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Pence entre dos fuegos. Imagen: EFE/EPA/Erin Schaff / POOL

Pence es el camino

Enfrentó presiones monumentales de Trump y los demócratas. Su valentía para resistir caprichos y proteger la Constitución es ejemplo para el GOP

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Mike Pence ha emergido como el héroe inesperado dentro del caos de los últimos días. No solo superó uno de los momentos más complicados en la historia del Senado americano, sino que sus acciones durante las últimas semanas marcan una referencia para el Partido Republicano (GOP), mientras este afronta el legado de Trump y encuentra un nuevo consenso de cara al futuro.

Empecemos por el inicio: durante los últimos cuatro años Pence estuvo relegado en la atención mediática. No tiene el estilo polémico y “guapachoso” de Trump. No es un líder de discursos incendiarios o de proclamas emocionantes. Sin embargo, cuando llegó el momento definitivo, Pence (hasta ahora) ha estado a la altura de las circunstancias.

Pence resistió a los imprudentes (de ambos bandos)

En la campaña y tras las elecciones respaldó los esfuerzos para procesar jurídicamente las irregularidades electorales y con igual claridad defendió el legado de la administración Trump. Sin embargo, cuando quedó absolutamente claro que los esfuerzos judiciales habían sido infructuosos y que la elección estaba perdida, tuvo el valor de no arrojarse con el resto del trumpismo hacia el vacío del capricho.

Resistió con una valentía digna de admirarse la presión del propio presidente Trump y de sus seguidores conforme se acercaba el 6 de enero. Llegado el momento, incluso antes de los trágicos y absurdos disturbios de ese día, Pence se mantuvo firme, cumpliendo estrictamente con su papel en los términos que establece la Constitución, sin lanzarse a revertir la voluntad del Colegio Electoral (lo que hubiera sido letal para la república). Los gritos de traidor se escucharon a lo largo de todas las redes sociales y probablemente también en los pasillos de la Casa Blanca, pero él no cedió.

Tampoco dio el brazo a torcer cuando la presión para cometer un capricho político a costa del bien de la república le llegó desde el otro lado. Los demócratas sumergidos en un discurso cada vez más intolerante y radicalizado pretendían que el vicepresidente invocara la 25ª enmienda para dar un golpe de Estado contra el aún presidente Trump. Pence se negó a ser parte de esa idea, que sí hubiera sido una traición, no solo hacia Donald, sino a los Estados Unidos de América.

La carta que le envió a la Nancy Pelosi (vocera de la Cámara de Representantes y líder del intento de golpe) explicando las razones de su negativa a participar en la intentona no tiene desperdicio. Pence explica que, del mismo modo en que no cedió a las presiones para ejercer un poder más allá de su autoridad constitucional en cuanto a los resultados de la elección, tampoco se prestará a «jugar juegos políticos en un momento tan serio para la vida de nuestra nación».

El vicepresidente continúa señalando que la naturaleza de la vigesimoquinta enmienda no consiste en ser «un mecanismo de castigo o de usurpación», y le recuerda a Pelosi lo que ella misma afirmó hace unos meses: que la capacidad del presidente para ejercer su cargo no debe juzgarse «con base en comportamientos o comentarios que no nos gusten, sino en una decisión médica». Por lo tanto, desnaturalizar dicha enmienda para convertirla en un mecanismo de venganza contra Trump «sentaría un terrible precedente».

Pence finaliza la carta señalando que «ahora es el momento de sanar». Por ello llama al Congreso a «bajar la temperatura» y evitar acciones que dividan e inflamen aún más las pasiones, ya de por sí desatadas a la vista de todos. Por su parte, se compromete a seguir trabajando de buena fe con la administración entrante para garantizar una transición ordenada.

Más allá de sus intenciones y efectos como respuesta del vicepresidente a la petición de la vocera de la Cámara de Representantes, la carta y el comportamiento de Pence deberían convertirse en una guía que oriente al GOP. Él es el camino; o cuando menos es quien ha demostrado de manera más clara el mejor camino a seguir después del Gobierno de Trump.

Pence se resistió a los caprichos de Trump y Pelosi. Eso no es nada fácil de lograr. Imagen: EFE/EPA/Erin Schaff
Pence se resistió a los caprichos de Trump y Pelosi. Eso no es nada fácil de lograr. (Efe)

El camino entre los abismos

El GOP no puede aferrarse a los delirios radicales dentro de la alianza que respalda a Trump. Caer en la vorágine de Qanon o de los payasos que ensangrentaron el Capitolio el pasado 6 de enero sería no solo políticamente suicida, sino profundamente inmoral. Sin embargo, tampoco pueden irse al otro extremo y unirse sin ambages a la cacería de brujas de los demócratas, negando su reciente respaldo a Trump.

Sí, es cierto que Trump originalmente era despreciado por el establishment republicano, y que este quizá arde en deseos de recuperar el status quo y vengarse del forastero, pero incluso en términos estrictamente políticos el “traicionar” a Trump no representaría para el GOP ningún voto de los demócratas y sí perdería el respeto y apoyo de un amplio porcentaje de la base republicana, que va a ser muy necesaria ahora que se enfrentan a un Partido Demócrata con absoluto control del gobierno federal y con una preocupante tendencia a la intolerancia.

¿Qué hacer entonces?

  • Seguir el ejemplo de Pence: reconocer y respaldar lo que Trump hizo bien y los argumentos válidos dentro de su alianza, pero sin acompañarla en los delirios. Reconocer y defender el legado construido en los últimos cuatro años y que tiene enormes logros. Reconocer y respetar a los votantes republicanos de a pie, defendiéndolos de la cacería de brujas que pretende la progresía.
  • Al mismo tiempo, posicionar liderazgos que asimilen de manera auténtica los aprendizajes y las fortalezas del trumpismo, pero sin repetir los errores. Por cierto, con algo fundamental, que en el camino quede muy claro el respeto a las instituciones de la república, empezando por la propia Constitución.

Esa suma de autenticidad, valentía, respeto y aprendizaje es el camino, uno estrecho, bordeado en ambos lados por profundos precipicios: el fanatismo y el de la rendición. No será fácil, pero sí se puede, como lo está demostrando Mike Pence.

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