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Estados Unidos gasta más en educación superior que muchos países con universidad “gratuita”

Los gobiernos de Estados Unidos pagan más —en porcentaje del PIB— en la educación superior que muchos otros países “a la par”


Por Ryan McMaken

Los candidatos presidenciales Bernie Sanders y Elizabeth Warren se han manifestado a favor de la “gratuidad” de las universidades públicas. El plan podría financiarse, como lo describe la CNN, con un “aumento drástico del gasto federal en educación superior”.

Gran parte de la retórica en torno a esta cuestión se basa en la idea de que el gasto público en educación superior en Estados Unidos es considerablemente inferior al de la mayoría de los países ricos.

La narrativa es la siguiente: “Todo el mundo sabe que los americanos son increíblemente tacaños cuando se trata de gastar en servicios gubernamentales. El “gasto público” en educación superior es mucho menor aquí que en Europa y Japón, y por ello hay que gastar mucho más en educación superior”.

Pero aquí está el problema: esa afirmación no es cierta. Los gobiernos de Estados Unidos pagan más (en porcentaje del PIB) en educación superior que muchos otros países “a la par”.

Según el informe “Education at a Glance” de 2018 de la OCDE, el gasto público en educación superior en Estados Unidos es del 1.3 % del PIB. Eso equivale al gasto público en Suiza y el Reino Unido. Y es mayor que las tasas de gastos encontradas en Alemania (1.2 %), Francia (1.2 %), Canadá (1.2 %), España (1.0 %), Italia (0.8 %) y Japón (0.7 %).

“Gasto público en educación como porcentaje del PIB, total terciario”, Tabla C4.1Education at a Glance, 2018. Del mismo modo, véase la UNESCO: Gasto público en educación como porcentaje del PIB.

¿Pero cómo puede ser esto, ya que se nos dice constantemente lo caro que es asistir a una institución de educación superior en Estados Unidos?

Uno de los factores es que las universidades estadounidenses gastan mucho más en la educación de cada estudiante, suponiendo que “educación” sea el término adecuado. En USA., sumando las fuentes gubernamentales y las privadas, encontramos que se destinan muchos más fondos a las universidades estadounidenses que en otros lugares.

Según la OCDE, el “gasto total en instituciones educativas por estudiante equivalente a tiempo completo” asciende a $30,003 dólares en Estados Unidos. Esta cifra sólo es superada por Luxemburgo, que se sale de la norma con $48,907 dólares. El Reino Unido —donde los residentes se quejan a menudo del costo de la educación superior— se sitúa justo detrás de Estados Unidos, con $26,000 dólares. Pero pocos países superan la barrera de los $20,000 dólares. El gasto total en educación superior en Francia es de $16,145 dólares. En Alemania es de $17,036 dólares. Los centros de enseñanza superior en España sólo requieren $12,605 dólares por estudiante.

Además, lo que impulsa gran parte del gasto —tanto del gobierno como del sector privado— es el hecho de que los institutos y universidades de Estados Unidos gastan mucho más en administración y servicios auxiliares que las instituciones de educación superior de otros países. En un artículo publicado en The Atlantic el año pasado, Amanda Ripley señalaba

Estados Unidos ocupa el primer lugar en el mundo en cuanto a gasto en servicios de bienestar estudiantil como alojamiento, comidas, atención médica y transporte, una categoría de gasto que la OCDE agrupa bajo “servicios auxiliares”. En total, los contribuyentes y las familias americanas gastan unos $3,370 dólares en estos servicios por estudiante, más de tres veces el promedio dentro del mundo desarrollado…

Una de las razones de esta diferencia es que los estudiantes universitarios americanos tienen muchas más probabilidades de vivir fuera de su casa. Y vivir fuera de la casa es caro, con o sin ayuda de la familia. Los expertos dicen que los campus de Canadá y Europa suelen tener menos dormitorios y comedores que los de Estados Unidos.

Esto ayuda a mantener los costos bajos. Como informó Marketplace en 2015, 

Los estudiantes en Alemania… tienden a quedarse en el lugar, por lo que no hay dormitorios. No hay clubes estudiantiles activos, ni un gran estadio de fútbol. Y todas las aulas parecen enormes… Todo esto se traduce en un ahorro…

Para saber más sobre cómo economizan las universidades europeas “gratuitas”, véase “La ‘universidad gratuita’ tiene un precio”.

Pero no se trata sólo de comodidades físicas como los dormitorios. Ripley añade:

Las universidades americanas gastan, en relación con otros países, una cantidad sorprendente de dinero en su personal no docente, según los datos de la OCDE. Algunas de estas personas son bibliotecarios o consejeros de carrera o de salud mental que benefician directamente a los estudiantes, pero muchos otros hacen trabajos tangenciales que pueden estar relacionados con cómo atraer a los estudiantes que con el aprendizaje.

Muchas universidades americanas emplean ejércitos de recaudadores de fondos, personal deportivo, abogados, funcionarios de admisiones y ayudas financieras, gestores de diversidad e inclusión, personal de operaciones y mantenimiento de edificios, personal de seguridad, trabajadores de transporte y trabajadores en el servicio de comidas.

Curiosamente, Ripley intenta argumentar que las universidades gastan demasiado en servicios porque están demasiado orientadas al mercado y compiten con otras universidades para atraer a los estudiantes.

Pero, si esto fuera cierto, ¿por qué las universidades sólo compiten en términos de añadir servicios e instalaciones cada vez más opulentos? ¿No podrían también atraer a más estudiantes bajando los precios?

El hecho es que las universidades no compiten en precios porque, gracias a los préstamos estudiantiles subvencionados, los potenciales estudiantes no son tan sensibles a los precios como lo serían en otras circunstancias. En un mercado que funcione, las universidades de lujo con precios elevados perderían estudiantes en favor de las universidades más básicas. El resultado sería un descenso de las matriculaciones en las universidades más caras. Pero, con tantos préstamos estudiantiles disponibles, los estudiantes pueden justificar más fácilmente —en sus mentes— el endeudamiento para poder ir a una universidad con todas esas comodidades que enumera Ripley.

Independientemente de los detalles de lo que se compra exactamente en una universidad americana, el hecho es que los estudiantes no se endeudan ni encuentran la universidad “inasequible” porque los Gobiernos de Estados Unidos gasten muy poco en educación superior.

Por el contrario, gastan grandes cantidades de dinero en la educación superior a través de programas que incluyen subvenciones directas a las escuelas y becas tanto para los estudiantes como para las escuelas.

Al igual que en el caso de la sanidad en Estados Unidos —sector en el que el gasto público per cápita supera al de la mayoría de los países—, los hechos simplemente no respaldan la idea de que el “escaso gasto público” es la causa de los altos precios.

De hecho, si los organismos gubernamentales de USA quisieran realmente hacer más asequible la educación, recortarían el personal de “diversidad”, se desharían de sus alojamientos y comedores en el campus y privatizarían todos los programas deportivos.

Los administradores de las universidades, por supuesto, se quejarían de que, sin todos los extras, no podrían atraer a tantos estudiantes, que traerían consigo sus preciados préstamos estudiantiles. Sin embargo, esto sería una bendición para los estudiantes más inteligentes, que están más interesados en una educación que en un campamento de verano de cuatro a seis años.

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