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Gab, red social, El American

La contra-cultura espiritual de Gab, el otro Twitter

Estamos a mediados de febrero del año 2021, a punto de cumplir un mes bajo la administración Biden. No sabemos con plenísima certidumbre todo lo que nos depare el futuro, aunque podamos predecir con seguridad y advertir de lo que corresponda, según el caso.

Algunas problemáticas que saltaron a la palestra a principios de año, continúan. Concretamente, hablamos de la insistente ofensiva censora de las grandes corporaciones  tecnológicas contra cualquier puesta en cuestión de las “verdades oficiales” de los entramados revolucionarios, “progres” y socialistas.

Hay quienes apostamos, entre otras cosas, por no renunciar al campo de batalla de Zuckerberg y Dorsey (inter alia), tratando de no sucumbir por nuestra cuenta ante unas pretensiones contrarias a la libertad y la verdad (de este modo evitamos incurrir en lo que también se podría definir como “entreguismo”).

Al mismo tiempo, podemos ser testigos de determinadas acciones de gobiernos conservadores occidentales (en un sentido amplio) contra la censura de las Big Tech. Ya en su momento se comprometieron a ello en Polonia y Hungría, siguiéndoles ahora, con medidas similares y recién anunciadas, Ron DeSantis, gobernador de Florida.

De todos modos (insisto, sin renunciar a ningún campo de acción de debate y puesta en cuestión), también se consideró que ese emprendimiento vinculado a la libre competencia podía plantear alternativas a unas Big Tech comprometidas con la imposición estatal de la agenda política, cultural y social del izquierdismo lato sensu.

Hay muchos ejemplos sobre este fenómeno ya abordado en otras ocasiones (contémplese el fenómeno de la descentralización, al que, “a su manera”, el blockchain y el open source están más que relacionados de manera estrecha), pero me voy a centrar en un caso concreto: Gab, a considerar como el Twitter alternativo, el de la “ranita”.

Singapore (Singapore), 06/12/2019.- A picture made with a fisheye lens shows the Google logo in Singapore, 06 December 2019. Google has banned political advertising in Singapore, as they are regulated under the Protection from Online Falsehoods and Manipulation Act (POFMA), widely known as the ‘fake news’ law. Opposition politicians have decried the move ahead of an election expected early next year as Singapore’s media election coverage is ‘totally dominated by the state’ and that they would lose the ability to ‘inform and educate’ voters without Google’s advertising platforms. (Elecciones, Singapur, Singapur) EFE/EPA/WALLACE WOON
  1. El “fenómeno Gab” no se está desinflando “sin más”

Es cierto que, por una u otra razón, el servicio de microblogging más utilizado sigue siendo Twitter. No obstante, hay quienes incluso hace un bienio empezaban a valorar el uso de redes como Gab, al menos como “reserva alternativa” en caso de que la difusión se obstruyese intencionalmente en el servicio del “pajarito azul”.

Ya en su momento, Google y Apple se desconcertaron, optando por retirar de sus tiendas de aplicaciones la solución de software que permitía a los usuarios de smartphones sin lidiar con interfaces web que, si bien son responsivas (diseño web) y amigables, no brindan una experiencia de usuario tan intuitiva y flexible en cuanto al “manejo”.

Téngase en cuenta que nuestro uso de los teléfonos móviles se dispara, llegando a utilizarlos, salvo para redacción de documentos u otras labores más complejas (profesionales o académicas), para casi todo (de hecho, la resolución y dimensión de algunos modelos recientes está ayudando a vencer incluso a algunos tablets).

Obvio pues que el uso del social media sea mayor, por lo tanto, en los smartphones. Pero bueno, ahí están las barreras de las Big Tech, aunque también haya de saberse que existe una interfaz de desarrollo de aplicaciones que provee Gab a cualquier desarrollador dispuesto a facilitar y potenciar, con soluciones, el acceso a las mismas.

Pero no me voy a enredar demasiado con cuestiones estrictamente tecnológicas. Prefiero continuar y apuntar a que, ya en enero, esta reportó un incremento de usuarios bastante notorio, en términos de millones, que no parece estar siendo efímero un mes después (hay quienes optan por combinar su presencia tanto ahí como en el renacido Parler).

  1. El CEO de Gab prefiere entrar de lleno en la batalla cultural y espiritual

Andrew Torba, CEO de Gab, no es una persona que simplemente se limita a hablar de “incorrección política” o a apoyar sin fisurar a un candidato como puede ser Donald Trump. Llega a profundizar en cierta medida en otro punto esencial de la contrarrevolución: la reivindicación de la Cristiandad.

Uno puede observar que, en ocasiones, desde la “cuenta de representación” en Twitter, se difunden ciertos alegatos a favor del cristianismo (en términos culturales y de fe, es decir, espirituales) así como algún que otro versículo bíblico (en verdad, una defensa muy extraña, en ciertos niveles, en muchos empresarios actuales).

Pero no solo se queda la cosa ahí. En su momento, Torba llamó a los cristianos a contribuir a construir una “economía cristiana” mediante su renuncia al uso de los servicios de las Big Tech y otras compañías comprometidas con la agenda izquierdista (considera que están destruyendo América).

Anunció además, que la compañía que está implicada en un proyecto de ayuda financiera a medios de comunicación, negocios, creadores de contenido y miembros de comunidades religiosas que defiendan con elocuencia los principios del cristianismo (a los cuales le debemos el respeto a la libertad, la dignidad humana y la propiedad en Occidente).

Y no, su oposición al nihilismo no le lleva a practicar internamente un desprecio a la libertad religiosa (no hay que repudiarla, pues, sin necesidad de entrar en debates teológicos, conviene recordar que, para un creyente como quien escribe este artículo de opinión, Dios nos creó en libertad para encontrarle y alcanzarle, en pos de la verdad).

En un manifiesto oficial de Gab se recuerda que hay muchos ateos, paganos y agnósticos que simplemente “desean hablar en libertad, lejos del ojo avizor y el puño de hierro de Silicon Valley”, si negar que el responsable máximo está convencido de la fe que profesa y de su compromiso social y empresarial con la moral y la tradición cristiana.

Finalmente, una vez enunciado todo anterior, lo importante es que haya empresarios que pretendan responder al interés social por medio del mercado (beneficiados por la libre competencia y no por el crony capitalism) y que no tengan miedo a reivindicar la tradición cristiana frente al relativismo “progre” y revolucionario que promueve el Deep State.


Ángel Manuel García Carmona es Ingeniero de software – Desarrollador web.

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