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Cuba

Cuba eterna, Cuba de julio

Los vientos de libertad que comenzaron a soplar en Cuba serán inmunes a la represión y al olvido

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Estos párrafos son escritos un 14 de julio, y probablemente no exista mejor día en el año para recordar que todas las tiranías caen, que todos los pueblos, a pesar de los abusos, el hambre y el autoritarismo, tarde o temprano optan por romper las cadenas que los esclavizan.

Lo sucedido en Cuba esta semana marcará un antes y un después en la historia de la isla. Nunca antes los cubanos —que siempre han anhelado la libertad— se habían manifestado de esta forma. Nunca antes sus voces, calladas por el régimen y sus desvergonzados cómplices alrededor del mundo, se habían unido en un solo grito, en un solo impulso. “Libertad” clamaban unos. “Abajo la dictadura” vociferaban otros. El pueblo cubano está luchando, con valentía digna de admiración, para que 62 años de miseria, injusticia y muerte lleguen a su fin.

No habrá absueltos por la historia. Al menos no entre aquellos que a través del totalitarismo, la censura y el asesinato han sometido a millones de voluntades, tantas de ellas perdidas en el camino hacia la libertad. La historia (que por cierto, es escrita por nosotros) no perdonará a quienes, en sus ansias de poder, tejieron y vendieron mentiras que comercializaron en charcos de sangre bajo la falsa etiqueta de “dignidad”.

La historia no absolverá a los tiranos, no; pero tampoco a aquellos que promueven su propaganda homicida. El deber de los libres es exigir, codo a codo con los cubanos, la inmediata restitución de la democracia en la isla. Hoy, la Cuba eterna, la Cuba de julio nos necesita en las calles gritando por ella, y poco importa si son las calles de La Habana, las de Miami, Madrid, París o Tokio: los ojos del mundo deben posarse sobre la desesperación inimaginable de los cubanos que, sin ya nada que perder, van por todo.

Cuba eterna, Cuba de julio
Personas se manifiestan frente al capitolio de Cuba hoy, en La Habana (Cuba). (EFE)

El deber de los libres es también no permitir que los olvidadizos (actores políticos y medios) entierren las protestas que iniciaron el pasado 11 de julio. Sí, el régimen vendrá por los manifestantes. Habrá persecuciones, encarcelamientos y ejecuciones. Los habrá porque tales son las formas de los tiranos; ya han comenzado. Vendrá, luego de esta tormenta de libertad, la quietud de la amenaza y la opresión. Pero —¡y vaya que vale la pena recordarlo un 14 de julio!— toda revolución comienza como una mera revuelta. El “basta” ya corre por Cuba, y bien es sabido que se puede arrestar, torturar y hasta matar a los emancipados, pero no se puede hacer lo mismo con la emancipación.

Luego de 62 años de horror, los cubanos (muchos de ellos, sin camisa, en lo que podría leerse solamente como un guiño histórico a los sans-culottes de 1789) prestan su piel a los represores de ayer y de hoy. Muchos de ellos, al igual que sus padres, que sus abuelos, no verán el desenlace sin paralelo de estos días. No verán a su Cuba libre y próspera, como siempre la han querido. No se enterarán, tal vez, de que mejores vientos comienzan hoy a soplar en La Habana, y le seguirá Managua, le seguirá Caracas. Pero la libertad está a la vuelta de la esquina, y nadie podrá detenerla.

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