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El liberalismo latinoamericano que no fue

Es necesario impulsar nuevas estrategias que seduzcan a los electorados latinoamericanos para que abracen el proyecto liberal

Por María Zaldívar:

Latinoamérica se ha puesto la democracia de sombrero. Queda poco y nada de los procesos políticos virtuosos que vieron la luz hacia finales del siglo XX y que hacían predecir un alejamiento definitivo de la región del autoritarismo y los movimientos de masas.

Sumado a este retroceso, el feminismo, la nueva cara de la izquierda en la lucha ideológica, representa el poderoso enemigo del siglo XXI.

Porque la pretensión del marxismo siempre ha sido suprimir la libertad individual de nuestro estilo de vida. En los años 70, el terrorismo transnacional azotó varios países de América y produjo a su paso muerte, destrucción, inestabilidad política y cuantiosos daños materiales. Ese plan fracasó porque los países atacados hicieron una decidida defensa de sus administraciones y estilos de vida, repeliendo el ataque guerrillero. Perdida esa batalla, la izquierda no abandonó el objetivo. Sin embargo, y comprobado que la vía violenta no era la forma para alcanzar el éxito, optaron por la penetración cultural.

La izquierda, entonces, se disfrazó de ecologista, de defensora de las especies en extinción, de los bosques y de los derechos humanos. Cambiaba de sombrero, pero no de intenciones. Sus causas tuvieron buena prensa, obtuvieron cuantiosos fondos y gran difusión en los medios de comunicación de todo el planeta. Nacieron cientos de organizaciones no gubernamentales que agitaron sus banderas y las sociedades se fueron haciendo permeables a su influencia.

La caída del muro de Berlín alteró, parcialmente, sus planes. Sin el financiamiento que recibían hasta entonces, hubo que pensar rápidamente otras alternativas. Así fue que nació el Foro de São Paulo que, con la receta del gradualismo, persiguió lo mismo: una izquierda unida y activa en América Latina que luchara contra el liberalismo.

Fue entonces de este modo que la izquierda llegó a gobernar prácticamente el 50 % de la región y a reunir a sus principales líderes políticos. Lugo en Paraguay, Chávez y Maduro en Venezuela; Ortega en Nicaragua, Santos en Colombia, Tabaré Vazquez y Mujica en Uruguay; los Kirchner en Argentina, Correa en Ecuador, Leonel Fernández en República Dominicana, los Castro en Cuba, Dilma Rousseff y Lula en Brasil, Evo Morales en Bolivia, Bachelet en Chile y López Obrador en México significan un rotundo triunfo del Foro de São Paulo.

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Latinoamérica perdió su tradición de libertad. (Foto: Flickr)

Chile merece un párrafo aparte. Ese país, que durante décadas fue bastión de las políticas correctas y ejemplo de eficiencia para quienes luchamos por la libertad, se dejó secuestrar por movimientos radicalizados que están aniquilando los cambios estructurales llevados a cabo durante las últimas tres décadas. El comunismo internacional lo ha tomado de estandarte para mostrar las falencias de la libertad y hoy se encuentra transitando un peligroso camino de deterioro y retroceso. Alumno dilecto del Foro de São Paulo, su receta indica que es preciso generar crisis internas disfrazadas de reclamos populares para avanzar en la transformación que pretenden. Y en eso están.

La histórica derrota del PRI en México, una reacción superadora en varios países del continente, Colombia y su exitosa lucha contra el narcoterrorismo de la mano del presidente Uribe, así como Argentina votando contra el peronismo o Perú alejándose de sus errores reiterados, en perspectiva, demuestran que se trató solo de hechos aislados que no alcanzaron a torcer el rumbo ni pusieron en peligro los planes de la izquierda.

Ya en proceso los pasos que indicaba la agenda de Lula y sus compañeros de ruta, en el nuevo siglo, la izquierda se calzó el sombrero del feminismo y el aborto, con el agregado, nada menor, de que impulsan cambios radicales e intentan imponerlos desde el Estado. Para todas sus exigencias reclaman una ley, es decir, la intención es legalizar sus aspiraciones.

Así se idea la lucha por estos días: en el aborto no punible pagado por el Estado; la educación de nuestros niños a expensas del burócrata de turno (delegada en la currícula oficial relegando la participación de los padres, principales agentes de educación); al papel de mero espectador; las leyes de cupo que implican la incorporación compulsiva de minorías en el Congreso; las oficinas públicas; los directorios de empresas (que se traduce en un claro avance del Estado sobre la propiedad privada); la toma de tierras y el abandono de la función de garantizar la seguridad pública.

El liberalismo debe plantearse de una vez, con mucha seriedad y sin excusas, qué le ha pasado. Las ideas de la libertad son las que han sacado a millones de seres humanos de la pobreza extrema, ha reconocido la dignidad humana como ningún otro régimen, hace posible el florecimiento de la creatividad, del esfuerzo personal y la creación de riqueza. Sin embargo, la región hoy está sumida en un embate feroz del autoritarismo populista.

Es imperioso impulsar nuevas estrategias que seduzcan a los electorados latinoamericanos para que abracen el proyecto liberal, para que cada individuo reconozca en esas políticas la salida a la postración económica y a la dependencia política. Tenemos que trabajar para convencer a nuestros pueblos de que la opción superadora es la libertad.


María Zaldívar es licenciada en Cs. Políticas (Universidad Católica Argentina). Analista política. Consejo directivo de “Federalismo y Libertad”. Premio a la “Valiente defensa de la libertad”, Fundación Atlas.  Autora del libro: Peronismo demoliciones. @MariaZaldivar.

5 comments
  1. Si uno busca en la Enciclopedia Británica la palabra caudillo nos refiere a un dictador militar. Y de eso está plagada toda la America Latina. Cuando no jefes Indios son insaciables bandoleros. Aislados del progreso siempre hemos sido un viejo mundo en vez del nuevo de Colón. Esas ideas llegaron tardías pero siempre hay tiempo para las ideas liberales.

    1. Es cierto. Pero no solo el caudillismo es el problema de América Latina; la corrupción es un flagelo que corroe el tejido social porque es mucha cantidad de dinero que se aplica a comprar voluntades en todos los estamentos de la sociedad
      Gracias x su comentario y por tomarse el tiempo de leer mi trabajo
      Saludos cordiales

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