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Moral, El American

Entre la economía y la moral

Mientras subsista el convencimiento moral erróneo, el impulso ético a repetir el error será inmune a todo

El objeto ético del hombre es la persecución de su propia felicidad, no como producto del simple disfrute de los sentidos, sino del desarrollo de su potencial intelectual, material y moral. Tal es la moral del individualismo, la tolerancia y la paz, y a ella se opone la del sacrificio individual en pos de una entelequia insustancial, que es objetivo ético del colectivismo que solo se puede imponer realmente mediante el totalitarismo. 

La trampa moral del socialismo

Lo que necesitamos es comprender la necesidad de una sustentación y defensa ética de la libertad, la propiedad y el derecho, y del único sistema económico en que se sostienen, que resulta ser la economía de libre mercado, algo que ha sido ciertamente ventilado desde diversos enfoques, incluidos los que pretenden intentarlo desde la ética impracticable del sacrificio al bien común. 

Pero como casi todos señalan, de una u otra forma, la fundamentación de la defensa de la libertad en un estrecho utilitarismo economicista es un error evidente. Y lo es en la medida en que no afronta sino evade el problema de la fundamentación ética de la acción humana individual. 

De poco o nada sirve mostrar la realidad objetiva y natural ¡no social, ni ideológica! de la escasez, ni la abrumadora evidencia teórica y empírica sobre la superioridad absoluta de una sociedad libre para sostener la vida de millones de seres humanos en condiciones superiores a las de cualquier otro orden social, o la indiscutible imposibilidad de los procesos intersubjetivos de la economía libre en ausencia de plena propiedad privada, y menos la necesaria correspondencia entre la dinámica evolutiva del mercado y la de su correspondiente marco jurídico y moral. 

Pues de nada sirve todo eso ante individuos convencidos de la supuesta maldad moral que sustentaría tales productos de la civilización, y la supuesta bondad moral inherente de aquellos constructos sociales capaces de producir exclusivamente, destrucción material y moral. Mientras subsista el convencimiento moral erróneo, el impulso ético a repetir el error será inmune a todo.

Una moral impracticable

Tomemos como hipótesis que en la nueva sociedad colectivista woke muchos se crean realmente el discurso y se sacrifiquen por los demás voluntariamente en todo, y que otros no se crean el discurso y no sacrifiquen por nadie, veremos cómo la moral colectivista empuja a la sociedad civilizada que la adopta hacia un callejón sin salida evolutivo pues en la medida que postula el auto sacrificio como virtud, tiende a reducir el número de los virtuosos e incrementar el número de los viciosos por restar generación a generación más de los segundos y menos de los primeros; y peor inclusive, promueve el éxito evolutivo de los hipócritas por encima, no solo de virtuosos, sino de los otros viciosos. 

Independientemente de que tales vicios y/o virtudes se transmitieran inter-generacionalmente, genética o culturalmente (y aclaro que es predominantemente o absolutamente cultural), el caso es que la trampa evolutiva sería la misma porque en la medida que los virtuosos se tiendan a autodestruir no transmitirán ni sus genes ni sus tradiciones culturales, a diferencia de los viciosos que prosperarán y las transmitirán a las futuras generaciones de cada vez mayor número de viciosos. 

La paradoja de la ética impracticable es que a medida que sea más explícita e intensa en una sociedad, la difusión de esta ética impracticable, mayores vicios e hipocresías deberíamos encontrar en la misma. Esto, sin embargo, no significa como tienden a concluir quienes tropiezan por primera vez con tal problema: que el de los fundamentos éticos de la libertad esté en que libertarios y conservadores estudien economía política en demasía, así que para aclararlo dejemos de lado los intentos inconsistentes de sostener la defensa de la libertad en la moral servil y limitémonos, por esta vez, al asunto del mal llamado economicismo de los defensores de la libertad.

Racionalidad y teoría económica

Es indudable que la idea misma de racionalidad contemporánea es sinónimo de cálculo, pero tal convención cultural tiene orígenes perfectamente claros en la historia de la filosofía, cuando  Immanuel Kant exilia la metafísica a la Siberia de la creencia, reduciendo el saber racional a la integración copérnicana de la matemática y la física. Es precisamente la paradoja de tal creencia cultural —a la bien que cabría calificar también de prejuicio— en la racionalidad reducida al cálculo (junto con otros factores ciertamente) una clave del desconocimiento de los notables avances subjetivistas en una precursora economía escolástica tardía por los economistas clásicos, que se empeñan en que mediante información objetiva inexistente, o a lo menos desconocida, su agente maximizador racional, en cuanto racional, tiene que realizar tal maximización mediante el cálculo. 

Al conservar tal concepto de racionalidad, el marginalismo —que es la clave de la economía como ciencia— en lugar ilustrar el proceso de la mente creativa que descubre fines, la reduce a un agente que calcula medios y así, en los modelos del paradigma dominante, vemos a los agentes tratando de maximizar su utilidad en ese sentido matemático, con lo que el descubrimiento de la utilidad marginal intersubjetiva se intentará reducir “científicamente” al cálculo; lo que implicó limitar al paradigma todavía dominante de la ciencia económica de nuestros tiempos a la racionalidad instrumental de Weber, como asignación eficiente de medios a sus fines; o sin siquiera reconocer ninguna otra racionalidad cuando se cruza la frontera que va de Jevons, Baroni y Paretto, a Marshall y la mayoría de las líneas de pensamiento económico subsiguientes. 

En tal sentido es cierto que el enfoque de la mayor parte de la economía neoclásica es erróneo en su imitación de un método de las ciencias naturales, cuya demoledora crítica para las propias ciencias naturales fue completada por epistemólogos como Kuhn, Lakatos y Feyerabend, algo de lo que los modeladores neopositivistas en la ciencia económica en particular, y de las ciencias sociales en general, aparentemente aun no han tenido noticia.

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