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5 cosas que el pueblo cubano debe saber

Cuba: mediación humanitaria para frenar el genocidio y propiciar la transición democrática

El régimen cubano es experto en vender la imagen de la víctima. La estrategia consiste en elaborar coartadas paralelas para culpar a Estados Unidos de todo lo que pasa

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La vergüenza y el asombro parece haberse adueñado de la opinión pública internacional, mientras el mundo asiste, perplejo, al genocidio que está teniendo lugar en Cuba y que, a juzgar por su crudeza, puede provocar una imprevisible catástrofe humanitaria.

La salvaje represión que viene perpetrando la dictadura cubana contra las personas que participan en las pacíficas protestas que están teniendo lugar en Cuba, podría marcar el inicio de una de las masacres más arbitrarias cometidas en la historia de este país y de la que nunca tendremos noticia, a menos de que Estados Unidos, la Unión Europea (UE) y la Organización de las Naciones Unidas (ONU) envíen una intervención humanitaria con la presencia de observadores internacionales para documentar lo que de verdad está sucediendo.

El pasado domingo el pueblo cubano, harto de la falta de libertades, de una pavorosa y creciente escasez de alimentos y medicinas y una crisis sanitaria que asola al país, salió a la calle a protestar pacíficamente contra la dictadura que gobierna hace más de 60 años en la isla. 

En poco menos de tres días, agentes de policías y fuerzas paramilitares disfrazadas de civiles instigados por el régimen castrista y por los medios oficiales al servicio de la dictadura, han desatado una cacería humana sin precedentes, mientras los poderes internacionales —ONU incluida— miran hacia otro lado, en lo que constituye el linchamiento paramilitar más impune de la historia de esta nación.

A pesar del apagón de Internet llevado a cabo por el Gobierno para silenciar la dimensión de la masacre, diversas imágenes y testimonios escalofriantes que circulan por las redes sociales atestiguan la consumación de una orgía de sangre tan sistemática y bien organizada por parte del régimen que debería espantar a los estudiosos de los crímenes contra la humanidad. Todo ello en un país donde la inmensa mayoría de la población se comunica a dura penas con el mundo exterior a través de sus teléfonos móviles.

Golpizas brutales, asesinatos, intimidaciones, detenciones arbitrarias, abusos violentos contra hombres, mujeres, jóvenes, niños y ancianos desarmados, masacrados a fuerza de disparos, golpes y de hambre, conforman el panorama de una de las páginas más tristes registradas en Cuba. 

Las cifras de los desaparecidos son aterradoras, y los son más aun las imágenes que hemos visto, día tras día, de esbirros del régimen que allanan las viviendas buscando a los manifestantes para dispararles cruelmente delante de sus familias.

Pero a pesar de los acosos policiales y de todos los intentos hechos por la dictadura para poner de rodillas a su población, los cubanos han logrado mantenerse en pie con un coraje que suscita la admiración general, y sobre todo por el ejemplo de rebeldía civil que están dando cientos de miles de jóvenes de este país.

Grupos independientes de la sociedad civil cubana, entre ellos opositores y activistas, atribuyen la decisión de perpetrar un baño de sangre para frenar la revuelta popular al Gobierno que preside Díaz-Canel bajo instrucciones precisas de Raúl Castro y Ramiro Valdés. 

La planificación oficial de la carnicería ha sido diabólicamente premeditada. Los asesores, chivatos y voceros del régimen fomentan el terror colectivo ofreciendo regularmente nombres, direcciones y sitios probables de escondite de aquellos que deben ser linchados, alentados por el propio presidente del país, Miguel Díaz-Canel bajo la “orden de combate”.

Por tanto, existen indicios suficientes para asegurar que el Gobierno totalitario cubano es el principal responsable de esta siniestra operación de sangre y terror.

La negativa del régimen de acceder a las peticiones de los manifestantes y la falta de una respuesta contundente de la comunidad internacional para que observadores y organizaciones humanitarias visiten la isla en el marco de una misión humanitaria, hacen que la tragedia pueda llegar a niveles de crueldad nunca vistos.

Cuba, El American
“Golpizas brutales, asesinatos, intimidaciones, detenciones arbitrarias, abusos violentos contra hombres, mujeres, jóvenes, niños y ancianos desarmados, masacrados a fuerza de disparos, golpes y de hambre, conforman el panorama de una de las páginas más tristes registradas en Cuba”. (EFE)

Cuba como nación, además, corre el riesgo de una fractura social si el corrupto grupo de generales que lidera el ejército se ve superado por pugnas internas que podrían agravar la crisis. Se mezclan así en el conflicto rasgos de guerra civil y de choques entre facciones militares, con un fondo de limpieza ideológica. De ahí su complejidad y la urgencia para buscar una solución inmediata.

A la espera de que el grueso de la policía y los militares se pongan del lado de los demócratas, una nueva sociedad civil se ha puesto al servicio de la patria. Son los aguerridos muchachos que luchan y mueren, las mujeres que salen a la calle a gritarles a los matones del régimen, los periodistas y los sacerdotes locales, que están junto al pueblo, los youtuber que denuncian ante el mundo, contra todos los obstáculos, esta barbarie.

La Unión Europea ha condenado la detención de opositores y periodistas y ha demandado a las autoridades de La Habana su puesta en libertad inmediata. Por su parte, la Casa Blanca advirtió este miércoles que las protestas en Cuba tendrían un impacto en el curso de las relaciones entre Washington y La Habana, calificando de “inaceptable” la represión desatada contra los manifestantes por el régimen cubano.

Pero estas peticiones resultan a todas luces insuficientes. Y por eso cada día que pasa crece el clamor internacional por una intervención humanitaria.

El régimen cubano es experto en vender la imagen de la víctima. La estrategia consiste en elaborar coartadas paralelas para culpar a Estados Unidos de todo lo que pasa. La verdad no importa. Solo las tribunas por donde se transmiten sus mentiras.

Con razón, Cuba lleva 12 años ocupando un asiento en el Consejo de Derechos Humanos de la ONU a pesar de que ha recibido severas críticas sobre graves violaciones a la libertad de su pueblo. 

Utilizando sus influencias, el régimen intentará forzar un nuevo debate en las Naciones Unidas con el pretexto del espurio tema del embargo. Para ello utilizará la mediación de Rusia y China. En estos países deposita sus esperanzas para provocar fisuras en el frente internacional.

Pero, esta vez, sus desacreditadas maniobras no deberían tener éxito ante el Consejo de Seguridad de la ONU que está obligado a actuar para detener esta perversa carnicería que se comete contra los que protestan en busca de sus derechos.

El pueblo cubano no es culpable de exigir su libertad y sobre esta convicción debe basarse la futura convivencia en el país, amparada por los organismos internacionales que tienen la responsabilidad de sentar en el banquillo a quienes cometen estos crímenes para perpetuarse en el poder.

Por ello, mientras se refuercen las presiones sobre la dictadura castrista para acabar con esta masacre, un objetivo transitorio, aunque de por sí complicado, pudiera ser el inmediato envío de una misión de protección con observadores internacionales para evidenciar la magnitud de la tragedia y conocer las peticiones de la sociedad civil, desoídas por un régimen intransigente y autoritario.

En Naciones Unidas, en los años ’90 quedó consagrado el deber de proteger a los pueblos de regímenes totalitarios que cometen crímenes de lesa humanidad y por los que ya existe una acusación ante la Corte Penal Internacional.

Por tanto, la responsabilidad de proteger que avaló la presencia de fuerzas de paz de la ONU en Libia o en Somalia se debe poner una vez más sobre la mesa ante la tragedia humanitaria que sufre Cuba.

Conviene recordar que la Operación Turquesa —concebida como intervención humanitaria en Ruanda y avalada por Naciones Unidas— llegó muy tarde, tres meses después de que empezase la orgía de sangre, y cuando había más de 800,000 muertos a manos de los genocidas.

El uso de la presión diplomática y de una acción coercitiva contra la dictadura castrista en el marco de una intervención humanitaria no atenta contra el derecho internacional.

No sería una solución definitiva. Pero al menos podría servir para forzar un marco de negociación importante que facilite la transición democrática en la isla, con el fin de detener la ola represiva y evitar más muertes de civiles.

Cuba, El American
“Pero a pesar de los acosos policiales y de todos los intentos hechos por la dictadura para poner de rodillas a su población, los cubanos han logrado mantenerse en pie con un coraje que suscita la admiración general, y sobre todo por el ejemplo de rebeldía civil que están dando cientos de miles de jóvenes de este país”. (EFE)

Cada día que pasa, el Gobierno totalitario de La Habana y sus testaferros dan un paso más hacia el terror y la sangre. No se trata solo del empecinamiento ideológico de una dictadura comunista extemporánea que durante más de medio siglo ha logrado dividir a las familias cubanas y encarcelar a sus opositores con juicios fraudulentos y antidemocráticos. Se trata, además, de la incompetencia manifiesta de sus dirigentes para asegurar y para proteger la vida de sus ciudadanos, a pesar de sus ideas y creencias. 

Cuba es hoy un país masacrado donde la inseguridad y la represión campan por sus anchas. Por eso si hay una nación que necesita ser democrática es Cuba. La prueba de que es la única dictadura integral comunista en América es suficiente para apoyar los anhelos de libertad de su pueblo, al tiempo que se conseguiría extirpar de raíz la fuerza maligna que intoxica el terrorismo y los grupos subversivos contra los Estados de derecho en la región.

Urge por ello que los organismos hagan reconocer al régimen que la capacidad de sufrimiento de los cubanos se ha agotado y que, con la ayuda de mediadores, los Castro den un paso al lado y abran un proceso de transición en una sociedad que quiere mirar al futuro sin reproches y con grandeza.

Pero en ningún caso, la mediación debería confundirse con entregar nuevamente el país al mismo régimen despótico que ha contribuido a devastarlo.

1 comment
  1. Muy bien dicho broth.todos pensamos y creemos eso.solo k los gobernantes d alla ni entienden ni lo ven asi.el pueblo es quien seguirá sufriendo pero ya dio sintomas de k esta cansado de aguantar

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