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Brasil-Argentina: una final para agigantar el mito o matar el relato

Esta es, probablemente, la final de selecciones más atractiva e importante a nivel continental de este siglo. Por lo que representa un clásico de esta magnitud y por el duelo particular entre Messi y Neymar

A nivel de selecciones, no existe un duelo más importante en el mundo que un Brasil-Argentina. Ambos equipos, con el permiso de Uruguay que también está en la mesa de los grandes, conforman las dos máximas potencias históricas del fútbol sudamericano y son dos de las cinco selecciones más grandes del mundo.

No hay color. Los títulos, la historia y los mitos futboleros de estas dos naciones son la prueba fehaciente de que Sudamérica, por más que solo tenga 10 países, tiene en su región las máximas expresiones de fútbol a nivel global. Pueden plantearlo como quieran, pero sin la magia brasilera y el potrero argentino, el fútbol no fuera el deporte más hermoso del mundo. Y en tiempos donde la gambeta escasea, es vital reconocer la importancia de América del Sur, sobre todo en el viejo continente.

No voy a andar con rodeos: las expectativas son tremendamente altas. Si la Eurocopa maravilló al mundo futbolero durante un mes, dejando ciertamente rezagada a la Copa América en cuanto a nivel estético, de espectáculo y epicidad, esta final soñada entre argentinos y brasileros termina eclipsando, incluso, al Inglaterra-Italia del domingo.

No hay muchos Brasil-Argentina que superen esta final

El central brasilero Marquinhos se refirió a esta final como “una pelea de boxeo, con nosotros atacando y teniendo buenos momentos, pero ellos también. El que se equivoque lo menos posible vencerá. Será algo que se definirá en los detalles y por eso tenemos que estar listos para los buenos momentos y los difíciles”.

Puede que Marquinhos tenga razón. Aunque más que un combate de box, espero una pelea callejera, con mucha técnica, sí, pero también viveza de barrio. Y la camadería, solo en la previa, pues sobre el verde veremos no solo futbolistas, sino soldados de guerra dispuestos a defender sus colores. Es, en definitiva, una batalla de fútbol.

Y cómo no esperar un clima de guerra (figurativamente hablando) si todo se basa en la historia y el contexto. La rivalidad Brasil-Argentina trasciende, incluso, lo deportivo. Hablamos de Pelé y Maradona, la gambeta y asistencia de Maradona y la definición de Caniggia en el noventa; las finales de 2004 y 2007 favorables al Scracth, el reciente precedente de 2019 y las polémicas arbitrales, Neymar y Messi.

Si se repasa minuciosamente la historia, aunque no lo parezca, no hay tantos enfrentamientos entre Brasil y Argentina que puedan decirse más importantes que el partido de hoy, 10 de julio de 2021. ¿Son, acaso, las finales de 2004 y 2007 partidos más importantes que este? Lo dudo. En esas ediciones Brasil no era local, por ejemplo, y Argentina tampoco tenía esa imperiosa necesidad de ganar una Copa tras tantas finales perdidas como ahora.

Ahora, además del duelo particular entre las selecciones y la magnitud que este representa, hay un condimento extra que básicamente rompe cualquier argumento e inclina a este cotejo como el más importante entre estos dos equipos en todo el siglo: Messi vs. Neymar.

Agigantar el mito o matar el relato

El fútbol es un deporte donde el colectivo pesa más que las individuales, es cierto, pero el equipo que tiene las mejores individualidades siempre tiene un plus para estar más cerca del triunfo. En este caso, la particularidad es que, si uno vuelve a repasar la historia, pocas veces a nivel de selecciones dos de los tres mejores jugadores del mundo se vieron las caras en el último día de competencia.

Messi y Neymar, con Cristiano allí, llevan años en la cima, aunque lleven colectivamente temporadas complejas. Lionel, por ejemplo, sosteniendo la debacle institucional del Barcelona a base de pura estoicidad; y Ney, por su parte, luchando contra el relato que insistentemente lo pone como un jugador de menor jerarquía y talento de lo que es.

A Ney, se le tiene como fiestero, propenso a lesiones; no se le recuerda últimamente en grandes citas y el imaginario colectivo cree que su etapa en PSG es un fiasco y que su mayor error fue dejar el Barcelona donde era feliz con Messi y Suárez. Nada más lejos de la realidad.

Es conocida sobradamente la razón por la que el brasilero se fue del Barcelona: no quería estar a la sombra del 10. Aquel histórico 6-1 que le propinó el Barca de Luis Enrique al PSG, con Ney como descollante figura, fue el punto de inflexión de esta historia. Las portadas fueron con Messi, pero el actor principal de ese partido fue Neymar; allí el brasilero reconoció que, si quería subir el escalón definitivo para sentarse en la mesa de las leyendas de este deporte, tenía que tomar su magia e ir a un club donde él fuera el eje principal del proyecto. París era una de las pocas opciones que podía romper el mercado y ficharlo.

 Brasil-Argentina: una final para agigantar el mito o matar el relato
Neymar, durane las semifinales de la Copa América donde Brasil venció a Perú por 1-0. El Brasil-Argentina es a las 20:00, hora de Miami (EFE)

El reto de liderar un proyecto deportivo y un club autodestructivo como el PSG está infravalorado. La gestión deportiva de este club, si no fuera por los “billetazos” de cada verano, fuera un fiasco. En ese contexto, Neymar creció como jugador; dejando la banda, pasando de ser un extremo desequilibrante a pierna cambiada, a un playmaker total. Su talento, nacido en la magia que tienen las calles brasileras, formado en Santos y educado en Barcelona, terminó de desarrollarse en su película parisina.

Sin embargo, el bendito relato lo deja como un crack perdido. Como un futbolista que es menos de lo que es y que aún está en deuda. Bendito relato que solo se rompería con una Champions League más sobre sus hombros, una Copa del Mundo en su poder o venciendo al sujeto más talentoso que vio nacer este deporte: Lionel Messi.

Sí, Messi, la figura histórica-contemporánea responsable implícitamente de que Neymar no sea el jugador más talentoso del siglo, es una oportunidad única que tiene el brasilero para demostrar que él también es el mejor.

Pero Neymar no es el único que se juega un paso a la historia. Messi, multicampeón de todo, reconocido por rivales, fans y haters; es un futbolista que no le debe nada a nadie más que a él mismo.

 Brasil-Argentina: una final para agigantar el mito o matar el relato
Messi resistiendo la embestida de Davinson Sánchez durante las semifinales vs. Colombia. (EFE).

Es la injusticia de ser el GOAT. Siempre, sin importar el contexto, tienes que ser el GOAT. Y con Argentina, pese a haber jugado el partido más importante de su vida —una final del mundo— pese a tener el récord de presencia, goles y asistencias, haber conseguido títulos importantes como una copa del mundo de inferiores y una medalla olímpica; tiene su propia deuda consigo mismo: el título con la mayor.

Es una “deuda” que tiene con su mito. Nadie tiene el derecho de recriminárselo, solo él. Y no me lo invento yo; su torneo es una fiel demostración del hambre que tiene por agigantar su propia leyenda. Porque los Jordan, los Ronaldo, los Federer; todos mantienen esa obstinada forma de auto superarse hasta el último baile.

Este Brasil-Argentina no es una final cualquiera. Estamos en presencia del momento deportivo donde Messi puede agigantar su mito o Neymar vencer el relato. Son las proezas individuales, acompañadas del colectivo, que pasan a las páginas doradas del deporte.

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