida por el resto de la región. De hecho, Humire nos dijo que más del 70 % de la propaganda que se difunde desde Venezuela tiene el sello ruso.

Cuba y Venezuela, El American
St. Petersburg (Russian Federation), 26/01/2022.- Russian President Vladimir Putin lays flowers at the Piskaryovskoye Memorial Cemetery to mark the 78th anniversary since Leningrad siege was lifted during the World War II, in St. Petersburg, Russia, 27 January 2022.  (Rusia, San Petersburgo) EFE/EPA/ALEKSEY NIKOLSKYI / SPUTNIK / KREMLIN POOL MANDATORY CREDIT

¿Por qué Venezuela y Cuba antes que Ucrania?

Una de las razones de mayor peso para atender primero el patio trasero es Colombia. En vísperas de las elecciones presidenciales, es muy probable que avancen en Bogotá los intereses de Caracas y La Habana. Es decir, los intereses de Moscú.

Con Nicaragua, Cuba y Venezuela como santuario para las operaciones criminales de Rusia, China o Irán, es claro que, como escribe Mary Anastasia O’Grady, “Colombia sigue”.

“El país es muy vulnerable debido a la influencia corruptora de las organizaciones del narcotráfico y a la infiltración de Cuba en las instituciones colombianas, la sociedad civil, las empresas, los medios de comunicación y el mundo académico. La rendición del Gobierno al grupo criminal de las FARC, en un acuerdo respaldado por Obama y denominado “de paz”, ha exacerbado la inestabilidad”.

Ahora Rusia está avanzando. En diciembre de 2020 Colombia expulsó dos diplomáticos rusos que estaban espiando. Aunado a ello, también crece la tensión en la frontera con Venezuela, con el despliegue militar de grupos irregulares como las FARC o el ELN que cada tanto asedian a Colombia.

Ya es tarde para impedir que Venezuela y Cuba se conviertan en cabeceras de playa de Vladimir Putin. Rusia tiene el dominio pleno en ambos territorios. Lo grave estaría por venir: actualmente, el candidato que lidera las encuestas para llevarse la presidencia de Colombia es el comunista y antiguo guerrillero del grupo M-19, Gustavo Petro. Si Petro gana la presidencia, los 915 mil kilómetros cuadrados que hoy representan Venezuela para el despliegue de actividades de desinformación, propaganda y desestabilización rusa pasarían a ser 2 millones 900 mil kilómetros cuadrados, más Cuba.

El espíritu expansivo e imperialista de Vladimir Putin no empezó ni termina en Ucrania. Está bien que el mundo se tense por lo que sucede en Europa Oriental, pero está ignorando un problema mayor, que cada vez aumenta de tamaño y de gravedad. Estados Unidos no debería ocuparse de Ucrania sin antes atender lo más urgente y lo que más le hace daño: el control de Cuba y Venezuela por parte de Rusia.

Orlando Avendaño is the co-editor-in-chief of El American. He is a Venezuelan journalist and has studies in the History of Venezuela. He is the author of the book Days of submission // Orlando Avendaño es el co-editor en Jefe de El American. Es periodista venezolano y cuenta con estudios en Historia de Venezuela. Es autor del libro Días de sumisión.

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