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Coltan, yacimientos arqueológicos

El mísero valor del Coltán venezolano

Extractivismo amenaza valiosísimos yacimientos arqueológicos en Venezuela.

Por: Fritz Alejandro Sánchez

Al Sur del Orinoco ciertamente existe una extraordinaria riqueza que, por miles de manifestaciones, aflora en rocas, lajas y abrigos del municipio Cedeño del estado Bolívar en Venezuela. Se trata de un patrimonio arqueológico sin precedentes que la ha llegado a catalogar como la Capital Arqueológica del continente suramericano.

Las manifestaciones rupestres con una antigüedad de entre 9.000 y 3.000 años antes de la actualidad, están dispersas en el contorno geográfico del Orinoco Medio caracterizado por grandes llanuras de aluvión, donde se lleva a cabo una fuerte minería ilegal para extraer el llamado “oro azul” o coltán.

Aunque existen casos documentados que precedieron el Decreto del Arco Minero del Orinoco (2016), la opacidad extractivista del coltán se incrementó con éste, así como la presencia y el control de grupos guerrilleros colombianos —principalmente ELN—, en esta región venezolana.

La dictadura de Nicolás Maduro otorgó 12 concesiones para la explotación del coltán en el denominado Bloque 1 del Arco Minero con una superficie de afectación de 24 mil 717 kilómetros cuadrados; justificando la creación e instalación de empresas como: Mixta Minera Ecosocialista Parguaza, Faoz Corporation Ltd., y GOLD MARKETING en la zona metalogénica “El Burro-Agua Mena” y las empresas: Mixta Minera Metales del Sur y Mixta Oro Azul Inc., en la zona de El Palomo-Pijiguao.

“Nadie conoce como operan estas empresas, pues están militarizadas y nadie puede entrar a sus instalaciones o áreas de explotación (…) además no existen estudios  de prospección  en la región, que permita «cuantificar» los recursos minerales presentes (…) sólo se conoce que el coltán aflora por «bolsones» en toda la región, por lo que el desastre ambiental es fuerte debido que los mineros ilegales abren huecos al azar en todo el territorio”, señala un especialista en minería geológica que pidió no ser nombrado por temor a represalias.

A pesar de ello, dos nuevas empresas se suman al negocio “legal” del coltán venezolano. Según denuncia el diputado a la Asamblea Nacional, Américo De Grazia: Al Quds & Biet Lahem, asociadas a la Compañía Anónima Militar de Industrias Mineras, Petrolíferas y de Gas, C.A. (CAMIMPEG) son empresas palestinas del Hamas “Franquicias terroristas de Irán, tuteladas por Tarek El Aissami (vicepresidente para el área económica del régimen de Maduro) y *administradas* por el ELN, mediante las empresas: Sakan ca y Comercializadora Orinoco C.A.”.

Una “alianza estratégica” bien conocida en la región, donde “Nicolasito” —hijo del dictador socialista Maduro— lleva la batuta del contrabando del mineral.

Coltán, Venezuela
Coltán (Nb y Ta). Foto cortesía SOS Orinoco.

“Los territorios ricos en coltán no sólo son explotados por la minería donde hay participación de «capital» estatal; según informe de la plataforma web InfoAmazonia, también el negocio es compartido con la guerrilla colombiana que opera en la región de Parguaza con la participación de la fuerza militar venezolana que ofrece protección a cambio de participación en el negocio”, reseña la ONG SOS Orinoco en su Informe 2020 Coltán: El Contrabando del “Oro Azul” por el Régimen en Venezuela.

La mayoría del coltán extraído ilegalmente es trasladado a Colombia y vendido a contrabandistas y empresas comercializadoras, principalmente del departamento de Vichada. De esta forma, se legaliza el mineral, siendo trasportado hacia los mercados internacionales con origen del vecino país, como material estratégico para la fabricación de dispositivos electrónicos, sistemas de posicionamiento global (GPS), instrumentos médicos, armamento avanzado en la industria aeroespacial, teléfonos celulares o equipos de videojuegos.

El destino final del contrabando del coltán venezolano, según reseña SOS Orinoco en su informe, está en países como Estados Unidos, Tailandia y mercados del Medio Oriente donde la demanda de este mineral es alta.

Una creciente demanda internacional sumada a la complicidad militar en la extracción ilegal y contrabando, ha generado un complejo panorama que tiene al mundo científico en alarma ante la escalada extractivista en un territorio lleno de pictografías y petroglifos,  en una variedad de contextos naturales que comparten con los afloramientos del coltán, incluyendo abrigos, lajas bajas y piedras que se exponen en las riberas de los ríos, rocas afloradas tierra adentro, y en las laderas de los cerros graníticos.

Desaparición forzosa

¿Está en peligro el patrimonio arqueológico de Cedeño? “Sí”, sentencia el doctor Franz Scaramelli Ascari, antropólogo   y miembro de la Society for American Archaeology de Estados Unidos, quien por décadas —como científico titular del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (IVIC)— ha investigado y documentado la arqueología, historia y etnografía del Orinoco Medio.

“Entre el Bajo Parguaza y el rio Villacoa existen docenas de sitios arqueológicos importantes que podrían estar siendo afectados por la actividad minera (…) Estos yacimientos se encuentran en los territorios ocupados por los Mapoyo (El Palomo) y los Piaroa (Parguaza). Los sitios localizados corresponden a diferentes períodos de tiempo y varían en tamaño, estructura y componentes materiales. Los sitios incluyen asentamientos prehispánicos, sitios coloniales de misión, fortalezas, pueblos coloniales tempranos; asentamientos indígenas coloniales, pueblos coloniales tardíos; y numerosos asentamientos indígenas ocupados durante el período republicano. Muchos de estos sitios son superficiales y, en consecuencia, son extremadamente vulnerables al avance de vehículos de transporte y maquinaria, así como a las actividades de minería improvisada de superficie (pico y pala)”, explica el científico.

Municipio Cedeño Venezuela
Coltán y cientos de yacimientos arqueológicos comparten las grandes llanuras de aluvión al Sur del Orinoco Medio (cortesía: Ph.D. Franz Scaramelli Ascari).

En el caso de la zona del Parguaza, el doctor Scaramelli Ascari específica que los sitios arqueológicos de la serranía de Carichana y del Bajo Parguaza podrían estar seriamente comprometidos debido la proximidad de los campamentos de las empresas socialistas de Aguamena y la extracción sin control que se promueve; “más cuando las empresas autorizadas por el gobierno para la explotación de coltán en la región, no tienen experiencia ni están acreditadas para mitigar el posible impacto que la actividad extractiva podría generar”, resalta el destacado antropólogo con preocupación.

Mientras, más al Norte, el otro eje de explotación de coltán es el río Villacoa, en el corazón mismo del territorio ancestral de los Mapoyo.

“Nuestros trabajos también permitieron localizar numerosos abrigos rocosos o cuevas entre los ríos Suapure, Caripo, Caripito, Villacoa, Ore y Parguaza. Estos sitios han sido utilizados como cementerio y juegan un papel importante en la cosmovisión de los grupos indígenas Mapoyo y Piaroa. Se trata de cavidades que contienen evidencias arqueológicas tales como arte rupestre, instrumentos líticos, cerámicas y morteros. La ubicación de los sitios y la evidencia arqueológica recuperada permitió la construcción de una secuencia ocupacional que va desde el Holoceno temprano hasta el presente”, destaca el investigador.

Sin embargo, no sólo estas antiquísimas expresiones rupestres se encuentran hoy afectadas y en peligro de desaparecer. 

“Los sitios más tardíos suministran excelentes indicadores sobre los procesos que experimentaron las poblaciones indígenas a partir del establecimiento colonial de las misión de Nuestra Señora de los Ángeles de Pararuma en 1731-32, precisamente a orillas del río Villacoa. Las investigaciones en el Bajo Parguaza revelaron la presencia de numerosos sitios arqueológicos entre la desembocadura del Parguaza en el Orinoco y la boca del caño Colorado. Muchos presentan pinturas rupestres de considerable antigüedad. Estas manifestaciones se encuentran en una variedad de contextos, desde rocas aisladas en el agua o en las orillas del río Orinoco, en afloramientos de formaciones de granito, en pequeños abrigos rocosos, así como en los grandes abrigos rocoso utilizados como cementerio”, específica el doctor Scaramelli.  

La única certeza que se avizora con la continuidad en la extracción irracional del coltán en el municipio Cedeño es la perdida de una riqueza arqueológica, que representa un contexto clave para la interpretación del papel de estas manifestaciones dentro de las sociedades que las realizaron en tiempos pretéritos, así como entre las comunidades indígenas que las incorporaron luego dentro de su mitología y prácticas rituales, aun cuando no eran los autores originales de las figuras. “Es notorio que, en las sociedades ágrafas, el paisaje con sus hitos naturales y otros “remarcados” culturalmente juega un papel preponderante en la construcción y preservación de la memoria colectiva”, destaca el científico.

Guerrilla, Corrupción y anuencia gubernamental; claves para explotar el coltán

Si bien existe participación indígena en la minería ilegal del coltán, los casos son aislados. La progresiva invasión de irregulares colombianos —y la ausencia de un Estado que haga respetar la soberanía nacional— conllevó a la ciudadanía indígena y no indígena a convivir con una guerrilla que impone sus leyes y una fuerza armada venezolana con órdenes de cohabitar en armonía por el bien del “negocio”.

La presencia de la guerrilla en la provincia de Cedeño no es nueva, su penetración podría remontarse hacia finales de la primera década del milenio, cuando a lo largo del año 2007 varios fundos agropecuarios próximos al río Parguaza sufrieron de invasiones de mineros ilegales para extraer coltán con la protección del Ejército de Liberación Nacional (ELN).

Intervenciones en los Fundos Las Margaritas, La Fortuna, Matiyure, San Diego, Sagitario y Doña Celia, entre otros, fueron reseñados en su momento por la prensa venezolana (David González, Diario El Nacional 2010), siendo los más afectados el Fundo Las Margaritas y La Fortuna.

“Nadie olvida el caso del fundo La Fortuna en 2007. En el lugar se instaló maquinaria pesada, en noviembre de ese año, a pesar de que está ubicado a 2 kilómetros de la alcabala de la Guardia Nacional de Pozón Babillas (…) De La Fortuna sacaron presuntamente más de 6 toneladas rumbo a Puerto Ordaz. Eran, según los testigos, para proveer a un cliente asiático que trabajaba desde Panamá”, reseña el reportaje periodístico del Diario El Nacional.

Fundo Las Margaritas (cortesía fuente).

Sin embargo, nadie sabe a ciencia cierta, cuánto coltán ha sido extraído de la región a la fecha, ni siquiera es posible estimarlo por los casos que por decomiso o por exportación “legal” (haciendo referencia a las 5 toneladas que la Dictadura de Maduro anunció que envió a Italia en 2018); más cuando desde el siglo pasado, ya se reportaban cargamentos ilegales de este importante mineral.

“En la década de 1980 se reportó un peculiar caso con esos depósitos de minerales pesados: mineros trasnacionales recogían de los aluviones y eluviones cercanos a caño Colorado y Aguamena, coltán que se llevaban en avionetas al exterior, pero una de esas avionetas tuvo que aterrizar de emergencia en el aeropuerto de Caracas, La Carlota, donde se descubrió el fraude que se cometía al Estado venezolano, robando y exportando ilegalmente el coltán, por cierto, con muy alto contenido de tantalio. Y si este hurto ocurría puntualmente, realizados por geólogos y mineros expertos que conocían la geología de la zona y las áreas con potentes acumulaciones de minerales pesados, hoy día la acción ilegal se ha masificado, con lo cual se lleva a cabo una compleja actividad fuera de la ley, donde la nación continúa perdiendo valiosos recursos”, reseña Daniel Valero Gutiérrez de Servicios Mine 3.

A la fecha, es imposible hacer una aproximación real de las toneladas de coltán extraídas en el municipio Cedeño, los daños ambientales cometidos en esta frágil región, así como las afectaciones irreversibles a numerosos sitios arqueológicos.

La opacidad en torno a la extracción del coltán y la actividad de cientos de mineros ilegales está custodiada por una guerrilla colombiana instalada en un territorio venezolano que, en la práctica, ya lo hizo suyo.

Al final del día, comunidades indígenas, yacimientos arqueológicos y toda la región al Sur del Orinoco Medio se encuentra a merced de estos grupos irregulares que manejan el negocio del coltán sin reparar en daños sociales, ambientales o arqueológicos, ante la ausencia de un Estado que garantice los derechos más fundamentales y las leyes venezolanas.

Al mismo tiempo, resulta incomprensible el silencio de organizaciones ambientalistas internacionales que, en su afán de no discrepar con sus ideales progresistas y socialistas, pasan por alto esta dramática situación que atenta contra los orígenes históricos del continente.


Fritz Alejandro Sánchez es periodista venezolano especializado en Medio Ambiente. @Fritz_A_Sanchez

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