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¿Cómo los grandes impuestos y regulaciones han dado forma al socialismo moderno?

¿Cómo los grandes impuestos y regulaciones han dado forma al socialismo moderno?

El socialismo moderno tiene muchas máscaras, formas, mentiras y narrativas preestablecidas para penetrar en las naciones y destruirlas

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Para dominar sin resistencia una nación basta con suprimir sus libertades económicas, con el Estado manejando las riquezas de los ciudadanos no hay oposición que valga al momento en que intenten aplastarte.

Socialismo no es solo cuando el tirano de turno expropia empresas supuestamente en nombre del “bien común”, tampoco cuando gritan los miembros del partido de gobierno que hay que quitarle al rico para “darle al pobre”; el socialismo en la actualidad es todo esfuerzo por parte del Estado para intervenir en la actividad privada con el propósito de manipular y manejar los recursos de una nación a su antojo para “redistribuir” las riquezas.

El socialismo como todo virus mortal está siempre en constante evolución para lograr sus objetivos: introducirse en el cuerpo receptor, destrozar sus defensas y asesinar al portador. La ideología marxista ha ido variando desde su concepción inicial para ir sobreviviendo al avance del tiempo, y en ese sentido, a pesar de los anticuerpos generados contra las mentiras que emanan de sus promotores, el virus ha logrado recomponerse una y otra vez para mutar y ser cada vez más eficiente en su fin destructivo.

Los históricos postulados de Marx, ese en los cuales el Estado debía apoderarse de los medios de producción para lograr la utópica sociedad perfecta e igualitaria se han torcido, puesto que los constantes fracasos le han exigido innovación para poder sostenerse en pie; hoy el marxista tradicional no pide abierta y directamente que el Estado posea todos los medios de producción, ahora hace algo más efectivo, se adhiere a los principios económicos del fascismo y el nacional socialismo según los cuales los medios de producción deben es servir al Estado, ya no sería necesario poseerlos.

La razón detrás de este cambio de perspectiva se explica leyendo un par de libros de historia que no estén contaminados o manipulados por la academia izquierdista; las hambrunas desatadas en los paraísos comunistas y los cientos de millones de muertos producidos por los Estados colectivistas fueron los impulsores de las nuevas premisas; con tributaciones elevadas y altas regulaciones los gobiernos tienen la facultad de seguir controlando el poder económico de las naciones, maniatar las libertades individuales, y tener empresas más eficientes que aquellas controladas exclusivamente por políticos; por todo esto es necesario explicar cómo actúa el nuevo socialismo y cuáles son sus fines.

Marxistas piden luchar contra el capitalismo y proveer educación gratuita expropiando propiedades (Flickr)

El socialismo interventor moderno

En la actualidad cuando se intenta conversar con un americano promedio seguidor de Bernie Sanders, o incluso con cualquier demócrata desinformado sobre los intentos por parte de los últimos actores para destruir las libertades en Estados Unidos, es común encontrarse con el típico argumento vacío y desinformado del supuesto socialismo nórdico, ese con el que hoy babean millones de americanos, e inmediatamente cuando quienes hemos escapado de verdaderos sistemas socialistas mostramos la ficha de Venezuela o Cuba nos topamos con tres respuestas prefabricadas e instaladas en sus cerebros ignorantes:

  1. Eso es en realidad comunismo.
  2. Ese no es verdadero socialismo.
  3. El problema es la corrupción y el autoritarismo, no el socialismo.

Ahora bien, es cierto, los países nórdicos han coqueteado durante años con modelos socialdemócratas, sin embargo, cada vez que ha aumentado de forma considerable la presencia del Estado y los impuestos, su índices económicos caen en picada, entonces vuelven a liberar la economía, y tras recuperarse, realizan estúpidamente el mismo procedimiento.

Sin embargo, a pesar de la alta tributación las economías nórdicas son las más libres del mundo, y también son las naciones con mayores facilidades para hacer negocios, es decir, que hay pocas regulaciones e intervención estatal, por todo esto a pesar de la gama de programas sociales siguen teniendo un aparato productivo eficiente. En definitiva, si no me creen a mí que los países nórdicos no son socialistas, quizás le puedan creer al primer ministro de Dinamarca que lo dijo enfáticamente.

Otro aspecto a tomar en cuenta con respecto a las economías nórdicas es que sus naciones están conformadas por 5 millones de habitantes aproximadamente, la inmigración es casi inexistente, su población es mayoritariamente local, y la educación, poder adquisitivo, así como el propio poder productivo es bastante equilibrado; en ese sentido, no es lo mismo aplicar un programa gubernamental de salud pública para 5 millones de habitantes, que para más de 300 millones en una nación que además recibe cada año cientos de miles de migrantes de diferentes procedencias, culturas y niveles educativos. Para ser más enfático en esto, solo el estado de Florida tiene 4 veces más población que toda Noruega o Dinamarca.

El senador socialista Bernie Sanders (Flickr)

Los impuestos y regulaciones como mecanismo de control social

Volvamos al asunto que nos compete, los impuestos y las regulaciones. Erróneamente se sigue creyendo en muchas partes del mundo que socialismo es solo cuando el tirano de turno grita: “exprópiese”, y nada más erróneo que esto. De hecho, hoy en día son pocos los sistemas colectivistas que abogan abiertamente por expropiaciones e incluso nacionalizaciones, por lo general en la actualidad los gobiernos de izquierda utilizan los dos elementos mencionados anteriormente para subyugar el poder empresarial a los designios del Estado.

¿Por qué? Bueno, para nadie es un secreto que las empresas públicas son un completo desastre, cuando no hay incentivos para mejorar la producción o efectividad de un grupo de trabajo, y las pérdidas no preocupan a nadie, los resultados pasan a un segundo plano, por ello se produce el avance hacia no poseer los medios de producción, pero sí dominarlos.

Más allá de los famosos “exprópiese” de Hugo Chávez en Venezuela y la absoluta ineficiencia con la que se manejó PDVSA —la empresa estatal de petróleo venezolano—, otros de los grandes causantes de la catástrofe económica en el país fueron las regulaciones que impusieron en el sector privado, y de esto poco se habla dentro y fuera del país.

El partido socialista americano apoya la tiranía de Venezuela que ha expulsado a mas de cinco millones de personas de su territorio, y ocasionado la peor crisis económica de su historia (Flickr)

Por ejemplo, el chavismo modificó las leyes laborales y creó un sistema legal que imposibilitaba al patrono de despedir a un empleado sin importar las faltas que hubiese cometido; todo el andamiaje legal estaba constituido para “defender” al trabajador y dejaba al empresario en una situación de vulnerabilidad pues no tenía forma de exigir mayor productividad al empleado, no podía despedirlo, y tampoco podía cambiar fichas que no estuviesen rindiendo; esto, más allá de las expropiaciones y la corrupción, fue otra cruz sobre la economía y la productividad en el país.

Los sindicatos en Venezuela también generaron grandes perjuicios al aparato productivo, protegidos por el Estado, se hizo obligatorio en la industria de la construcción meter en toda obra un porcentaje de empleados sindicados, de lo contrario no se podía trabajar. Estos empleados sindicados no podían ser despedidos tampoco, pues de lo contrario la obra no avanzaba; entonces los inversionistas y patronos se veían obligados a mantener a estas personas dentro de las obras, pagándoles sueldos elevados y en muchas ocasiones sin trabajar, mientras que además pagaban a los otros obreros que eran quienes realmente sacaban el proyecto adelante. Bajo esas condiciones ejecutar proyectos eficientes y rentables es misión imposible.

El estatismo siempre perjudica la actividad privada y destruye los derechos individuales

Lo recién mencionado sobre Venezuela son tan solo un par de ejemplos concretos de miles de cosas que los socialistas hicieron “bien” para lograr destruir y dominar el país. Pero este no es solo un fenómeno venezolano, en la actualidad muchos países en el mundo como Argentina, España e incluso Estados Unidos han puesto en práctica impuestos y regulaciones que imposibilitan el crecimiento económico y promueven la dependencia absoluta de los ciudadanos a favor del Estado.

Las tasas de tributación en Argentina están diseñadas para hambrear a la población, por absurdo e irreal que parezca, de cada 100 dólares que gana un empresario argentino le debe pagar 106 al Estado, esto destruye el aparato productivo privado, desincentiva la inversión, y también arrasa con todas las fuentes posibles de empleo. ¿Cuál alternativa les queda entonces a los argentinos? Sencillo, igual que en Venezuela, depender de las dádivas del Estado.

La nueva administración demócrata en Estados Unidos desea aumentar dramáticamente los impuestos en el país, mientras que a la par se encuentra imprimiendo toneladas de dinero como si se tratará de billetes de monopolio. Esto ha generado una ola inflacionaria en el país que no se veía desde la crisis económica del 2008; con esto, los ciudadanos americanos están perdiendo el valor de su dinero y ahorros, pero lo que es más preocupante es que una gran mayoría lo aplaude, porque evidentemente no tienen comprensión de lo que está ocurriendo.

La paralización del oleoducto Pipeline XL por parte del presidente Biden ocasionó la pérdida de más de 11.000 empleos, y a su vez también generó grandes pérdidas económicas; estas medidas paralelamente junto a otras variables económicas han producido que el precio de la gasolina se haya disparado en el país.

El presidente de Estados Unidos, Joe Biden (EFE)

Realmente podríamos pasar horas, días, meses, años escribiendo y hablando sobre cómo la intervención del Estado en la economía entorpece la productividad, y como las medidas estatistas —socialistas— están diseñadas, no para ayudar a la población, sino por el contrario, para perjudicarla y someterla al control absoluto de los jerarcas y burócratas de turno, sin embargo considero que el punto ha quedado claro.

Es importante internalizar y comprender la evolución del socialismo para luchar contra sus promotores totalitarios de una forma más eficiente; la “redistribución de la riqueza” o el entorpecimiento de la productividad privada tiene muchas variantes, no solo las expropiaciones deterioran la economía, también los grandes impuestos, las regulaciones, y la enorme burocracia daña enormemente a las naciones con el propósito de someter a los ciudadanos.

Cuando un fanático de Sanders venga a hablarle de las bondades del sistema nórdico, respóndale que usted está de acuerdo en que la economía americana debe moverse hacia allá, lo que quiere decir eliminar el exceso de regulaciones gubernamentales, mejorar los índices de facilidad para hacer negocios, bajar los impuestos corporativos —pues actualmente los mismos son más elevados en Estados Unidos—, y en definitiva abrazar los postulados del libre mercado.

El socialismo moderno tiene muchas máscaras, formas, mentiras y narrativas preestablecidas para penetrar en las naciones y destruirlas, yo lo invito a informarse para combatirlo de forma eficiente y preservar, no solo nuestras libertades individuales, sino también nuestras vidas.

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