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Bukele, demócratas

¿Causará el Bitcoin una revolución en El Salvador?

La esencia no centralizada tiene repercusiones como, por ejemplo, los desafíos a la censura, el acceso de una ingente cantidad de bienes y servicios y la mayor propagación del conocimiento

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Sorprendentemente, hace unas semanas, se hizo oficial que uno de esos muchos Estados modernos a los que a día de hoy estamos, de una u otra forma, subordinados había apostado por promover una criptodivisa no gestionada por ningún Banco Central estatal. Nos referimos al caso de El Salvador.

El pasado 8 de junio, la Asamblea Legislativa de El Salvador aprobó, con mayoría absoluta, una serie de disposiciones legales a denominar como Ley Bitcoin. Esta legislación viene contemplar la criptodivisa de Satoshi Nakamoto como una unidad de cambio de curso legal.

Por un lado, esta medida puede resultar emocionante, al menos, para quienes, dejando consideraciones morales a un lado, tienen interés y curiosidad en las criptomonedas por cuanto y en tanto se pueden considerar como un mero avance tecnológico, igual que un robot o un móvil de última generación.

No obstante, ya desde un prisma de conciencia social, si bien hay razones para estar contentos, hay que leer la letra chica. En otras palabras: hemos de tener cuidado y cautela, como explicaré a continuación, con el proyecto de ley en cuestión, porque no es oro todo lo que reluce.

La Ley Bitcoin ignora al completo la esencia de la red de redes y de las cadenas de bloques

Las criptomonedas ayudan a tener una economía más eficiente
“La Ley Bitcoin ignora al completo la esencia de la red de redes y de las cadenas de bloques”. (Flickr)

Uno no solo ha de apreciar la esencia distribuida, dispersa y descentralizada de Internet así como del blockchain (cadenas de bloques) en sus manifestaciones tecnológicas (servidores, clústeres, VPNs, ausencia de nodo controlador de tokens, multitud de portales web, entre otros).

La esencia no centralizada tiene repercusiones como, por ejemplo, los desafíos a la censura, el acceso de una ingente cantidad de bienes y servicios y la mayor propagación del conocimiento. Así pues es obvio pensar que de una u otra forma se favorece mayor libertad para ahorrar, gastar/consumir e invertir.

Ahora bien, el articulado de esa legislación no parece respetar eso.

Por poner ejemplos, el “proteccionismo estatalista” a la hora de dar soporte a los ahorradores, la apertura a limitaciones de convertidores y su prohibición como moneda de fines contables (aunque quizá sea ya demasiado un reconocimiento positivista).

Al mismo tiempo, se obliga a aceptar por fuerza el pago en Bitcoin por parte de todo aquel agente individual salvadoreño que lo considere, a la par que se obliga a establecer sistemas de convertibilidad automática al dólar norteamericano, por si algún acreedor (quizá extranjero) desconfiase de esta criptodivisa descentralizada.

Con lo cual, si la filosofía del Bitcoin y de otras cryptos era romper con las cadenas artificiales que nos han ido imponiendo, no es muy coherente, al menos, que digamos nosotros, vender la idea de que esa moneda solo es legítima porque lo dice el Estado, siendo libres de usarla solo hasta que deje de estimarlo oportuno este ente.

El blockchain y el “método de la anaconda”

Las anacondas son un ejemplo de un reptil peligroso, aunque actúen de manera algo sibilina al comenzar. Hay casos en los que aparentan ser muy inofensivas, igual que las pitones, acercándose demasiado a sus dueños, con la finalidad de preparar su sistema digestivo para digerirlos.

El símil tendría aquí un propósito de fines opuestos, porque no es cuestión de tener miedo al fin de las opresiones (otra cosa es que uno se ponga en la piel del dictador a fin de emularle, de admirarle, de seguir su praxis), ya que creo que una excesiva confianza en las criptodivisas, por parte del exizquierdista Bukele, podría volverse en su contra.

Para empezar, como bien reconoce la legislación, al menos, la relación entre el precio del dólar americano y el Bitcoin se determinará de manera espontáneamente ordenada, es decir, tal y como determine, aleatoria, libre y variantemente el mercado, según los motivos de la diversidad de valores subjetivos.

Las cadenas de bloques son soluciones descentralizadas de por sí, que no tienen por qué verse aplicadas en concepto de Bitcoin. De hecho, recordemos que en territorios como los Emiratos Árabes Unidos ya trabajan en aplicar soluciones de blockchain en su proceso de digitalización de la administración estatal.

Uno no va a desarrollar aquí un trabajo de investigación científico-tecnológico, sino a atreverse a anticipar escenarios, con relación a los puntos descriptivos base (concepción técnica). No es cuestión de conspirar alocadamente, así como tampoco de elaborar narrativa de ciencia-ficción.

Si acabamos entrando en una dinámica donde se opte por invertir en distintas criptomonedas (siguiendo el truco del cambio de divisas) y surgen aplicaciones y soluciones informáticas que, de una u otra forma, permitiesen sistemas de organización más descentralizada dentro de las cuales estarían ciertas fórmulas de economía colaborativa o, especialmente, los llamados “contratos inteligentes”, entonces menor tendría que ser el intervencionismo político en El Salvador.

Una vez dicho esto, basta con aprovechar, por decirlo de otra forma, este cúmulo de circunstancias recientes para recordar que el blockchain puede ser muy revolucionario (en un sentido positivo de la palabra, que nada tendría que ver con la concepción pliniana) y fomentar la fortaleza de la sociedad frente al Estado y el libre mercado.

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