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James Dean - El American

James Dean: tres películas y una maldición

Fue el primer actor en recibir una nominación póstuma al Oscar como mejor actor y aún se mantiene como el único que ha tenido dos nominaciones póstumas.

James Dean cumpliría 90 años este lunes 8 de febrero. Considerado uno de los mayores talentos de Hollywood, con apenas tres filmes en su historial – Al este del Edén” (1954), “Rebelde sin causa” (1955) y “Giant” (1955)-, logró pasar a la historia y dejar su huella en la cultura pop.

Dean perdió la vida a los 24 años de edad en un accidente de tránsito el 30 de septiembre de 1955, mientras conducía su nuevo Porsche 550 Spyder, al que apodó “pequeño bastardo”, junto a su mecánico Rolf Wuetherich, con quien participaría en una carrera en Salinas, California.

Su muerte prematura en un accidente automovilístico cimentó su estatus de leyenda. Fue el primer actor en recibir una nominación póstuma al Oscar como mejor actor y aún se mantiene como el único que ha tenido dos nominaciones póstumas.

El accidente ocurrió luego de terminar su última película: “Giant”, historia sobre la familia de terratenientes Benedict, con Rock Hudson en el papel de Jordan Benedict y Elizabeth Taylor encarnando a la diferente y atractiva señora Leslie, mujer de Jordan y amor platónico de Jett, un empleado de la familia interpretado por Dean.

La maldición del auto

Dean estrenó su flamante Spyder el 21 de septiembre de 1955 y dos días más tarde, al coincidir con Alec Guinness en un restaurante, le enseñó su nueva adquisición. El 30 de septiembre, James puso rumbo a paso de Robles, para participar en una carrera.

Mientras corría en la carretera a 65 millas por hora en una zona de 55, un policía paró al deportivo plateado, multando a sus ocupantes por exceso de velocidad. Dos horas después, Dean y su mecánico fueron embestidos en el cruce de Highway 46 y Highway 41, a unas 80 millas de Bakersfield, por un sedán Ford Tudor, y estrellándose contra un poste quedando convertido en un amasijo de metal.

El actor murió camino del hospital. Rolf Wuetherich salió disparado del Spyder y sufrió varias lesiones (moriría en 1981 en un accidente de circulación en Alemania), pero ninguna de gravedad, y el estudiante que conducía el sedán sufrió heridas leves.

Los restos del Porsche 550 Spyder fueron comprados por George Barris. Y, precisamente ahí, es donde se desata la leyenda de la maldición: cuando los restos del auto estaban siendo depositados en el taller de Barris, los cables de la grúa se rompieron, el automóvil cayó sobre uno de sus mecánicos y le rompió las dos piernas. Tras lo ocurrido se negó a repararlo, por lo que decidió desmontarlo y venderlo por piezas.

El motor se lo quedó Troy McHenry, el chasis fue para William Eschrid y las ruedas quedaron en poder de un joven neoyorquino.

El relato dice que los tres iban a preparar sendos autos de competición con las piezas de Little Bastard: McHenry perdió la vida tras chocar contra un árbol; Eschrid fue gravemente herido tras salirse del circuito; y el joven neoyorquino ni siquiera pudo llegar a correr porque, camino al circuito, se le reventó un neumático y sufrió un accidente contra una cuneta.

El Porsche 550 Spyder quedó con esa mancha indeleble: la de haber sido el arma que mató a uno de los grandes mitos de Hollywood.

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