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New York, restaurantes, toque de queda

Cuomo manda a dormir a New York, la “ciudad que nunca duerme”

Las autoridades neoyorquinas, incapaces de frenar los contagios durante todo el 2020, están apagando New York

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¿Se acuerdan cuando de niños nuestros padres nos obligaban a irnos a dormir antes de las diez de la noche? Bueno, algo similar le pasa a New York con el toque de queda. La ciudad que nunca duerme ahora está obligada a irse a dormir temprano.  

Una historia de la periodista Jennifer Gould para el New York Post dimensiona lo que significa para la llamada capital del mundo el toque de queda impuesto por su gobernador demócrata Andrew Cuomo: «Los dueños de los restaurantes de la Gran Manzana dicen que los ingresos cayeron aproximadamente un 30 % durante el fin de semana, ya que se vieron obligados a cumplir con los últimos esfuerzos del gobernador para frenar el aumento de los casos de coronavirus», relata el artículo.

Así como de niños refunfuñábamos contra nuestros padres por mandarnos a la cama temprano, sin derecho a réplica, igual pasa con los clientes deseosos de pasar una velada larga y tranquila en los restaurantes de la Gran Manzana: «Les decimos que tienen que irse antes de las 10 p.m. pero es definitivamente incómodo. Siempre hay un par de personas que se retiran. Tratamos de ser hospitalarios, pero es como si estuviéramos sacando a la gente, no podemos arriesgarnos a una multa de 10,000 dólares. Estamos luchando por mantenernos a flote», le dijo al New York Post Erin Bellard, dueña de e’s BAR en el Upper West Side.

Suena tragicómico. Estar obligado a volver a casa a cierta hora es una pauta pesadísima, limita no solo por el entretenimiento y las distracciones que todo ser humano necesita, sino también por la productividad de cientos de miles de personas y familias que dependen de esa vida nocturna de New York. Sí, hablamos de los bares, restaurantes y demás negocios que hacen vida hasta altas horas de la noche y que han pasado, lastimosamente, un año calamitoso.

Otro asunto indignante, además de la restricción horaria, es la multa. 10,000 dólares de castigo —la palabra adecuada porque eso es lo que es— para un negocio que simplemente intenta mantenerse a flote en plena pandemia es exagerado. A diferencia de las discos, los restaurantes sí pueden implementar una serie de medidas sanitarias que cumplan con los protocolos de salud.

Pero parece que las autoridades lo ignoran. Según el New York Post, «antes del toque de queda de las 10 p. m., se había permitido a los restaurantes permanecer abiertos al aire libre hasta las 11 p. m. y en el interior hasta la medianoche. También se les permitió dejar que los clientes se quedaran media hora más o menos para terminar sus comidas y pagar las cuentas», ya no.

El mismo artículo explica que el nuevo toque de queda implementando es mucho más «duro» en sus plazos. Los restaurantes, por ejemplo, están obligados a cerrar sus cocinas entre las nueve y diez y media de la noche. Lo que deja escaso tiempo para cenar con tranquilidad y, por supuesto, reduce el salario de los trabajadores que también ven bastante limitadas sus horas de servicio. Es decir, toda una cadena que afecta desde al dueño del restaurante, pasando por los trabajadores —chef, cocineros, meseros, etc.— hasta los propios clientes que ni siquiera pueden tener el mejor servicio que siempre se merecen.

La imposición del toque de queda es polémica, en Bélgica, por ejemplo, pese a que la medida restrictiva afecta a las libertades individuales —con todo lo que eso implica— y también golpea a la economía, sí se nota una mejoría en la disminución de contagios, al menos.

Ahora, en Europa, ese toque de queda está mejor pensado que en New York. Porque recién llega a la medianoche, es decir, da la posibilidad a los comensales de poder disfrutar de su cena con relativa tranquilidad y los restaurantes, al menos, tiene dos horas más de productividad y capacidad logística para preparar los horarios nocturnos.

De hecho, en New York, según el NYP, los mismos dueños de restaurantes se han quejado de la forma en la que se está implementando el toque de queda. Pues en lugar de promover el distanciamiento social, con la restricción de horarios tan marcada, se está produciendo un mayor aglomeramiento en las horas pico de las cenas. Produciendo un efecto contrario a lo que se busca: frenar los contagios.

New York, Restaurantes, Toque de queda
Pizzería en el este de New York en tiempos de COVID-19. (Flickr)
El toque de queda y las medidas restrictivas en New York

Tras haber alcanzado una tasa de positividad del 2.93 %, el pasado miércoles 11 de noviembre el gobernador Cuomo anuncio una serie de medidas restrictivas para intentar frenar la ola de contagios que incluía este toque de queda para bares, restaurantes y gimnasios.

Una de las imposiciones es que las reuniones privadas no pueden superar las diez personas. En Infobae se lee que «las nuevas medidas, que entrarán en vigor el viernes, se produjeron un día después de que California y varios estados del medio oeste del país endurecieron las restricciones a los residentes el martes para tratar de frenar la rápida propagación del virus». Es decir, siguen la línea de otros estados que también aplicaron medidas restrictivias.

Aparte, los nuevos anuncios vinieron acompañados de una serie de recomendaciones para Navidad. «Los datos» proporcionados van desde cenas virtuales, compras por internet y que los villancicos sean en las calles, pero con distanciamiento social. Las celebraciones religiosas habituales también representan, para las autoridades, un peligro de contagio. Por ello recomiendan que se haga vía online.

Las autoridades neoyorquinas, incapaces de frenar los contagios durante todo el 2020, están apagando New York. Primero mandándola a dormir temprano y luego avizorando una Navidad sin precedentes: alejados de los seres queridos. Ojalá que la ilusión por una nueva vacuna —que parece llegará pronto— pase de ser un rayo de esperanza a una realidad.

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