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Independence Day (1996): un detalle que quizás pasaste por alto

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Independence Day fue la película más taquillera de 1996 y se ha convertido en un clásico del cine de acción y ciencia ficción. Algunas de sus secuencias forman parte del imaginario colectivo, como por ejemplo el rayo láser azul destruyendo por completo la Casa Blanca. Pero hay un pequeño detalle en esta película, quizás no tan recordado, que la relaciona con la actualidad más allá de la fecha señalada del 4 de julio.

Al pensar en la película Independence Day nos vienen inmediatamente a la mente los personajes del intrépido piloto interpretado por Will Smith, el valeroso presidente encarnado por Bill Pullman, y el científico al que da vida Jeff Goldblum.

Sin embargo, hay otro personaje, no tan recordado —pero muy querido por quienes sí lo hacen—, que merece una reivindicación especial en estos tiempos. No sólo por la heroicidad que demuestra en la película, sino por el trato injusto que le dan sus compañeros, que guarda inquietantes paralelismos con lo que está sucediendo con algunas personalidades del mundo actual.

Me estoy refiriendo al piloto veterano de la Guerra de Vietnam interpretado por Randy Quaid, que sacrifica su vida para salvar a su familia y al mundo. Russell Casse —así se llama en la película— es un veterano abandonado por su gobierno y entregado al alcoholismo. Es el loco del pueblo, del que todos se burlan por asegurar que había sido abducido por los extraterrestres para hacer experimentos con él.

Era el hazmerreír de todos y ni sus propios hijos —por los que más tarde sacrificará su propia vida— lo respetaban. Russell Casse era víctima de lo que en los 90 era el equivalente a la cultura de la cancelación actual.

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El detalle de la película con respecto a este personaje que me sobrecogió se esconde detrás de uno de los tantos alivios cómicos de Independence Day. Puede pasar inadvertido, pero si te paras a reflexionar, guarda una perturbadora relación con muchos de los comportamientos sociales del mundo presente.

Después de que la Humanidad esté próxima a la aniquilación, después de que todo el mundo haya visto y padecido los ataques a gran escala por parte de los extraterrestres, y después de que el pequeño grupo de protagonistas haya sido testigo de que el Gobierno escondía en el Área 51 especímenes alienígenas capturados años atrás, cuando Russell Casse se ofrece voluntario para pilotar en el último ataque desesperado contra la invasión, todos se ríen de él porque insiste en que lo hace como venganza por su abducción años atrás.

Independence Day y su paralelismo con la cultura de la cancelación

Esto lo que demuestra es que una vez estigmatizada una persona, la sociedad queda programada para seguir desdeñándola, en contra de toda evidencia a su favor. ¿Qué más tendría que haber pasado para que no se siguieran burlando de él? ¿Qué más tendrían que haber hecho los extraterrestres para que, al menos, le hubieran otorgado el beneficio de la duda y se plantearan que quizás sí tenía razón y no estaba mintiendo a pesar de su aparente excentricidad?

Lamentablemente, esto mismo ha estado sucediendo durante los últimos años en diferentes grados de intensidad con personajes como Alex Jones, Joe Rogan, el Dr. Malone, Jordan Peterson, o los mismísimos Donald Trump y Elon Musk.

Los medios de comunicación progresistas han optado por el “character assassination”, estigmatizándolos porque van en contra del relato que trata de imponer la izquierda. Una vez cancelados y señalados, da igual lo que suceda y da igual la evidencia que surja sobre lo que han venido denunciando. La sociedad, desacostumbrada al pensamiento crítico e independiente, seguirá manteniéndolos en una especie de cuarentena mental.

Confío en que teniendo en cuenta este matiz, un oportuno revisionado de Independence Day para celebrar el día 4 de julio, nos sirva para reivindicar el pensamiento crítico e independiente y nos libere de algunos de los prejuicios que los medios progresistas han tratado de endosar a muchos de sus críticos.

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