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La cuarta temporada de Stranger Things es la mejor hasta ahora, pero lamentablemente no fue tan valiente

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Este artículo contiene spoilers de la 4ta temporada de ‘Stranger Things’.

LOS HERMANOS DUFFER lograron construir la temporada más oscura, compleja y emotiva de Stranger Things, la serie que ya lleva seis años maravillando a los nostálgicos de los años ochenta, aún sin haber vivido la década.

La cuarta temporada, que arranca con un esfuerzo de los personajes principales de integrarse a una vida normal, luego de las tragedias que han acosado a Hawkins, nos muestra que a veces la vida corriente puede ser más cruel que el mundo infernal del Upside Down. Particularmente, Eleven lo padece: las verdaderas amenazas nunca fueron los monstruos, sino los chicos de su edad que controlan arbitrariamente quién y cuándo encaja. Por ello, aún con un fuerte sentido de culpabilidad, celebramos el golpe con el que Eleven le fractura la nariz a su bully.

Pero la normalidad es solo una fachada. Las cosas no están resueltas. Los monstruos siguen ahí. Y, esta vez, una figura escalofriante con una voz de ultratumba aparece para asesinar a sus víctimas de la forma más aterradora que hasta ahora nos ha ofrecido Stranger Things: se elevan varios metros, como si estuvieran poseídas; las extremidades se les fracturan, los dedos se retuercen y la mandíbula se quiebra; los ojos se voltean y de las órbitas corre sangre. Una a una van cayendo, luego de pasar días acosados por sus peores pesadillas (imágenes perturbadoras de los miedos más profundos de los asesinados).

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El responsable es Vecna, un monstruo humanoide que luego se devela como uno de los proyectos científicos de Papa, el antihéroe que supuestamente tortura, secuestra y manipula a Elevan porque le profesa un amor insondable.

Detener a Vecna se convierte en una tarea casi imposible, mientras corre el reloj y se construye la atmósfera para que, no solo Hawkins sea eventualmente destruido, sino también el mundo. Entonces, nuestros héroes, los protagonistas desde la primera temporada, a los que ahora se le han sumado un par de personajes bien logrados y con los que la audiencia construye un vínculo, asumen el reto, aunque parezca un acto suicida.

Varias tramas se desarrollan en paralelo. Bien logradas, casi todas igual de atractivas y con la satisfacción de que, aunque parecen aisladas, al final se relacionan. Por un lado, Joyce y su aventura soviética para rescatar a Jim Hopper. Por el otro, Nancy, Steve, Dustin, Robin, Max y Erica, junto al recién integrado Eddie Munson, traman una emboscada contra Vecna mientras escapan del delirante y colérico Jason Carver, otrora el chico popular de Hawkins. En California, la que vendría a ser la trama más floja, los hermanos Byers, junto a Mike y el vendedor de pizza y adicto a la marihuana Argyle escapan del Gobierno americano para rescatar a Eleven. Y Eleven, por su parte, secuestrada implícitamente por Papa, busca desarrollar su máximo potencial para finalmente tener la habilidad para enfrentar y ganarle a Vecna, que hasta el momento es tan o más poderoso que ella.

Finalmente Stranger Things construye un villano a la altura de los héroes y de Eleven. Esta vez, tiene rostro y tiene historia. Y toda la trama te va cautivando a medida que se va revelando y entendemos que, aunque la cuarta temporada tiene un tono y una crudeza muy diferente a las primeras tres, está estrechamente relaciona a absolutamente todo lo que hemos visto en estos últimos años de Stranger Things.

Vecna arrastra un pasado que lo impulsa a cometer las peores atrocidades, sin el mínimo remordimiento. La muerte, el sufrimiento y las pesadillas lo alimentan y su voluntad es la de quebrar la mente de los frágiles y traumados. Por todo ello, este es finalmente un villano que verdaderamente logra aterrar a la audiencia, porque, por primera vez, atenta contra la integridad de los protagonistas.

Heridos, acosados y aterrados, nuestros héroes no desisten y, sabiendo que están a punto de perderlo todo y que de su lucha depende el mundo como lo conocemos, deciden arriesgar su vida, hasta el punto que, por un momento, sentimos que Vecna ganó.

La serie triunfa al construir una atmósfera trágica y melancólica, de dolor y desánimo. La muerte de con quienes nos hemos encariñado en estos años es inminente. No hay forma de que todos salgan ilesos. La música, que siempre ha sido el gran recurso de los hermanos Duffer, aparece para acorralarnos y hundirnos. Pero, entonces, y gracias a la energía de algunos de los protagonistas, irrumpe la intro de la serie y los héroes se sobreponen. Es predecible, es claro. Es deseable. Pero lo desafortunado es que, la serie no termina siendo desgarradora porque, gracias al mágico malabarismo del guion, Max, a quien en un momento ya habíamos dado por muerta, revive.

Y quienes ya nos habíamos conmovido hasta el llanto y emocionado porque una serie que siempre parecía para adolescentes había dado el valiente paso de desgarrar a la audiencia con la tragedia, que es innata a la vida y que es inevitable cuando el mundo está a punto de desmoronarse por la maldad de un monstruo inhumano como Vecna, nos decepcionamos.

La cuarta temporada de Stranger Things es la mejor, pero los hermanos Duffer siempre buscarán recordarnos que, al final del día, se trata de una serie para adolescentes, donde el guion es lo suficientemente elástico como para evitar el verdadero drama y las tragedias del mundo de los adultos. Entretenida como pocas series, vale la pena cada segundo y nos deja con ganas de mucho más. Esperemos que la quinta temporada esté al mismo nivel de la cuarta.

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