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Nancy Pelosi hizo lo correcto al visitar Taiwán

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LA PRESIDENTE de la Cámara de Representantes de Estados Unidos, la demócrata Nancy Pelosi, aterrizó este martes 2 de agosto en Taipei, la capital de Taiwán, pese a las amenazas del Partido Comunista de China.

Pelosi es la funcionaria de más alto nivel en visitar la isla de Taiwán en 25 años. La última vez fue cuando, en 1997, el entonces también presidente de la Cámara de Representantes, el republicano Newt Gingrich, la visitó, provocando reacciones hostiles de China —que asume a la isla como propia.

Luego del triunfo de la revolución comunista en China, en 1949, la república quedó limitada a la isla de Taiwán. Y, desde entonces, tanto el Gobierno de la isla como el comunista aseguran que representan a China. Por lo tanto, para el Partido Comunista Chino el control de Taiwán es una deuda de décadas. Una visita de un funcionario americano, en la que se reconozca la legitimidad del Gobierno de Tsai Ing-wen en Taiwán, es un desafío directo a los intereses de la china comunista.

Algunos analistas en Washington DC han catalogado la visita de Pelosi a Taiwán como una provocación innecesaria, que podría generar consecuencias indeseables. Lo cierto es que Xi Jinping, que está a puertas de que sea coronado por tercera vez como líder del Partido Comunista de China, ha lanzado amenazas sin precedentes. Una visita a Taipei de un funcionario de alto nivel de Estados Unidos es una línea roja que Beijing no puede permitir que se cruce.

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En cuanto a la Casa Blanca, ha habido un desafortunado zigzagueo que debilita la posición de Estados Unidos sobre este viaje. Joe Biden, quien en varias ocasiones había dicho que Estados Unidos defendería a Taiwán en caso de una agresión y que la isla es independiente, dijo esta semana que el viaje de Pelosi era inoportuno. Y el Pentágono sostuvo que no cree en la independencia de Taiwán. 

Por suerte, pese a las amenazas de China y la ambigüedad de la Casa Blanca, Nancy Pelosi continuó con el viaje y en las próximas horas se reunirá con la presidente de Taiwán, Tsai Ing-wen.

De haber cancelado el viaje, ante las bravuconadas de Xi Jinping, Pelosi hubiera blandido una muestra inaceptable de cobardía y debilidad, que desbarataba la autoridad de Estados Unidos ante el mundo. Por ello la decisión de Pelosi de visitar Taiwán ha recibido respaldo bipartidista.

En un mundo en el que Estados Unidos pierde influencia y sus enemigos, China, Rusia e Irán, avanzan, hubiera sido un error letal optar por el repliegue cuando Xi Jinping se indigna y amenaza. Al final, las intimidaciones del líder chino deben tropezarse con la voluntad firme de Estados Unidos de mantener su influencia.

Si lo que se quiere es evitar el aumento de tensiones, el retroceso no hubiera colaborado. Nada fortalece más a China que la certeza de que tiene vía libre para hacer y deshacer. Capitular ante las amenazas de Xi Jinping sería la garantía de más agresiones. A lo largo de la historia, con cada tirano al que se le enfrentó con el apaciguamiento, ha quedado claro.

Taipei (Taiwan), 02/08/2022.- Una foto facilitada por el Ministerio de Asuntos Exteriores de Taiwán muestra a la presidenta de la Cámara de Representantes de Estados Unidos, Nancy Pelosi (derecha), siendo recibida por el ministro de Asuntos Exteriores de Taiwán, Joseph Wu, a su llegada al aeropuerto de Songshan en Taipei, Taiwán, el 2 de agosto de 2022. (EFE)

Desde hace décadas está sobre la mesa la certeza de que un conflicto por Taiwán es inevitable. Y es posible, pero la única forma de postergarlo es manteniendo intacta la autoridad de Estados Unidos en el mundo. Xi Jinping solo invadirá la isla, desestabilizando todo la región del Indo-Pacífico y cortando con un necesario cordón sanitario, si sabe que no habrá consecuencias a sus agresiones —como también pensó Putin en el caso de Ucrania, alentado por la fragilidad en política exterior de esta Administración demócrata.

Seth Cropsey, presidente del Yorktown Institute, ve la visita de Pelosi a Taiwán como una oportunidad para que Estados Unidos robustezca las relaciones de seguridad en la región. Por ello, Cropsey propone que Estados Unidos debe “restablecer el Mando de Defensa de Taiwán”.

“Un Mando de Defensa activado conectaría a los planificadores militares taiwaneses, americanos, japoneses y otros aliados, permitiendo una coordinación conjunta. También enviaría una fuerte señal a China de que Estados Unidos se toma en serio la defensa de la isla”, dice Cropsey.

Y esto último es clave. La visita de Nancy Pelosi a Taiwán debe acompañarse de una explícita determinación de defender a la isla en el caso de una agresión. Si el viaje es meramente simbólico, se corre el riesgo de provocar a China para, más bien, entregarle a Taiwán en bandeja de plata. Precisamente en ello insiste el Editorial Board del Wall Street Journal: “La mejor respuesta a las amenazas crecientes de China sería tomarse por fin en serio la defensa de Taiwán”.

Por décadas el compromiso entre las partes ha sido el de una reunificación pacífica de China, lo que ha quedado enterrado en los últimos años con la clara disposición de Xi Jinping de tomarse hostilmente a Taiwán, teniendo Hong Kong como precedente.

Aunque es imposible prever qué hará Xi Jinping —quien probablemente desee mostrar determinación y fuerza en vísperas de su ratificación como líder del Partido Comunista—, Estados Unidos debe prepararse para lo peor. Y lo peor podría ser desde un simple acoso al avión de Pelosi hasta el inicio de una invasión.

Y, como dice el Editorial Board del Wall Street Journal, “si China abandona su promesa de reunificación pacífica, eso sería un motivo para que la Administración Biden cambie la política oficial de Estados Unidos para dejar claro que defenderá Taiwán”.

“Esto requeriría una política mucho más urgente y contundente de reforzar y armar a Taiwán para que se defienda con el objetivo de disuadir una invasión china”, se lee en el diario.

Esto, por supuesto, alza la interrogante de si vale la pena que Estados Unidos se involucre en un conflicto con China (una potencia mundial) por un aliado como Taiwán. Plantearse el dilema de si apoyar o no a la isla consideraría eludir la importancia estratégica de Taiwán para los americanos —además de que significaría enviar un mensaje letal a aliados fundamentales en la región como Corea del Sur o Japón.

Taiwán es un socio clave de Estados Unidos, no solo por su ubicación estratégica para contener el expansionismo comunista de Xi Jinping sino por el valor de su industria de semiconductores, la Taiwan Semiconductor Manufacturing Company, la más grande del mundo —y, visto lo que sucedió con la pandemia del COVID-19, el mundo no se puede dar el lujo de dejar otra industria en manos de los chinos.

China es un monstruo en crecimiento, que no se detendrá hasta que Estados Unidos no quede completamente marginado del cuadrilátero mundial. Y un mundo en el que los enemigos de la libertad como China, o Rusia o Irán, dominan, es un mundo más peligroso, que no le conviene a la Casa Blanca. No hay duda de que Nancy Pelosi hizo lo correcto al continuar con su visita a la isla, aún considerando las consecuencias que pudiera haber. Ninguna reacción será tan grave como enviarle el mensaje a China de que ellos marcan las líneas rojas y que su voluntad, impuesta a punta de amenazas, se respeta. Así no se lidia con el Partido Comunista chino.

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