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El riesgo de perder a Estados Unidos

Hoy el Partido Demócrata está tomado por fundamentalistas. Ahí se oculta el gran peligro. Un Congreso, entero, en manos de los demócratas, es condenar a EEUU a décadas de deriva irracional

Aún avanzan dos procesos en Estados Unidos. El de las elecciones, que ya se decantó; y el de la disputa legal de las elecciones, que no luce bien para quien lleva la bandera. Acompañar ambos es posible, no son excluyentes.

La mayoría de los medios han optado por ignorar completamente el segundo, apegándose a la prepotencia de que el escenario de fraude no existe, es inconcebible. Son los mismos que conspiraron contra el presidente y tendieron la alfombra a las irregularidades, al imponer la idea de que era impensable, inconcebible, un triunfo de Donald Trump. Y resulta que el republicano, si no ganó, se acercó bastante.

Pero esto es una irresponsabilidad, porque aunque no luce bien para el presidente, van andando procesos que deberían de ser de interés público. La obligación de los medios es, en consecuencia, responder al interés de los ciudadanos. De todos. Hasta de esos 74 millones de americanos a los que han tratado con desprecio y altivez. Pero no lo hacen. La estructura mainstream los ignora, los margina obscenamente como si su opinión valiera una cuarta parte de la del que votó a Biden.

Ahora, reconocer y acompañar este segundo proceso, el de la disputa, no pasa por falsear la realidad. Por más doloroso que sea para quienes le apostamos al triunfo de Donald Trump, toca considerar los hechos: de las cincuenta demandas introducidas por la campaña de Trump en diferentes estados, cincuenta han sido desestimadas; la mayoría de los estados certificaron sus resultados a favor de Joe Biden; y el jefe del Departamento de Justicia, el fiscal general Bill Barr, pieza importantísima de la Casa Blanca, descartó que las investigaciones de los fiscales federales hayan encontrado hasta ahora elementos de fraude decisivos para alterar los resultados de las elecciones.

La persona más importante del capitolio, el republicano Mitch McConell, ya habla de la próxima administración de Joe Biden y el mismísimo Trump avaló el inicio del protocolo de transición por parte de la General Services Administration.

Esto no quiere decir que todo esté perdido para Trump y su campaña, por supuesto. Inocentísimo dar por sentado algo este año. Pero esto quiere decir que la reelección de Trump luce improbable y remota. Y uno escribe sobre lo probable. Los hechos, al final, deberían de guiar cualquier análisis. Y los hechos hoy asoman que Joe Biden se juramentará el miércoles 20 de enero del próximo año en el Capitolio.

Podrá ser indeseable o aterrador para quienes atesoramos la libertad; pero parece ineludible. En consecuencia toca prepararse. Apartar los esfuerzos de causas estériles e invertirlos en lo que hoy es esencial para el resguardo de la institucionalidad americana: dejar el Senado en manos de los republicanos. Lo dijo Roger Stone: el triunfo de David Perdue y Kelly Loeffler es vital para los americanos que aprecian sus instituciones, sean demócratas o republicanos.

Una demanda de Texas, acompañada por otros estados, llegó a la Corte Suprema. Esto le da un pequeño aire a la campaña de Trump. Los estados demandados, Michigan, Pensilvania, Wisconsin y Georgia, tienen hasta el jueves a las 3 de la tarde para responder. El demandante, el fiscal general de Texas, arguye manipulación electoral a partir de la alteración de las reglas del juego. Esto, por supuesto, viola la Constitución.

No me atrevería a decir que la demanda prosperará. Luce, como dije, improbable. Pienso que hay que acompañarla, ligar a que sea rígidamente revisada; pero enfocarse en que el proceso electoral también avance. Y eso es el Senado.

Hoy el Partido Demócrata está tomado por fundamentalistas. Ahí se oculta el gran peligro. Peor que perder la Casa Blanca, es perder el Senado. Es un lujo que no se puede dar el país. Un Congreso, entero, en manos de los demócratas, es condenar a Estados Unidos a décadas de deriva irracional. El riesgo de perder a Estados Unidos está latente. La campaña de Trump no debe descuidar el legado del presidente, como aconsejó el editorial board del Wall Street Journal, y el trumpismo debe mantenerse vivo, desapegado de cualquier histeria descabellada. Estados Unidos necesita más que nunca un Partido Republicano robusto y sensato.

1 comment
  1. Todo es cierto. Solo que una elección contingente no puede estar separada de la verdad y la libertad. No existe tal cosa como que ‘de no admitir mis demandas me voy por el atajo de la elección contingente’ Aunque uno podría pensar en el concierto demócrata a todo nivel para bloquear a Trump, este tiene que demostrar a satisfacción ciudadana que dice la verdad. Porque también es inaceptable que por no haber tiempo no se acepten las demandas de Trump por una lado y por el otro la excusa de que las ‘cantidades señaladas no afectan el resultado final’

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