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El blanqueo de The New York Times sobre el totalitarismo chino

Son el tipo de textos que el Partido Comunista chino celebra, porque les regala una imagen aceptable ante el mundo, porque se plantea una versión totalitaria menos dañina.

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The New York Times lo ha hecho de nuevo. Son varios los artículos del histórico medio de la ciudad de New York en los que que, de alguna u otra forma, han terminando del lado del Partido Comunista chino (PCCh), aprobando, prácticamente, su sistema de gobierno y la formas en la que se lleva adelante.

Ahora no solo aprueban los métodos, sino también los resultados, específicamente en un artículo de la periodista Li Yuan titulado: «En un mundo de pandemia al revés, China ofrece su versión de la libertad»

El blanqueo de The New York Times al totalitarismo chino.

Muchos escritores del Times son inteligentes para redactar este tipo de artículos. Utilizan defensas poco franqueables, plantean la subjetividad y el argumento de «es más complicado de lo que parece» resurge e intentan poner en un punto medio algo que debería ser claro a estas alturas: el PCCh es una amenaza, y lo han demostrado una y otra vez durante los últimos años.

Algo similar hizo CNN con el régimen de Nicolás Maduro hace relativamente poco, pero con un escrito de opinión mucho menos sostificado y mediocre.

Por ejemplo, el Times no dice «en China no hay persecución contra las minorías étnicas», simplemente lo omiten. Anteriormente, los blanqueos a tiranías llegaban con el descaro de negar las crisis que provocaban los sistemas socialistas-comunistas en los países. Por ejemplo, hasta hace no mucho tiempo, la izquierda mediática negaba que en Venezuela hubiera una gran crisis humanitaria. Pero el éxodo masivo de inmigrantes venezolanos y las pruebas contundentes de la crisis dejaban muy mal parados a quiénes se atrevían a apoyar al régimen chavista.

Ahora el descaro no es ocultar los hechos, sino tergivérsalos, poner una nueva versión más amistosa encima de la carátula original.

En ese sentido, la mera entradilla del artículo de Li Yuan en el Times es reveladora: «La vigilancia y la censura refuerzan el inflexible control de Beijing sobre el poder. Pero en las ciudades y calles del país, la gente ha retomado una vida normal». Básicamente, se acepta que hay una censura y vigilancia que atentan contra las libertades individuales, «pero» —siempre hay un pero— China pudo volver a la normalidad por su supuesto «éxito» enfrentando la pandemia.

«China se asemeja a lo que era “normal” en el mundo pre-pandémico. Los restaurantes están repletos. Los hoteles están llenos. Se forman largas filas fuera de las tiendas de marcas de lujo. En lugar de llamadas de Zoom, la gente se reúne cara a cara para hablar de negocios o celebrar el año nuevo», dice el Times, en la pluma de Yuan, pero ignora, por supuesto, las denuncias sobre le ocultamiento de casos, que China mintió sobre el brote del virus y ocultó información importante, que manejó pesimamente el inicio de la pandemia y todos pagamos por ello; también se olvida de que China confabuló con la OMS para minimizar el impacto del virus.

¡Todo lo ignora el Times! Y eso que, ellos mismos, han sacado informaciones sobre estos hechos mencionados. Antes los periódicos, por más que no fueran nunca imparciales, se caracterizaban por basarse mínimamente en hechos objetivos —o capaz era una ilusión— pero hoy se encadenan a la subjetividad para doblarse y no romperse.

El Times y el terreno relativista

Relativo, es esa palabra. Es lo que busca The New York Times. Llevar el debate al relativismo moral, de las ideas y de los hechos; nadie tiene la razón y por ende no se puede criticarme, «la visión del NYT hay que respetarla, y la visión del Partido Comunista Chino también», es eso, justamente, lo que se quiere alcanzar.

El Times argumenta que, en épocas de confinamiento —donde los gobiernos increíblemente siguen optando por encerrar a la gente matando la economía y a las libertades—, China «ya volvió a la normalidad».

Pero bruscamente, NYT se olvida de que desde China se exportó el virus que puso al mundo en velo y, posteriormente, el Partido Comunista chino vendió su éxito enfrentando la pandemia sin respaldo alguno. El régimen de Xi Jinping exportó los confinamientos, el rastreo de las personas, el cierre económico, pero ellos solo lo aplicaron un par de meses y luego se abrieron. Y en Occidente se compró ese «remedio» que se sigue aplicando pese a que su efectividad no ha sido verificada. Mírese el caso de Florida y New York.

Los tiranuelos de esta parte del mundo, extasiados, vieron en el virus y los confinamientos una excusa para mostrarse fuertes y firmes en tiempos de crisis y, además, disimular sus grandes fracasos económicos, políticos y sociales. Pasó en Argentina, Colombia, España y varias estados de Estados Unidos.

The New York Times, totalitarismo chino
New York Times Bulding, NYC. (Flickr).

Pero los confinamientos prolongados fueron y son un error. Los ciudadanos chinos están acostumbrados a los encierros, al rastreo, la vigilancia y a la constante perdidas de sus libertades. Además, los países asiáticos también tienen experiencia con las epidemias, por eso a Taiwán le fue tan bien conteniendo el virus más allá de sus características geográficas.

¿Pero el régimen chino? ¿El que exportó el virus, ocultó el genoma a la OMS, persiguió científicos, médicos, civiles y mintió al mundo? ¿Ellos son el caso del éxito? De algo se perdió Li Yuan al momento de escribir sus líneas para el Times.

¿Qué pensarán los uigures?

Plantear que China muestra el mundo su «versión de libertad» es relativizar el concepto. La idea genuina. China no está mostrando una versión de libertad, todo lo contrario, quiere imponer su modelo totalitario y lo que hace es demostrar su fortaleza. Xi Jinping le dice al mundo: «Nosotros lo hacemos mejor porque somos más fuertes y contralamos todos».

Y a veces, razón no le falta, China es la única potencia en el mundo que creció este año, pero no por su modelo, sino por la complicidad del resto del planeta. El PCCh se adueñó del sector sanitario en cuanto a producción masiva de insumos, y ese rubro creció como nunca antes, al punto tal que gran parte de su política exterior en este 2020 se basó en la «diplomacia de la mascarilla». Donando barbijos a mansalva, pero también vendiendo como nunca. Y estafando también.

El Times vuelve a equivocarse en este punto, «La pandemia ha cambiado muchas percepciones, incluyendo las ideas sobre la libertad. Los ciudadanos de China no tienen libertad de expresión, libertad de culto o libertad para no tener miedo —tres de las cuatro libertades articuladas por el presidente Franklin D. Roosevelt— pero tienen la libertad de moverse y llevar una vida diaria normal. En un año de pandemia, muchos de los habitantes del mundo envidiarían esta forma tan básica de libertad», dice el artículo, y esto es esencialmente falso, básicamente porque uno no puede hablar de realidades al momento basarse en percepciones. Igual que mezclar agua y aceite.

De todas formas, el Times llega al descaro máximo en ese último párrafo, porque habla de «libertad para moverse», porque la gente puede ir a un restaurante, ¿pero será que los uigures tienen la misma libertad que menciona el NYT en los «campos de reeducación»? ¿Y los activistas prodemocracia en Hong Kong? ¿Y el multimillonario Jack Ma que ahora está desaparecido provocando mucha incertidumbre en torno a su integridad física? ¿Los autodenominados «periodistas civiles» que quieren romper la censura? ¿Cuánta libertad de movimiento tienen ellos?

El punto aquí es uno: el Times puede blanquear el totalitarismo chino como sistema y forma de gobierno, llamándolo «nuevo tipo de libertad», pero eso es falso. Descaradamente erróneo.

Si el Times quiere, en efecto, sacrificar o debatir el sacrifico de la democracia y las libertades individuales por un régimen comunista como el de Xi Jinping, pues que lo digan. Total, ya han dado tribuna a artículos de opinión como: «Hong Kong es China, te guste o no», aunque eso vaya con el principio básico hongkonés «un país, dos sistemas», donde la libertad de la administración especial ejercía un contrapeso importante al totalitarismo chino.

Al final, los artículos del Times son el tipo de textos que el Partido Comunista chino celebra, porque les regala una imagen aceptable ante el mundo, porque se plantea una versión totalitaria menos dañina, un poco «más libre».

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