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Informe revela que el crecimiento del Estado del Bienestar ha impulsado la caída de la fuerza laboral

Las políticas deben incentivar el empleo, no desincentivarlo

Por Brad Polumbo

La escasez masiva de mano de obra sigue asediando a la nación americana y frenando la recuperación económica. Con un sinnúmero de factores políticos y relacionados a la pandemia que influyen en la escasez, existe un acalorado debate sobre lo que mantiene a tantos trabajadores fuera de la fuerza laboral. Pero un nuevo estudio confirma que el crecimiento del Estado del Bienestar está desempeñando un papel importante y que esta tendencia comenzó mucho antes de la pandemia. 

Publicado por expertos del lado republicano del Comité Económico Conjunto del Senado, el análisis informa que “Estados Unidos ha sido testigo de un aumento sin precedentes de la desvinculación de trabajadores jóvenes a lo largo del tiempo”. Como se muestra en el siguiente gráfico, la tasa de participación de los hombres en la población activa ha caído desde más del 97 % en 1955 hasta el 89 % antes de la pandemia, mientras que la tasa de participación de las mujeres en la población activa también ha disminuido en las últimas décadas.


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¿Cuál es la causa de este descenso? Pues bien, el estudio examina explicaciones populares como el desplazamiento por la inmigración y los avances tecnológicos y concluye que no explican este drástico descenso. Más bien, sugiere que el factor más importante es que “muchos aspirantes a trabajadores se desconectan voluntariamente del trabajo y los programas y políticas gubernamentales probablemente hayan hecho que el trabajo sea menos atractivo para estos americanos”.

El Estado del Bienestar ha crecido enormemente durante estas décadas. Según el comité, en 1998 alrededor del 20 % de los americanos, en edad de trabajar, que vivían en hogares entre los percentiles de ingresos 20 y 50 se beneficiaban de programas gubernamentales. En 2014, esa cifra ascendía al 30 %.   

De hecho, el estudio señala que “sólo el 12 % de los hombres inactivos, en edad de trabajar y sanos, dijeron que querían un trabajo o estaban dispuestos a trabajar”. ¿Por qué? No hace falta ser un genio para darse cuenta de que la disponibilidad generalizada de sólidas prestaciones sociales es una parte clave de la explicación.

“Un importante conjunto de pruebas empíricas sugiere que las transferencias gubernamentales —especialmente las que no tienen requisitos de trabajo— tienden a reducir el empleo”, informa el estudio. “Por ejemplo, la participación en la fuerza de trabajo y los ingresos caen después de recibir ayudas para la vivienda, la pérdida de la cobertura de Medicaid aumenta el empleo y la obtención de la cobertura puede reducirlo. La introducción del programa de cupones de comida en las décadas de 1960 y 1970 disminuyó el empleo de manera significativa”. 

No podemos pasar por alto estas preocupantes conclusiones. Sí, no hay duda de que la pandemia y las políticas específicas atadas a la misma están contribuyendo a la escasez de mano de obra, especialmente aguda, a la que se enfrenta actualmente nuestra economía. Pero, en términos generales, nuestros problemas laborales a largo plazo se deben sobre todo a un sistema de bienestar inflado que desincentiva el trabajo y atrapa a la gente a la pobreza.

Sin embargo, algunos están aprendiendo la lección opuesta. Con su plan de gastos de más de $3.5 billones de dólares, los progresistas en el Congreso están tratando de hacer que el Estado del Bienestar sea aún más grande. Esto es malo para la economía y también para los supuestos beneficiarios: los beneficios sociales, mentales, emocionales y de salud de tener un empleo están amplia y extensamente documentados. Las políticas deberían incentivar el empleo, no desincentivarlo.  

“A medida que el número de americanos que reciben asistencia del gobierno ha crecido, más ciudadanos han dejado voluntariamente sus empleos”, comentó el senador republicano Mike Lee a la luz de este informe. “El plan del Congreso de gastar $3.5 billones de dólares adicionales para proporcionarle a los hogares nuevos subsidios y menos incentivos para trabajar sólo empeoraría las cosas”. 

En efecto, así sería. Esperemos que este nuevo estudio aporte nuevas luces, muy necesarias, a la conversación en desarrollo actualmente sobre la escasez de la mano de obra. A grandes rasgos, los problemas de participación laboral no pueden solucionarse sin un serio retroceso del Estado del Bienestar.

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