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Australia -Facebook - El American - Sección 230 - Big Tech

El “código abierto” ante la mala praxis ideológica de las Big Tech

La esencia distribuida y descentralizada del blockchain y a la antítesis del centralismo que supone Internet se suma la filosofía del open source que rompe con el proteccionismo intelectual

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Quizá estemos en una semanas más convulsas y paradójicamente interesantes para lo que podemos conocer como la red de redes (Internet), por culpa de determinados proveedores de servicios de la Web 2.0 centrados en el social media (sí, las grandes corporaciones tecnológicas, conocidas, por su anglicismo, como Big Tech).

A raíz de esa convulsión demasiado agitada que se desató el pasado 6 de enero en Washington, cuando no hubo una invalidación parlamentaria de los resultados del Colegio Electoral, dada la presunción de irregularidades varias en el proceso que “se ha saldado” con la presidencia electa de Joe Biden, el cerco censor se intensificó.

Pese a que Donald Trump invocó a quienes le acompañaron en su rally a ser respetuosos con la “ley y el orden”, las Big Tech encontraron un “pretexto ideal” para endurecer unas medidas de censura que no son nada novedosas, dado que han tratado de complicar la puesta en cuestión de las “verdades oficiales” izquierdistas.

El extremo, en principio, llegó hasta el punto de suspender sine die las cuentas de Donald Trump en redes sociales como Facebook y Twitter mientras que algunas compañías optaron por retirar cualquier producto de merchandising que transmitiese un apoyo a este presidente norteamericano.

Ante ello, muchos usuarios con orientación conservadora, tradicionalista o paleolibertaria optaron por migrar a servicios alternativos de microblogging tales como Gab y Parler, bien para “castigar” a Zuckerberg y Dorsey o para asegurarse nuevos servicios ante un veto que podría llegarles a ellos también.

Dada esta tendencia, Amazon optó por suspender automáticamente la provisión de alojamiento de Parler (en algún clúster de Amazon Web Services), de modo que todos los datos gestionados por esta empresa, según advierte su CEO, están perdidos. Tratan ahora, por cierto, de desplegar su propia infraestructura.

Eso sí, en este ambiente tan caldeado cayó, también hace poco, la gota que colmó el vaso: WhatsApp obliga a sus usuarios a aceptar unas condiciones de privacidad que dan vía libre al intercambio de datos con Facebook (empresa propietaria), sea cual sea el fin, e implique a quien implique.

Esto generó una obvia preocupación por la privacidad (una obviedad intrínseca al derecho natural a la propiedad), aparte de temer muchos que, en vistas de lo sucedido, con la correspondiente colaboración del estatismo, sirva incluso para menoscabar la libertad de asociación de los movimientos anti-socialistas y contrarrevolucionarios.

Hecha la introducción anterior, para poner en contexto, no es mi intención otra sino mencionar y dar crédito a un paradigma adicional que podría ser determinante dentro de los mecanismos espontáneos de libre competencia (a fin de penalizar a las Big Tech): el paradigma del open source (código abierto), relacionado con el software libre.

Estamos llamados a innovar, en sentido amplio

Sin género de duda alguno, no tenemos por qué privarnos de manifestar nuestras valoraciones explícitas sobre los distintos bienes y servicios que se ofertan en el mercado (así se configura un valor que depende de muchos factores, lo cual lo convierte en algo subjetivo, como ya explicasen Juan de Lugo y Carl Menger).

A su vez, ejercitando nuestra libre expresión dentro del mercado, no solo actuamos conforme a lo que Ludwig von Mises denominó “democracia económica”. No hay nada ilícito en promover lo que se puede entender como un “boicot” contra determinadas entidades por cierto motivo, algo sobre lo que, en su día, debatió Murray Rothbard.

Pero no por ello hemos de deshechar la oportunidad de llevar a la práctica esas virtudes emprendedoras intrínsecas a cierto concepto moral de la acción humana. En libertad, con respeto a nuestros derechos naturales, podemos exprimir nuestras iniciativas propias, sirviendo así a la sociedad.

Hay muchas maneras, pero aquí, en este presente ensayo, quisiera centrarme en ciertas ventajas del código abierto (desde un prisma que no sea tan difícil de comprender para el lector medio), por cuanto obedece a un paradigma que fomenta la libre expresión creativa y la espontaneidad descentralizada en la ingeniería de software.

El “paralelismo libertario” del open source

No es intención de quien escribe “ideologizar” o “marcar intelectualmente” lo que es una mera filosofía dentro del entorno del desarrollo de soluciones de software. No obstante, sí que he de decir que no está condenada al ostracismo, ni en el entorno académico ni en el mercado tecnológico.

Grandes corporaciones como Microsoft han renunciado al “purismo” del “software propietario”, por cuanto han optado por liberar partes de su código (esto ha afectado a más de 60.000 patentes), aparte de gestos como la integración del bash de Unix en Windows 10, la integración de Linux en Azure y la apuesta por GitHub.

No obstante, pese a que la mayoría de equipos personales de escritorio usen alguna versión del sistema operativo lanzado por Bill Gates, el área de la computación en la nube debe mucho al kernel de Linus Torvalds (Linux). De hecho, no hay ningún supercomputador que emplee Windows (igual con más del 90 % se servidores).

Podemos citar más ejemplos: la popularidad de la plataforma de e-gaming denominada Steam, lenguajes de programación como Python (con una tendencia al alza, en gran medida, dada la importancia a adquirir por el Big Data), navegadores como Mozilla Firefox y gestores de bases de datos como MySQL, Apache Hadoop y MongoDB.

Eso sí, la cuestión central es que el éxito se está atribuyendo a soluciones que si bien no están siempre “abandonadas” por sus emprendedores, están abiertas a las contribuciones de desarrolladores ajenos a las plantillas empresariales, bien a título propio o comunitario (algo facilitado por la dispersión de la que nos beneficia Internet).

Al mismo tiempo, no tienen “derechos de autor”, sino licencias de código abierto, como la de GNU y la de Apache, que permiten la propagación del conocimiento y abren la puerta a mejoras sin dejar al autor sin posibilidad de atribución de méritos, pero rompiendo con el “proteccionismo intelectual” de las patentes y el copyright en general.

Con lo cual, se puede apreciar un éxito del ordenamiento espontáneo en un área de mercado bastante concreta, por cuanto no todo el desarrollo y mantenimiento depende de una única entidad centralizada con unas reglas bastante estrictas (y si se da el caso, beneficiada oligopólicamente por alguna medida del crony capitalism).

Por cierto, es interesante saber que gracias a la existencia de código abierto, podemos pensar, por ejemplo, en una bifurcación de Android o del ya hegemónico Google Chrome que no dependa para nada de Google, o en alguna mejora que estimemos oportuna en Telegram (que tiene código liberado).

Con lo cual, una vez dicho todo lo anterior, podemos decir que a la esencia distribuida y descentralizada del blockchain y a la antítesis del centralismo que supone Internet se suma la filosofía del open source que rompe con el proteccionismo intelectual y facilita más que otra cosa esa innovación competitiva que posibilita el libre mercado.

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