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Despues de AMLO, México enfrenta el riesgo del caos. Imagen: Unsplash

México se encamina a un abismo después de la ‘Cuarta Transformación’ de AMLO

Después de AMLO, México enfrenta el fantasma del caos. Ni obradoristas ni opositores tienen candidatos con verdadero respaldo popular

Después de AMLO, México podría enfrentar un futuro aún más complicado mientras el desorden se profundiza porque ni el oficialismo ni la oposición han logrado consolidar un proyecto político ni un liderazgo con el peso propio suficiente como para darle un rumbo de largo plazo al país, que se arriesga a quedar a la deriva.

López Obrador es un referente, para propios y extraños

Andrés Manuel López Obrador llegó a la presidencia hace ya casi 3 años, coronando con su toma de protesta una exitosa carrera política, en la que supo transformarse de un político local en el estado de Tabasco a un dirigente partidista nacional y luego convertirse en la figura política mexicana más relevante del último medio siglo.

A AMLO sus seguidores lo idolatran con una certeza irracional y sus opositores lo repudian con una pasión equivalente. En apenas un par de décadas logró consolidar el movimiento político más exitoso electoralmente en la historia democrática de México, controlando no sólo la presidencia, sino también la Cámara de Senadores, la Cámara de Diputados y la mayoría de los congresos locales.

Y todo esto lo consiguió con Morena, un partido diseñado específicamente para sí mismo como vehículo de una alianza variopinta, que incluye desde viejos priístas e izquierdistas tradicionales, hasta progres, derechistas e interesados varios. Lograr que ese estofado de intereses en pugna funcione como partido político ya es de llamar la atención; lograr que además gane elecciones y lo haga con tanta efectividad es simplemente extraordinario.

Para acabar pronto, si queremos encontrar otra figura latinoamericana con un rango ideológico y un éxito político similar al de Andrés Manuel, quizá tendremos que pensar en Juan Domingo Perón, el populista que supo incluir en su movimiento desde la ultraizquierda hasta la ultraderecha y definió (más para mal que para bien) a la Argentina moderna.

Obrador podría tener un impacto similar en México y proyectar su influencia a través de las décadas, o podría terminar como un bache político abandonado después del 2024, cuando se renueve la presidencia de la República. Ese destino depende del inevitable reajuste político de México tras su periodo presidencial.

Después de AMLO, no hay nada claro

Después de AMLO se abre la posibilidad del caos, porque tanto el oficialismo como la oposición se encuentran frágiles, desacreditados y capturados por burocracias partidistas cada vez más aisladas, mediocres e incapaces de movilizar la esperanza y la acción de los ciudadanos.

El oficialismo

La alianza oficialista, encabezada por Morena llegará a las elecciones del 2024 controlando la gran mayoría de las gubernaturas de los estados e impulsada por una estructura política en consolidación. Sin embargo, ninguno de sus candidatos naturales a la presidencia (Ricardo Monreal, Claudia Sheinbaum y Marcelo Ebrard) es siquiera la sombra de López Obrador.

Después de AMLO, Morena tendrá que elegir a un político sin carisma de pueblo.

Monreal es un hábil negociador político, capaz de forjar alianzas cupulares tanto con el oficialismo como con la oposición, pero no es un personaje apreciado por las mayorías, ni siquiera dentro de Morena. Claudia Sheinbaum dirige el gobierno de la Ciudad de México, pero lo hace como una mera representante oficiosa de López Obrador; no tiene peso político propio más allá del brillo que le transmite AMLO desde Palacio Nacional. Marcelo Ebrard, secretario de Relaciones Exteriores, no tiene carisma y las graves acusaciones de corrupción en su contra son un lastre para cualquier proyecto político en que se aventure.

Un escenario similar ocurre con la gran mayoría de los candidatos oficialistas a cargos estatales y locales: Son desconocidos o infames, que ganan las elecciones específica y directamente porque son los candidatos que tienen el respaldo de López Obrador. Después de AMLO, obligados a depender de sus propias fuerzas, muchos de ellos colapsarán.

La oposición

Los partidos de oposición siguen sin entender el mensaje político de su abrumadora derrota en las elecciones presidenciales del 2018. Saben que sus estructuras y liderazgos están irreversiblemente debilitados en la mayor parte del país, pero no hacen nada concreto ni efectivo para resolver ese problema.

Y para muestra basta un botón: a principios de noviembre se dio a conocer un audio donde Marko Cortés, dirigente nacional del PAN, afirma que su partido está descartado de antemano en 5 de las 6 elecciones a gobernador a realizarse en 2022. Peor tantito, en la polémica subsecuente, un gobernador panista dio a conocer que Marko Cortés también ya da por perdidas las elecciones presidenciales del 2024.

Sí, el líder del principal partido de oposición da por perdidas 5 de 6 elecciones estatales antes de que siquiera hayan comenzado las campañas o se hayan oficializado los candidatos, e incluso ya daría por perdida la próxima elección presidencial. Y lo peor del caso es que tiene razón: Ya estamos a menos de 2 años de que inicie el proceso electoral del 2024 (arranca en septiembre del 2023) y la oposición sigue sin consolidar un solo liderazgo que sea capaz de desafiar a López Obrador y a Morena.

Sí, el anti-obradorismo ha alimentado numerosos referentes, pero llevan 3 años esencialmente predicándole al coro. A pesar del desastre casi absoluto que ha sido el gobierno de AMLO, la oposición ha sido incapaz de ganar voluntades fuera del círculo rojo y las zonas urbanas de clase media alta. Básicamente los opositores se enfocaron en ganar Twitter, pero las elecciones no se ganan a tuitazos.

Ningún panista o priísta logra encender la esperanza ciudadana, al grado de que en los círculos opositores suena cada vez más la opción de respaldar al oficialista Ricardo Monreal, al que perciben como un mal menor. De ese tamaño es la crisis. Incluso los ciudadanos que reconocen que López Obrador les quedó mal no están dispuestos a votar por la oposición; después de todo AMLO les cae bien, y los opositores les caen gordos.

México después de AMLO, ante el riesgo del caos. Imagen: Unsplash

Después de AMLO, ¿el caos?

La combinación del descrédito político y la creciente violencia del crimen organizado, sumada al aumento de la pobreza debido a las políticas de López Obrador y las consecuencias de la pandemia, está generando las condiciones para que después de AMLO, en México se abran las puertas del caos.

Cuando menos, estaríamos ante un escenario similar al peruano. En Perú los partidos tradicionales quedaron completamente rebasados por nuevos movimientos populares, tanto de izquierda como de derecha, que tomaron por asalto las elecciones presidenciales y fracturaron en trozos más pequeños el respaldo ciudadano.

En México esto debió ocurrir desde hace años, pero no ha sucedido porque la legislación electoral está diseñada para impedir el surgimiento de movimientos políticos independientes de la partidocracia previa. Cuando esos diques sean derribados, ya sea desde la propia legislación o desde la presión política en las calles, las burocracias partidistas quedarán desprotegidas y expuestas a las consecuencias de su rutina de incompetencia.

Lo que venga después podría ser un Pedro Castillo, un Chávez, quizá algo peor.

El gran riesgo es que con el colapso del sistema se destruyan también los mecanismos de dialogo y los diques institucionales que mantienen relativamente a raya las ambiciones, lo que convertiría a la política mexicana en un free-for-all, una parodia de Fortnite, marcada por la incertidumbre, el retroceso, la pobreza y eventualmente la violencia política generalizada.

Sí, México hoy está en crisis, pero todavía puede empeorar mucho más, y el reloj sigue avanzando mientras la administración Obrador llega a la mitad de su periodo. Por eso urge que tanto oficialistas como opositores logren ver más allá del corto plazo y comiencen a plantearse esta pregunta clave: ¿qué sigue después de AMLO?

De la respuesta dependerá el futuro de México.

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