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Estados Unidos y Rusia se enfrentan por Ucrania, el hackeo y las elecciones

Aunque en su última llamada con Putin, Biden hizo un llamamiento a la calma e incluso propuso una cumbre entre ambos líderes en un futuro próximo, lo más probable es que las tensiones continúen

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Desde la invasión de Crimea en 2014, Estados Unidos y Rusia han tenido una relación notoriamente áspera: USA ha impuesto múltiples sanciones contra Rusia, el Kremlin ha apoyado abiertamente a regímenes contrarios a la potencia americana (como Venezuela), el Kremlin ha sido acusado de interferir en las elecciones estadounidenses a través del hackeo y la desinformación, y últimamente, Moscú fue acusado de orquestar el hackeo masivo a SolarWinds.

La relación entre Estados Unidos y Rusia ya ha tenido un comienzo difícil desde que Biden asumió el poder en enero. Biden ya ha llamado asesino a Putin, ha sancionado a varios funcionarios rusos por su implicación en el atroz envenenamiento de Navalny, ha amenazado con imponer sanciones a cualquier empresa que quiera negociar con el controvertido oleoducto Nordstream 2, y últimamente ha sancionado y expulsado a 10 funcionarios rusos por el hackeo a Solar Winds y la injerencia electoral rusa.

En respuesta a esto, Putin también ha expulsado a funcionarios estadounidenses de Rusia, ha mantenido una respuesta firme contra su oposición política (con Navalny gravemente enfermo en prisión), y ahora ha decidido realizar una importante movilización militar en la frontera entre Rusia y Ucrania.

Aunque en su última llamada con Putin, Biden hizo un llamamiento a la calma e incluso propuso una cumbre entre ambos líderes en un futuro próximo, lo más probable es que las tensiones sigan siendo altas, ya que ambos gobiernos se enfrentan a los retos de establecer una cierta sensación de normalidad entre USA y Rusia.

Estados Unidos y Rusia - El American
Las tensiones entre Estados Unidos y Rusia aumentaron con la expulsión de varios diplomáticos rusos como respuesta al hackeo ruso de SolarWinds el año pasado (EFE)

La espinosa relación entre Estados Unidos y Rusia habría resultado difícil para cualquier presidente, sin embargo, la dinámica política interna en torno a Rusia podría hacerla aún peor. Rusia ha pasado de ser un tema analizado desde los think tanks en D.C. y vagamente discutido por los políticos de alto nivel a una nueva arma en las guerras partidistas que envuelven a la capital.

La Comunidad de Inteligencia estadounidense y el Senado ha acusado a Vladimir Putin de interferir en las elecciones de 2016, mientras que los demócratas también acusaron al expresidente Trump de ser un lacayo del dictador ruso. La famosa investigación sobre la colusión rusa, llevada a cabo por el abogado especial Robert Mueller, creó dolores de cabeza a la primera administración de Trump y aseguró aún más a los demócratas que Trump fue ayudado por Putin; mientras que Hillary Clinton y Jimmy Carter llegaron a afirmar que Trump era un “presidente ilegítimo”, en parte debido a la interferencia rusa.

La forma en que el público ve a Rusia como una amenaza para los Estados Unidos también está determinada por la política partidista, con una encuesta de Gallup que muestra que mientras la mayoría de los estadounidenses (45 %) creen que China es el mayor enemigo de los Estados Unidos, el número varía significativamente según la afiliación partidista. La gran mayoría de los republicanos (76 %) ven a China como la mayor amenaza, en cambio, sólo una cuarta parte de los demócratas tienen la misma opinión sobre China, y casi la mitad (45 %) dicen que Rusia es la mayor amenaza a la que se enfrenta el país.

Esta división también se observa cuando se pregunta a la gente por la importancia de la injerencia en las elecciones por parte de potencias extranjeras, ya que el 78 % de los demócratas dice que se trata de una cuestión muy importante, mientras que sólo el 37 % de los republicanos opina lo mismo, según una encuesta del Pew Research Center de 2020.

El partidismo, al parecer, se está convirtiendo en un factor determinante en la forma en que el público estadounidense percibe las amenazas extranjeras, ya que los republicanos están mucho más preocupados por China que por Rusia, y los demócratas a la inversa.

Biden tiene entonces incentivos políticos internos para tener una postura firme contra las acciones rusas en todo el mundo. Esto, sumado a los intereses geopolíticos de ambos países, que ya compiten entre sí, hace que alcanzar una recalibración pacífica de las relaciones entre Estados Unidos y Rusia sea una tarea difícil.

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Los demócratas ven a Rusia como una amenaza mayor que China, mientras que muchos culpan a Putin de ayudar a Trump a ganar en 2016 (EFE)

Los problemas entre Estados Unidos y Rusia: hackeo e interferencia electoral

En 2017, la Comunidad de Inteligencia estadounidense publicó un informe donde concluía que el Kremlin estuvo muy involucrado en operaciones de desinformación durante las elecciones presidenciales de 2016. El Comité de Inteligencia del Senado consideró en una votación unánime bipartidista en 2020 que el Informe era preciso y fiable, y advirtió que Rusia y otros actores estaban utilizando la “guerra informativa” para crear discordia en los gobiernos democráticos.

Los expertos han asociado ambas tácticas como parte de una nueva herramienta que el Kremlin ha estado utilizando en los últimos años para expandir su presencia en el mundo: la “guerra híbrida”. Según un testimonio dado por un experto de la corporación RAND a la Cámara de Representantes de Estados Unidos en 2017, uno de los objetivos clave de la guerra híbrida rusa es influir en la política de las democracias occidentales.

El problema al que se enfrenta Biden no son solo las acciones rusas dirigidas directamente contra Estados Unidos, sino también contra sus aliados. Si Putin tiene la capacidad de causar estragos en una democracia desarrollada y fuerte como la estadounidense, ¿qué le impide hacer lo mismo en democracias más débiles que son vitales para los intereses de Estados Unidos en el mundo?

Rusia muestra sus dientes militares

La invasión rusa de Crimea en 2014 es un ejemplo de cómo se puede utilizar la guerra híbrida contra los aliados occidentales, ya que Putin se basó en tácticas no convencionales, como los famosos “hombrecillos verdes” y la guerra informativa, para anexionar el territorio sin apenas derramamiento de sangre.

Aunque Crimea se incorporó sin problemas, la invasión abrió un conflicto en el este de Ucrania entre las fuerzas que siguen siendo leales al gobierno democrático central de Kiev y las que buscan la integración completa con Rusia.

El conflicto, que ya ha dejado más de 10.000 muertos y más de un millón de ucranianos desplazados internamente, puede ser un catalizador de un conflicto más amplio entre USA y Rusia, ya que Ucrania ha iniciado un programa de cooperación estrecha con la OTAN. Además, otros países de la alianza, principalmente los de Europa del Este, podrían ver estas acciones rusas como un ejemplo de cómo podrían ser atacados por el Kremlin en el futuro.

Aumentan las tensiones entre Ucrania y Rusia, mientras Putin ordena la movilización de miles de tropas a la frontera ucraniana (EFE).

La situación ha empeorado notablemente en las últimas semanas, ya que Rusia ha decidido movilizar más de 40.000 soldados a la frontera con Ucrania, más otros 40.000 ya movilizados en la península de Crimea. El gobierno ucraniano ha dicho que ha intentado ponerse en contacto con Moscú para hablar del tema sin éxito, y ambos países ya han empezado a expulsar a algunos diplomáticos en medio de la creciente crisis.

Sigue sin estar claro si la decisión de Putin de movilizar a miles de combatientes a la frontera es una palanca para obtener concesiones de Biden o las fases preliminares de un conflicto más amplio. No obstante, Estados Unidos y la OTAN tendrían que determinar cómo responder con firmeza ante cualquier posible agresión rusa, defender a sus aliados ucranianos y, al mismo tiempo, no arriesgar una guerra más amplia con el Kremlin.

Estados Unidos y sus aliados siguen teniendo una ventaja militar, económica y tecnológica superior a la de Rusia, sin embargo, Moscú no es el único desafío al que se enfrenta Washington. China está actuando cada vez más como un competidor creíble contra la hegemonía estadounidense, y Biden sabe que cualquier tipo de conflicto con Rusia acercaría a ambos competidores.

Si Biden quiere desescalar las tensiones con Rusia, tendrá que encontrar la manera de hacerlo sin parecer débil en casa, asegurándose al mismo tiempo de que los intereses estadounidenses están protegidos de una manera que no obligue a Moscú a reaccionar violentamente, todo ello sin perder de vista a la verdadera competencia: China.

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