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El gobernador de América

Ahora que el mundo empieza a superar este episodio, no es temprano para asegurarlo: el vencedor es Ron DeSantis. El gobernador luce como el futuro del Partido Republicano y el conservadurismo en Estados Unidos.

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Por su desempeño en las circunstancias complejas se reconoce a los grandes hombres. En septiembre de 2001, cuando ocurrió el mayor atentado terrorista hasta el momento, los líderes de un país que ya enfrentaba retos pesados tuvieron que abordar el desafío más importante de sus vidas. La organización terrorista islamita al-Qaeda, luego de secuestrar varios aviones, acabó con uno de los mayores símbolos de la ciudad de Nueva York: las Torres Gemelas. Casi tres mil muertos y millones de afectados, directa o indirectamente. Del terror surgió una figura. Rudy Giuliani, entonces la autoridad principal de la ciudad de Nueva York, se ganó el apodo: el alcalde de América.

Héroe. Portada de la revista TIME. Independientemente de los próximos episodios en la vida de Giuliani, el abogado se consolidó como una personalidad valiente, indomable y astuta en la cultura popular.

«Mañana Nueva York va a estar aquí», dijo Giuliani luego de los atentados del 11 de septiembre, «Vamos a ser más fuertes de lo que fuimos. Quiero que la gente de Nueva York sea un ejemplo para el resto del país, y del mundo, demostrando que el terrorismo no puede detenernos».

La pandemia por el covid-19 no tiene el mismo impacto, seco y terminante, que un mortífero atentado terrorista, pero, sin duda, también representa una circunstancia compleja, cargada de drama y retos de todo tipo. Para junio de 2021, más de 600 mil personas han fallecido en Estados Unidos por el virus; sin embargo, otras razones ensanchan la tragedia: un demoledor colapso económico que atentó, no solo contra la economía americana, sino de casi todos los países; familias separadas por meses, terror y pánico; suicidios, y la terrible manipulación por parte de medios y políticos a personas desesperadas y confundidas ante la ausencia de información sobre el virus y sus consecuencias.

De esta coyuntura que aqueja al mundo entero como no ocurría desde hace décadas, se alza una figura a partir de su acertada gestión de los retos que casi ninguno ha sabido manejar. Ron DeSantis, el gobernador de Florida, ha sido reconocido por amigos y enemigos como el estratega más refinado en tiempos de pandemia.

DeSantis hoy es una especie de rockstar y no es para menos. Florida es El Dorado para los americanos que sufren el manejo desacertado de una de las crisis más complejas que ha enfrentado Estados Unidos. Su gestión, completamente exitosa, ha expuesto a nivel nacional unas profundas cicatrices que antes no habían sido precisadas. Coincide todo, por supuesto, con un notable éxodo de grandes ciudades como Nueva York o Los Angeles: decenas de miles de ciudadanos arman sus maletas y huyen a paraísos como Florida. DeSantis es, en gran parte, la razón. Él expuso, en el mejor de los casos, la mediocridad y las limitaciones de las autoridades demócratas; en el peor, la naturaleza autoritaria y socialista de quienes aprovecharon la pandemia para profundizar un modelo que fracasa una y otra vez.

Frente a la deriva y la catástrofe de Andrew Cuomo o Gavin Newsom, Ron DeSantis se erige como garante de, primero, libertad. Luego, prosperidad. Y así, en contraste con Nueva York o California, Florida surge como el paraíso en el que los ciudadanos jamás dejaron de ser libres y en el que prosperan las empresas y se crea riqueza.

Ron DeSantis supo capitanear su estado y lo hizo en contra de las recomendaciones de absolutamente toda la élite científica y mediática. Se opuso a que los cierres fueran la norma y la prensa lo vio como objetivo; mientras al mismo tiempo encumbraba las figuras de Newsom y Cuomo. El tiempo le dio la razón a DeSantis y dejó muy mal parados, en cambio, a los gobernadores de Nueva York y California, que disfrutaron de meses de un encubrimiento casi obsceno por parte de medios como CNN.

Cuando golpeó fuerte la pandemia, DeSantis decidió que él no iba a limitar la libertad de sus ciudadanos, ni destruir sus empresas o comercios. Aplazó lo más que pudo el cierre de clubes nocturnos; y fue el primero en levantar las restricciones. Para los floridianos nunca fue obligatorio usar mascarilla en espacios públicos; y, más importante que todo, los niños pudieron asistir a clases cuando en el resto del país estaban sometidos a la dinámica remota o, algunos, a perder sus clases. DeSantis, como él mismo ha dicho, mantuvo a los adultos trabajando y a los niños estudiando.

Muchos le apostaron al fracaso de DeSantis y se equivocaron. Florida no solo ha sorteado exitosamente la pandemia, sino que ha logrado unos números fantásticos en ámbitos como el empleo (para abril de este año, el desempleo en Florida fue de 4,8 %; mientras que en California fue de 8,3 % y en Nueva York, 8,2 %). Todo, manteniendo casi intacta la libertad de sus gobernados.

Ron DeSantis, historiador de Yale y abogado de Harvard, es hoy, según varias encuestas, el potencial candidato del Partido Republicano con más chance de obtener la nominación para las próximas elecciones presidenciales. En el futuro, luego de la revolución trumpista de la política americana, DeSantis parece representar ese nuevo conservadurismo, ágil y políticamente incorrecto. Porque no solo ha sido la pandemia, DeSantis no tiene miedo de jugar en los terrenos más sensibles y polémicos de la política.

Ha mantenido viva una encomiable cruzada en contra de las conductas gangsteriles de las Big Tech, hasta el punto en que Florida parece estar convirtiéndose poco a poco en el terreno en el que, pese a su poder casi absoluto, las grandes compañías de tecnología no pueden hacer lo que les venga en gana. Restringió también la anarquía de los manifestantes que en primavera y verano del año pasado azotaron Estados Unidos luego de la muerte de George Floyd con una ley que fue excesivamente criticada pero que salvó a Florida de los destrozos que sí sufrieron otros estados. También, en un intento por proteger a las niñas, DeSantis firmó una ley que prohibe a trans participar en deportes de mujeres, y lo hizo en el día uno de junio, Pride Month.

Es claro que Ron DeSantis no le teme al asedio mediático que en el 2020 logró arrebatarle a Trump la reelección. Aunque la misma maquinaria se dispuso a hundir al gobernador de Florida, no lo logró. Y un simple hecho lo impidió: a DeSantis le acompañan las cifras. Con una retórica menos incendiaria que la del expresidente, el gobernador se ha ganado el reconocimiento incluso de sus adversarios. Su gestión completamente exitosa de la pandemia lo perfila como el político con más potencial del Partido Republicano.

Puede que la pandemia no tenga el mismo impacto que un atentado terrorista, pero sin duda es un acontecimiento que marcó para siempre la vida de los americanos. Ha sido una tragedia y, como en cualquier circunstancia compleja, por su desempeño se reconoce a los grandes hombres. Ahora que el mundo empieza a superar este episodio, no es temprano para asegurarlo: el vencedor es Ron DeSantis, el gobernador de América. Indomable, corajudo y firme, DeSantis luce como el futuro del Partido Republicano y el conservadurismo en Estados Unidos.

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