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Compliance, El American

Compliance (2012), una película sobre obediencia ciega para tiempos de pandemia

Compliance está basada en los hechos reales conocidos como los engaños de la falsa llamada telefónica de cacheo al desnudo

Compliance – conocida como “Obediencia” en español -, es una película de 2012 basada en hechos reales, y multipremiada en diferentes festivales de cine independiente. Escrita y dirigida por Craig Zobel, Compliance dio a conocer a este cineasta, quien después ha dirigido varios capítulos de populares series como American Gods, The Leftovers y Westworld, así como otras dos películas que han despertado gran interés: Z for Zacharia y The Hunt.

Z for Zacharia (2015), con Margot Robbie, Chris Pine y Chiwetel Ejiofor, es una película de ciencia ficción post-apocalíptica con interesantes alegorías sobre religión y ciencia, que le valieron los halagos de la crítica y alzarse con el premio del gran jurado en Sundance.

The Hunt (2020), con Hillary Swank, y de la que ya hablamos en El American, es una película de terror en clave de comedia y con un trasfondo de sátira política, que estuvo rodeada de polémica tras ser criticada por Trump en Twitter. Trump confundió con un ataque la premisa de la película – que trata de unos billonarios progresistas que se dedicaban a dar caza a republicanos por diversión -, cuando en realidad, es una de las más mordaces y duras críticas a la hipocresía de las élites políticas, especialmente las izquierdistas.

En Compliance, Craig Zobel ya mostraba su desconfianza hacia el poder y los gobiernos, en una película muy inquietante sobre cuán manipulables pueden ser las personas mediante la coacción proveniente de figuras de autoridad.

Compliance está basada en los hechos reales conocidos como los engaños de la falsa llamada telefónica de cacheo al desnudo, que fueron una serie de incidentes que se produjeron en Estados Unidos desde 1992, y por un período de 12 años.

Los incidentes descritos en Compliance consistían en que un hombre llamaba por teléfono a un restaurante, – generalmente de comida rápida y en ciudades pequeñas -, diciendo ser un agente de policía, y conseguía convencer a los gerentes para que realizaran cacheos al desnudo a las empleadas, así como otros actos vejatorios. Con solo su voz al otro lado de la línea de teléfono, y con una maquiavélica habilidad para la manipulación, conseguía que sus víctimas obedecieran ciegamente las más disparatadas peticiones. Y todo ello por simplemente identificarse como policía.

Aunque parezca increíble, esto sucedió en realidad. De hecho, Compliance comienza con un mensaje que hace referencia al “experimento Milgram”, explicando que todo es verídico, y que nada de lo que se cuenta fue exagerado para la película, por inverosímil que pueda parecer. Aún así, muchos espectadores abuchearon la película convencidos de que se trataba de una delirante mentira por parte del guionista.

Lo cierto es que se denunciaron más de 70 sucesos de este tipo en 30 estados de Estados Unidos, desde 1992 a 2004, año en el que uno de estos incidentes en Mount Washington, Kentucky, condujo a la detención del supuesto autor de las llamadas. Aunque esta persona fue absuelta de todos los cargos en el caso de Mount Washington, siempre se sospechó de él y, de hecho, las llamadas cesaron tras su detención y posterior juicio.

Puede parecer una locura que una persona haciéndose pasar por policía, sin más prueba que su palabra al otro lado de una línea telefónica, y diciendo que una empleada es sospechosa de un simple robo, consiga que la gerente de un establecimiento haga que su empleada se desnude, le practique una exploración vaginal y rectal, e incluso que el novio de la gerente reciba una felación por parte de la empleada a modo de expiación por un delito que no cometió. Pero lo narrado en Compliance pasó de verdad.

Podría pensarse que una persona manipuladora y amenazante, como el falso policía de la llamada, consiguiera doblegar directamente a su víctima, una joven empleada. Pero resulta sorprendente que habiendo más personas implicadas, como lo fueron la gerente y su pareja, no sólo ninguno se cuestionara las desquiciadas órdenes y amenazas, sino que además se convirtieran en leales y obedientes colaboradores necesarios de sus depravadas órdenes.

La triste realidad es que la historia está repleta de ejemplos de la predisposición de los seres humanos a prestarse a colaborar con los sádicos deseos de figuras de autoridad, y encima a mayor escala que lo visto en Compliance.

Compliance y el experimento Milgram

Tres meses después de que Adolf Eichmann fuera juzgado y sentenciado a muerte por sus crímenes contra la humanidad durante el régimen nazi en Alemania, en julio de 1961, el psicólogo de la Universidad de Yale, Stanley Milgram, fascinado por este oscuro aspecto de la psicología humana, dio comienzo al conocido como “experimento Milgram”.

El objetivo de su serie de experimentos era medir la disposición de una persona para obedecer órdenes de una autoridad, incluso cuando éstas pudieran entrar en conflicto con su propia conciencia o sentido de la ética. En el experimento Milgram, el investigador convence al participante para que inflija lo que creen ser descargas eléctricas dolorosas sobre otro sujeto. Aunque las descargas son falsas y el sujeto que las recibe es un actor, esto el participante no lo sabe, y continúa electrocutándolo a pesar de los quejidos y súplicas del actor, simplemente porque el investigador le insta a hacerlo. Todo sea por la ciencia.

En 1963, Milgram resumía los resultados de su experimento en un artículo para el Journal of Abnormal and Social Psychology bajo el título “Behavioral Study of Obedience”, y en su libro “Los peligros de la obediencia”, de 1974, diciendo:

“Los aspectos legales y filosóficos de la obediencia son de enorme importancia, pero dicen muy poco sobre cómo la mayoría de la gente se comporta en situaciones concretas. Monté un simple experimento en la Universidad de Yale para probar cuánto dolor infligiría un ciudadano corriente a otra persona simplemente porque se lo pedían para un experimento científico. La férrea autoridad se impuso a los fuertes imperativos morales de los sujetos (participantes) de lastimar a otros y, con los gritos de las víctimas sonando en los oídos de los sujetos (participantes), la autoridad subyugaba con mayor frecuencia. La extrema buena voluntad de los adultos de aceptar casi cualquier requerimiento ordenado por la autoridad constituye el principal descubrimiento del estudio”.

En la película Compliance se muestra cómo una simple persona anónima, sabiendo de esta predisposición del ser humano para obedecer acríticamente a la autoridad, fue capaz de reproducir este experimento, con los mismos lamentables resultados y, esta vez, tristemente, con personas reales y no con actores.

Como se nos muestra en Compliance, si una persona haciéndose pasar por figura de autoridad, consiguió esto de forma sencilla, cabe preguntarse cuánto de lo que descubrió Milgram en nombre de la ciencia, utilizan las verdaderas autoridades para imponer sus designios.

En tiempos de miedo generalizado por culpa de la pandemia, y apelando a la sacrosanta ciencia sanitaria, estamos viendo cómo prácticamente todo el mundo está aceptando acríticamente – e incluso haciendo cumplir a los demás de forma vehemente -, todo tipo de restricciones autoritarias. Quizás muchas de estas medidas sean necesarias y efectivas, pero lo cierto es que en no pocas ocasiones se han demostrado como arbitrarias, cambiantes, y mucho más nocivas que lo que dicen pretender mitigar. 

Tanto la película Compliance, como Experimenter (2015) – sobre la vida y obras de Stanley Milgram -, merecen un atento visionado en la actualidad. No dejarán indiferente a nadie, y quizás ayuden a remover las conciencias de algunos espectadores, para que reflexionen calmadamente antes de actuar de forma impulsiva ante todo lo que se nos está obligando a obedecer.

compliance stanley milgram
Peter Sarsgaard interpreta a Stanley Milgram en la película Experimenter (YouTube)
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